
Las temperaturas llevan meses disparadas, los precios de la energía están aumentando con fuerza y la diplomacia climática se encuentra estancada. Rara vez una COP sobre el clima se ha inaugurado en un contexto tan paradójico. Desde los incendios forestales en Europa hasta las inundaciones en Nepal, el año que ahora está llegando a su fin ha demostrado, una vez más, que el riesgo físico ya no es solo una hipótesis. Mientras tanto, la guerra en Oriente Próximo ha vuelto a situar la seguridad energética en lo más alto de la agenda. Y, aun así, nadie espera que esta reunión en la Riviera turca logre un avance de la magnitud de las cumbres de Glasgow (COP26, 2021) o Dubái (COP28, 2023).
La eliminación progresiva de los combustibles fósiles sigue fuera de alcance
Es probable que la eliminación progresiva de los combustibles fósiles siga fuera de los objetivos de la comunidad internacional. Y ello a pesar de que las emisiones procedentes de combustibles fósiles alcanzaron un máximo histórico en 2025, y de que el compromiso adoptado en Dubái en 2023 de abandonar gradualmente los combustibles fósiles todavía no ha sido respaldado con un calendario concreto de aplicación. En Belém (COP30, 2025), el texto final ni siquiera mencionó los combustibles fósiles por su nombre, y la hoja de ruta apoyada por unos 80 países no fue adoptada. Con el progreso multilateral bloqueado, la ambición se está desplazando a otros ámbitos. Este año, cerca de 60 países se reunieron fuera del marco de la ONU para debatir la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, y varios Estados europeos, entre ellos Francia, han publicado sus propias hojas de ruta.
"35 para 35": el objetivo de la presidencia turca
La señal más clara para los mercados provendrá de la Agenda de Acción de la presidencia de la COP31. Su objetivo principal es sencillo: aumentar la participación de la electricidad en el consumo final de energía desde aproximadamente el 20% actual hasta el 35% en 2035 ("35 para 35"). Otros objetivos completan la agenda, entre ellos una reducción de al menos el 25% de la intensidad energética de los edificios y la disminución a la mitad del crecimiento de los residuos. En conjunto, estas metas dibujan con claridad dónde será necesario invertir: redes eléctricas, almacenamiento energético y calor industrial, entre otros ámbitos. Para las empresas de servicios públicos y los operadores de redes, suponen una señal de demanda sostenida a largo plazo. Para la industria, implican una transformación de los procesos de producción. Y, con los precios de los combustibles fósiles en niveles de vértigo, la electrificación también se está convirtiendo en una cuestión de soberanía energética.
La combinación energética: el punto ciego de la agenda
Es precisamente aquí donde el análisis debe marcar la diferencia. El objetivo de "35 para 35" no dice nada sobre cómo se generará esa electricidad adicional. Sin embargo, alrededor de un tercio de la electricidad mundial sigue procediendo del carbón.
Una electrificación mal planteada podría desplazar las emisiones o incluso aumentarlas, en lugar de reducirlas. En nuestra opinión, varios criterios son fundamentales:
Menos anuncios, más acción
Por tanto, es poco probable que en Antalya veamos una COP de grandes anuncios. Sin embargo, sí podría convertirse en una COP centrada en la implementación, tal y como defiende su presidencia. Las políticas nacionales, más que los textos negociados en las conferencias serán las que marquen el ritmo de la transición de los emisores.