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En estos años, con el auge de la inversión sostenible, la industria financiera se está enfrentando a la medición del desempeño extra financiero de las compañías. Es un tema complejo, por lo difícil de estandarizar y de medir que son muchas de las métricas relevantes. Aun así, asistimos al esfuerzo de la industria por intentar crear ratings, y por medir el impacto de las inversiones. Esa complejidad viene por ser un campo mayormente cualitativo, que se mueve en el ámbito de las historias. Pero, las historias vencen.
La medición de impacto: las historias vencen, los datos no

A los inversores de impacto, les mueven las historias, y dentro de las inversiones de impacto, hay muy buenas historias que contar. La mujer emprendedora que consiguió sacar a su familia adelante gracias a aquel microcrédito, el trabajador vietnamita que consiguió ascender tras aprender inglés con una aplicación... Esas historias levantan capital con facilidad, y cada vez hay más capital que busca conseguir que esas historias se hagan realidad, lo que es estupendo. Hay que exigirle algo más a nuestras inversiones además de una rentabilidad financiera.

Las historias vencen, los datos no.

Aun así, también hay que llevar cuidado, y asegurarse que las historias vienen respaldadas por números, porque siempre hay quien vende gato por liebre. La medición extra financiera es una disciplina muy joven y en constante evolución, pero es fundamental.

La primera conclusión que hemos podido observar en los diversos grupos de trabajo con los que hemos colaborado, es que no porque la medición no sea perfecta hay que dejar de medir. Las compañías cada vez reportan más datos, pero aún queda mucho camino por recorrer, y no siempre es posible obtener ciertos datos, y muchas veces hay que conformarse con lo que hay, pero no por ello el análisis deja de ser relevante.

La segunda conclusión es que, aunque las historias vencen, hay que tratar de ser lo más concreto posible. Nos hemos tenido que leer páginas y páginas para terminar con una sensación general positiva, pero que no ofrece idea del grado de intensidad de las acciones positivas logradas. El informe de la evaluación extra financiera debe ofrecer al lector la capacidad de comparar los objetivos conseguidos de su inversión con otras inversiones, para poder tomar decisiones. No sólo debo saber que mi inversión en energías renovables está evitando la liberación de CO2 en la atmósfera, debo ser capaz de saber qué cantidad, para valorar si prefiero esa inversión u otra. La “rentabilidad” extra financiera, podrá en ese momento ser un factor más a analizar, junto con otros más habituales (como la rentabilidad, la volatilidad…), a la hora de seleccionar inversiones.

Por último, la medición tiene que ser ajustada al nivel de inversión. Es muy habitual encontrarse que un inversor se atribuye todo el mérito en una inversión, cuando el capital que ha aportado al proyecto es mínimo. La fórmula “las empresas en cartera han conseguido…” está muy bien para empezar, y es la más extendida hoy en día, pero un inversor debería ser capaz de saber qué porcentaje de esos logros de la compañía corresponde a su inversión. Por poner un ejemplo, si una petrolera cotizada consigue reducir sus emisiones mucho, pero nuestro capital invertido en la compañía es pequeño en comparación con el capital total de la petrolera (deuda neta y “equity”), la cantidad de emisiones de CO2 evitadas que nos podríamos atribuir debería ser el correspondiente a nuestra inversión, que en este caso será muy pequeño. Por otro lado, una inversión en una compañía no cotizada que instale paneles solares probablemente consiga evitar menos emisiones de CO2 que la petrolera cotizada, pero en este caso, el protagonismo de nuestra inversión en conseguir ese impacto sea mucho mayor. La segunda inversión, inversión de impacto ilíquida por naturaleza, tiene mucha más rentabilidad ambiental que la primera inversión ASG en compañías cotizadas, puesto que, aunque la petrolera evita más emisiones de CO2, nuestra inversión es mucho más determinante para conseguir el objetivo de evitar emisiones en la inversión ilíquida.

De esta forma, la industria debería ser capaz de crear un sistema que permita medir y comparar las distintas inversiones, para que los inversores puedan valorar el desempeño extra financiero de sus inversiones, además del financiero. Así, aunque todavía queda mucho camino por recorrer, conseguiremos crear herramientas de medición que nos permitan disfrutar mucho más de las historias.

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