
La carrera contra el cambio climático ha llegado a un punto en el que las buenas intenciones ya no son suficientes. Llevamos años hablando de reducción de emisiones, transición energética y compromisos de sostenibilidad. Ahora toca demostrar qué estamos dispuestos a cambiar para conseguir resultados.
Según la Organización Meteorológica Mundial, 2025 fue uno de los tres años más cálidos desde que existen registros, con una temperatura media global aproximadamente 1,43 °C superior a la del periodo preindustrial. Una realidad que nos obliga a revisar nuestros hábitos y a preguntarnos si estamos utilizando los recursos de manera responsable.
En mi opinión, uno de los principales retos de los próximos años será aprender a consumir mejor. Y esto afecta directamente a sectores como la iluminación, donde las decisiones que tomamos al comprar un producto tienen consecuencias sobre el consumo energético y la utilización de materiales durante años.
La eficiencia energética empieza por cómo utilizamos la luz
La Agencia Internacional de la Energía estima que la iluminación de edificios y espacios exteriores representó alrededor del 8 % de la demanda mundial de electricidad en 2024. Es una cifra que demuestra el peso que tienen nuestras decisiones sobre algo tan cotidiano como encender una lámpara.
La tecnología LED ha permitido reducir considerablemente el consumo eléctrico, pero todavía tenemos mucho margen de mejora. Seguimos encontrando viviendas, oficinas y establecimientos donde se ilumina por encima de las necesidades reales, se desaprovecha la luz natural o se mantienen instalaciones poco eficientes.
Creo que debemos cambiar la manera de plantear la iluminación. Antes de elegir una luminaria, deberíamos pensar qué espacio queremos iluminar, durante cuánto tiempo y con qué intensidad. Incorporar reguladores, sensores de presencia o sistemas de control permite adaptar el consumo a las necesidades de cada momento.
Comprar menos veces y elegir productos que duren
En el mundo del diseño y la decoración hemos normalizado renovar espacios siguiendo tendencias que cambian constantemente. Una lámpara puede dejar de encajarnos estéticamente, aunque funcione perfectamente. Y esa sustitución tiene un coste ambiental asociado a la fabricación, el transporte y la gestión del producto que desechamos.
Desde Nedgis creemos que el diseño debe tener recorrido. Elegir luminarias de calidad, con materiales duraderos, componentes sustituibles cuando sea posible y una estética capaz de mantenerse vigente durante años es una forma de consumir con mayor responsabilidad.
También debemos valorar la posibilidad de reparar una pieza antes de sustituirla. Alargar la vida útil de los productos puede contribuir a reducir la demanda de materias primas y la generación de residuos.
La responsabilidad de las empresas va más allá del producto
En nuestro sector, otro de los grandes retos será conseguir que la sostenibilidad forme parte de las decisiones empresariales. Esto implica prestar atención al origen de los materiales, los procesos de fabricación, los embalajes y el transporte. También supone trabajar con fabricantes que apuesten por la eficiencia energética y faciliten información clara sobre las características de sus productos.
Los consumidores necesitan saber qué están comprando. Una luminaria eficiente puede representar una buena elección desde el punto de vista energético, pero su impacto ambiental también depende de cómo se fabrica, cuánto dura y qué posibilidades ofrece al final de su vida útil.
Espacios preparados para el futuro
La adaptación al cambio climático será otra de las prioridades. El aumento de las temperaturas exige replantear nuestras viviendas y lugares de trabajo para reducir sus necesidades energéticas.
Aprovechar la iluminación natural, mejorar el aislamiento y utilizar sistemas de control de la luz artificial puede ayudar a crear espacios más eficientes. También debemos evitar la iluminación excesiva en exteriores, donde el consumo innecesario se suma al problema de la contaminación lumínica.
Creo que la acción climática de los próximos años dependerá en buena medida de nuestra capacidad para trasladar los grandes compromisos a decisiones cotidianas. En iluminación, eso significa pensar antes de comprar, elegir productos que duren y aprender a utilizar mejor la energía. Al fin de al cabo, consumir de manera responsable empieza por dar más valor a lo que tenemos y aprovecharlo durante más tiempo.