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Estamos viviendo un cambio de paradigma a nivel global donde cada vez somos más conscientes del impacto que nuestras decisiones pueden tener en nuestro entorno. Si aplicamos esto al mundo de la inversión, con especial foco en la sostenibilidad, hay una mayor responsabilidad y, por tanto, un gran reto para los inversores.

Hoy en día, contamos con opciones que no solo nos aportan rentabilidad, sino que también contribuyen al bien común, generando un impacto positivo en el planeta, tanto desde un punto de vista social como medioambiental.

El hecho de que estemos tan cerca de un escenario que amenaza nuestra propia existencia, ha movilizado ambiciosas políticas medioambientales en todo el mundo. El ruido a veces no nos permite visualizar con perspectiva la actualidad, pero lo cierto es que estamos viviendo una transformación global sin precedentes.

Una de las herramientas para lograr una transición hacia un sistema energético libre de emisiones, son los recursos renovables. Este tipo de energía es la forma de generación eléctrica más rentable del mundo. Además, el desarrollo y abaratamiento de algunas tecnologías complementarias, como es el caso del almacenamiento, nos permite vislumbrar un futuro próximo donde la cuota de generación renovable seguirá aumentando hasta sustituir por completo a las fuentes de energía más contaminantes.

 A este panorama se le suman las políticas de transición energética y los objetivos de la Unión Europea en esta materia, que suponen un importante espaldarazo al sector. Todos estos factores hacen que este tipo de inversión ofrezca un binomio rentabilidad-riesgo muy interesante, aunque es importante aclarar que ninguna inversión está exenta de riesgos.

Por otro lado, cuando inviertes en renovables, estás invirtiendo en activos reales, que ya de por sí tienen características muy atractivas a largo plazo, ya que están descorrelacionados de los vaivenes del mercado financiero y generan ingresos estables y predecibles en el tiempo.

Aunque cualquier futuro es incierto, podemos afirmar que las renovables se han ganado una estabilidad muy sólida y que además cuentan con un fuerte respaldo de todo tipo de instituciones a nivel nacional e internacional. Estas casuísticas tan favorables hacen que se establezca un discurso asociado a la responsabilidad social y respeto medioambiental cuando hablamos de inversiones sostenibles. La clave, al menos desde nuestro punto de vista, es permitir a los ciudadanos participar en este sector y que puedan rentabilizar sus ahorros de una forma ética y sostenible.

Empresas pioneras españolas, como Fundeen, están facilitando la inversión a la ciudadanía en este tipo de proyectos. Actuando como mediadores del proceso entre inversores y promotores, garantizando que se establezcan condiciones justas, con gran expertise en el sector y con conocimiento sobre el volumen y costes que tienen estos proyectos.

Las características que hemos comentado hasta ahora sobre las renovables, desde su rentabilidad hasta el contexto institucional favorable, movilizarán la inversión privada en esta dirección en los próximos años. Los fondos de la Unión Europea vienen a impulsar aquellas cuestiones estratégicas que, si bien son fundamentales para que la expansión de renovables tenga éxito, no son un negocio tan redondo a día de hoy, como es el caso del almacenamiento o del hidrógeno verde.

En cualquier caso, debemos tener en cuenta que optar por inversiones con impacto positivo en nuestro entorno no es la única prioridad para los inversores, sino que elegir este tipo de inversión además tenga una repercusión en su propio beneficio económico.

En definitiva, hay miles de opciones a la hora de invertir, pero creemos que la tendencia es clara: los inversores tienen a su disposición poder marcar un antes y un después en la sociedad y en el planeta.

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