
El abandono progresivo de los combustibles fósiles debe pasar de los compromisos generales a planes concretos, con fechas y objetivos definidos. Ese fue uno de los principales mensajes lanzados este miércoles por el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, durante la Cumbre sobre el Clima 2026 celebrada en Nueva York, coincidiendo con la Semana de Alto Nivel de la ONU.
“Somos la primera generación con las herramientas para poner fin a la era de los combustibles fósiles y la última que puede evitar una catástrofe climática”, afirmó Guterres ante representantes de grandes economías, países especialmente expuestos al cambio climático y grandes productores y consumidores de energía.
Según informa Naciones Unidas, el secretario general reclamó a todos los gobiernos una hoja de ruta “creíble” para abandonar progresivamente el carbón, el petróleo y el gas, acompañada de plazos claros. El llamamiento se dirige especialmente a las economías del G20, responsables de alrededor del 80% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y a las que Guterres atribuyó un papel central en el liderazgo de la transición. El mensaje coincide con el planteamiento expresado durante la cumbre de acelerar el despliegue renovable y reducir la dependencia mundial de los combustibles fósiles.
El punto de partida continúa siendo preocupante. Las emisiones globales siguen aumentando cuando deberían reducirse rápidamente y, al mismo tiempo, continúa la expansión de los combustibles fósiles. Guterres también cuestionó que las compañías del sector sigan obteniendo “beneficios extraordinarios mientras la gente común paga la factura”.
Las previsiones científicas apuntan, además, a una superación temporal del umbral de 1,5 ºC de calentamiento respecto a los niveles preindustriales establecido como referencia en el Acuerdo de París. Ante este escenario, el desafío pasa por conseguir que ese rebasamiento sea lo más limitado y breve posible.
“La crisis se está acelerando, pero también las soluciones”, defendió Guterres. Las energías renovables, señaló, se han convertido en gran parte del planeta en la alternativa más barata, rápida y segura para incorporar nueva generación eléctrica.
El secretario general pidió, por ello, triplicar la capacidad renovable mundial, duplicar la eficiencia energética, acelerar la electrificación, reducir de forma drástica las emisiones de metano y detener la deforestación.
A estas necesidades se suma el fuerte incremento previsto de la demanda de electricidad. Naciones Unidas advierte de que fenómenos como la expansión de la inteligencia artificial elevarán las necesidades energéticas, por lo que será necesario acompañar ese crecimiento con mayor capacidad renovable, nuevas redes eléctricas y sistemas de almacenamiento.
La transformación, subrayó Guterres, deberá desarrollarse bajo criterios de transición justa. Esto implica generar empleo y reforzar la protección social, pero también garantizar que los países en desarrollo puedan diseñar sus propias estrategias y participar de los beneficios económicos derivados del cambio de modelo energético.
La financiación constituye otro de los grandes retos. Guterres reclamó al menos 300.000 millones de dólares anuales destinados a los países en desarrollo, con las economías desarrolladas liderando este esfuerzo. Al mismo tiempo, pidió elevar la financiación climática mundial hasta los 1,3 billones de dólares anuales en 2035.
El secretario general defendió también que quienes más contaminan contribuyan en mayor medida a afrontar los costes de la crisis climática. Entre las medidas planteadas figuran aliviar la deuda de los países afectados por desastres y otorgar a las economías en desarrollo una mayor capacidad de decisión dentro del sistema financiero internacional.
El objetivo, resumió, debe ser “acompañar la revolución energética con una revolución financiera”.
Los recursos no solo resultan imprescindibles para reducir emisiones, sino también para adaptarse a unos impactos que ya no pueden evitarse. Guterres advirtió de las consecuencias sociales y económicas de no invertir en resiliencia: sin adaptación, las sequías pueden desembocar en crisis alimentarias, las tormentas agravar los problemas de deuda y las olas de calor multiplicar sus efectos mortales.
La respuesta climática requiere asimismo preservar tres pilares que Guterres considera fundamentales: la ciencia y la verdad, el derecho internacional y la cooperación entre países.
El secretario general recordó que la Corte Internacional de Justicia ha establecido obligaciones jurídicas de los Estados frente al cambio climático y recalcó el carácter necesariamente colectivo del desafío: ningún país puede descarbonizar por sí mismo la economía mundial ni protegerse de manera aislada frente a los impactos del calentamiento.
La Cumbre sobre el Clima sirvió también para presentar tres iniciativas destinadas a abordar algunos de los principales obstáculos que dificultan la transformación energética.
Una de ellas es el Acelerador Mundial de Redes Eléctricas, que comenzará su actividad en África y el Sudeste Asiático. En estas regiones, el despliegue de las renovables está avanzando a mayor velocidad que las infraestructuras necesarias para transportar la electricidad.
El problema tiene una dimensión global: proyectos renovables que suman más de 2.500 gigavatios permanecen actualmente a la espera de conectarse a las redes eléctricas. La nueva iniciativa reunirá a gobiernos, instituciones financieras y socios técnicos para facilitar que proyectos prioritarios puedan avanzar desde su planificación hasta la financiación y posterior ejecución.
Un segundo mecanismo estará vinculado al Grupo de Trabajo sobre Minerales Críticos para la Transición Energética. Guinea, Indonesia, Madagascar, Nigeria, Zambia y Zimbabue serán los primeros países en los que comenzará a desarrollarse.
La demanda de recursos como cobre, litio, níquel y cobalto podría casi triplicarse hasta 2030. Ante este escenario, el objetivo es conseguir que las economías en desarrollo que disponen de estos minerales generen más valor añadido y empleo dentro de sus propios territorios, al mismo tiempo que se fortalecen la gobernanza y las salvaguardias ambientales. Durante la cumbre, Naciones Unidas confirmó que estos seis países serán los primeros en recibir apoyo específico en este ámbito.
El tercer frente se centra en la adaptación y la prevención de desastres. La iniciativa Alertas Tempranas para Todos, puesta en marcha en 2022 con la meta de que toda la población mundial cuente con protección mediante sistemas de alerta temprana antes de finalizar 2027, ha movilizado alrededor de 2.000 millones de dólares.
Actualmente, más de 160 países reciben apoyo directo para reforzar estas herramientas, fundamentales para anticipar fenómenos extremos y reducir sus consecuencias humanas y económicas.
El mensaje trasladado desde Nueva York sitúa así la transición energética, la financiación, la adaptación y la justicia climática dentro de una misma agenda. “El mundo clama por justicia climática, en mitigación, adaptación y financiación. Debemos responder a ese llamado con acción”, concluyó Guterres.