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He intentado dar respuesta a esta y otras cuestiones durante este periodo estival, entre baño y baño, entre reuniones familiares y conversaciones, más o menos, intrascendentes con veraneantes y amigos. Todos sabemos que el verano es plomífero y reparador pero, sin embargo, también es la estación de la recolección, tiempo adecuado para analizar los esfuerzos realizados y, sobre todo, hora de ver las cosas con tranquilidad
¿Queremos progresar en la RSC? ¿Lo intentamos? ¿Podemos conseguirlo?

Esta situación de relajo favorece la reflexión, y exentos de las obligaciones cotidianas, puede ser un buen momento para retomar asuntos pendientes aparcados por falta de claridad o por no disponer del tiempo necesario.

 Todos, o casi todos los españoles estamos viviendo una situación relacionada con la política y nuestros representantes que resulta preocupante, sin saber al día de hoy si lograremos un gobierno o tendremos que ir otra vez a las urnas, por tercera vez consecutiva. Este asunto, que parece apartarse demasiado de nuestro tema, me da la sensación de que se repite en muchos aspectos de nuestra vida: los personalismos, la falta de estudios profundos, el egoísmo y la falta de claridad nos impiden avanzar al ritmo deseable.

Partiendo de este ejemplo y para no caer en el mismo esperpento, intentemos obtener el fruto de un curso intenso sobre la RSC. Para ello, es preciso valorar los actos realizados, ver los resultados obtenidos y, sobre todo, consensuar si el camino seguido es el correcto, necesitamos hacer un cambio de rumbo o simplemente debemos corregir los defectos detectados.

En términos generales, se han realizado acciones encaminadas a la promoción y concienciación de la RSC admitiéndose, asimismo, la importancia que tiene su desarrollo en la sociedad actual. Sin embargo, se percibe una oferta muy variada de estas acciones encaminadas a conseguir un rédito económico inmediato o beneficio particular que poco tiene que ver con la Responsabilidad.

Permitidme que me remonte a la antigua Grecia donde la filosofía estaba dividida en tres ciencias, Física, Ética y Lógica. La lógica constituía la filosofía formal o pura y se caracterizaba por la ausencia de componentes empíricos. Una consideración especial tiene la parte de la lógica que se circunscribe a determinados objetos del entendimiento y que recibe el nombre de metafísica; la física y la ética constituían la filosofía material, de tal manera que la física representaba la teoría de la naturaleza y la ética se identificaba como la ciencia que representaba las leyes de la libertad y se denomina filosofía moral. Estas dos últimas constan de una parte empírica y en ellas si participa la  experiencia.

En definitiva, se puede definir la filosofía empírica como la que se sostiene sobre fundamentos de la experiencia y filosofía pura la que  parte de principios apriorísticos.

He querido hacer esta breve introducción para convenir, en el sentido Kantiano, que el valor moral de cualquier ley depende, a priori, exclusivamente de los conceptos de la razón pura y no de la naturaleza del hombre o de las circunstancias del mundo.

La consideración anterior bien se podría aplicar en la actualidad, aunque todos estemos de acuerdo en que en la vida actual debemos tener en cuenta  la experiencia, el análisis, la utilidad, el beneficio y cualquier otra circunstancia que sea aclaratoria o que afecte a nuestro estudio. ¿Por qué entonces no somos capaces de hacer un estudio profundo de la RSC?

Puede haber muchas causas, algunas sin efectos conocidos y otras ya con efectos contrastados. Lo que puede ocurrir es que estos efectos  no interesen a los dirigentes empresariales o a parte de los stakeholders, dadas las posibles consecuencias en su posición, ya sea económica o de estabilidad y confor.

Es posible que esta sea la clave y la respuesta a las preguntas planteadas al principio. Muchas empresas, por la corriente social que vivimos, pretenden introducir el concepto de RSC, pero sin voluntad de implementarlo de manera general en la organización como estrategia de negocio. Esta forma de aplicar la RSC resulta confusa para la propia organización y podría resultar, incluso, contraproducente.

No se trata de hacer aportaciones dinerarias para causas de interés general, ya sea el arte, el conocimiento, las mejoras sanitarias, la inclusión de discapacitados, la lucha contra el hambre o el analfabetismo, que sin duda es necesario, sino de establecer la RSC como una plataforma básica estratégica. La estrategia empresarial así implantada ha de guiar el comportamiento y las actuaciones de la compañía y de todos sus miembros, desde el presidente hasta el conserje. Todos deben regirse por el mismo denominador común, que   no es otro que el conocimiento, el esfuerzo y la ética, en definitiva, conseguir el buen gobierno para la organización.

Si esto efectivamente se cumple, la sociedad encontrará referencias positivas que producirán un efecto multiplicador en todos los grupos de interés, haciendo más fácil la comunicación, la trasparencia, y por supuesto, la sostenibilidad.

Parece sencillo pero no lo es tanto, los cambios de actitud, (así podríamos definir la ética), necesitan personas adecuadas que profundicen en los valores que quieren defender y, sobre todo, articulen los mecanismos necesarios para controlar las acciones que se pretenden implantar.

Las empresas, en general, se encuentran en un momento de gran incertidumbre, exactamente igual que la sociedad que las acoge. Necesitamos dar un paso hacia delante y ser conscientes de la importancia de nuestra responsabilidad para dar respuestas claras, fiables y sin ambages. Sólo las empresas que se posicionen en esta dirección serán capaces de progresar obteniendo el respeto y el beneficio necesario para atender a las demandas sociales que se les exigen.

Aunque seguiré insistiendo en este concepto, no quiero ser demasiado pesado en este momento, pues acabamos de aterrizar y todos necesitamos un proceso de adaptación para no hacer traumático el regreso vacacional.

Os invito a leer estas líneas con atención. Vosotros mismos podréis decirme si las preguntas planteadas al inicio han sido contestadas. No pretendía hacer un tratado sobre la RSC pero, si estáis de acuerdo con el enfoque, si que estaremos en disposición de hacerlo. De no ser así, utilizando una expresión popular, estaremos mareando la perdiz, y, por lo tanto, difícil será conseguir un progreso real en la RSC.

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