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¿Cuáles son los principales retos y prioridades de la acción climática para los próximos años?

El cambio climático no es únicamente un problema ambiental: constituye un desafío para la salud pública, la equidad y la sostenibilidad económica de nuestros sistemas sanitarios. El enfoque One Health (Una Sola Salud) permite comprender esta complejidad al reconocer la interdependencia entre la salud humana, la salud animal y los ecosistemas. Si bien reconocer estas conexiones no es suficiente: debemos traducirlas en políticas integradas, prioridades de actuación y decisiones de gestión que permitan generar valor sostenible.

Desde la economía de la salud, esto implica formular una pregunta esencial: ¿cómo podemos obtener los mejores resultados en salud y bienestar con los recursos disponibles, preservando al mismo tiempo el capital natural y la capacidad de respuesta de las generaciones futuras? Responderla exige superar la visión cortoplacista y los enfoques sectoriales, incorporando el coste de la inacción, las consecuencias a largo plazo y el impacto distributivo de nuestras decisiones. La sostenibilidad debe incorporarse al núcleo de la toma de decisiones, porque toda decisión tiene consecuencias económicas, sociales, ambientales y, directa o indirectamente, sobre la salud.

Identifico cuatro prioridades fundamentales.

La primera es priorizar la prevención y la anticipación. Actuar antes de que los riesgos ambientales se traduzcan en daños para la salud puede evitar consecuencias humanas y económicas que, posteriormente, resultan más difíciles y costosas de abordar. Esto requiere reforzar la identificación de riesgos, la vigilancia y la colaboración entre disciplinas e instituciones. La prevención debe entenderse como una inversión estratégica, evaluada no solo por su coste inmediato, sino también por los daños evitados, los recursos preservados y los beneficios futuros que genera.

La segunda es incorporar la sostenibilidad a las decisiones de asignación de recursos. Las organizaciones sanitarias debemos asumir la responsabilidad de proteger la salud y reducir el impacto ambiental de nuestra actividad. Esto exige evaluar las consecuencias de las decisiones estratégicas y operativas, revisar procesos y considerar conjuntamente resultados sanitarios, costes e impacto ambiental. No se trata simplemente de gastar menos, sino de utilizar mejor los recursos, identificar alternativas de mayor valor y evitar que las mejoras económicas a corto plazo generen costes sociales o ambientales a largo plazo.

La tercera es consolidar una gobernanza que vincule estrategia, responsabilidad y rendición de cuentas. La sostenibilidad no puede depender de iniciativas aisladas ni quedar relegada a ámbitos específicos de la organización. Debemos traducirla en objetivos definidos, responsabilidades explícitas, incentivos coherentes y mecanismos de seguimiento. Esta obligación compete a quienes dirigen las organizaciones y también a todas las personas que las conforman. La corresponsabilidad requiere liderazgo institucional, participación profesional y una cultura organizativa en la que las decisiones cotidianas sean coherentes con los compromisos colectivos.

La cuarta es medir el valor generado y evaluar el impacto de las intervenciones. No basta con contabilizar actividades o acreditar el cumplimiento de objetivos ambientales. Necesitamos indicadores que integren resultados en salud, eficiencia económica, equidad e impacto ambiental. La evaluación debe ayudarnos a comparar alternativas, identificar qué actuaciones producen mayores beneficios y orientar los recursos hacia aquellas que aportan más valor. Medir, aprender y rendir cuentas constituye una condición indispensable para una gobernanza rigurosa y una sostenibilidad verificable.

Y todo esto debe desarrollarse desde un principio irrenunciable de equidad. Una política no puede considerarse plenamente sostenible si traslada las consecuencias de nuestras decisiones a las personas más vulnerables o a las generaciones futuras.

El concepto One Health nos proporciona el marco para comprender las interdependencias; la economía de la salud, las herramientas para valorar sus consecuencias y orientar la asignación de recursos; y la gobernanza, los mecanismos para convertir los compromisos en resultados.

El verdadero reto de la acción climática es generar más salud y bienestar con los recursos disponibles, preservando los ecosistemas y sin comprometer el futuro. La sostenibilidad no es un coste añadido ni una responsabilidad delegable: es un criterio de decisión, una obligación de buen gobierno y una responsabilidad compartida.

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Opinión#CambioClimatico26

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