Una compañía puede fijarse objetivos climáticos, sociales y ambientales ambiciosos, pero esos compromisos pierden fuerza si desconoce qué sucede entre quienes le suministran materias primas, productos y servicios. Medir, verificar y gestionar la cadena de suministro se ha convertido así en una cuestión central de buen gobierno y en una condición para transformar las promesas de sostenibilidad en resultados demostrables.