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Los conflictos prolongados, las catástrofes relacionadas con el clima y la reducción de la financiación internacional están llevando al sistema humanitario a uno de sus momentos más difíciles. Más de 240 millones de personas necesitan ayuda en 2026, mientras quienes trabajan sobre el terreno afrontan una inseguridad creciente. En este escenario, la Unión Europea reivindica la necesidad de proteger a las y los trabajadores humanitarios y mantener el apoyo a las poblaciones más vulnerables.
La ayuda humanitaria afronta una crisis sin precedentes: más de 240 millones de personas necesitan asistencia

Cada 19 de agosto, el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria pone el foco sobre las personas que trabajan en primera línea cuando una guerra, una emergencia climática o una catástrofe obliga a millones de ciudadanos a depender de ayuda externa para cubrir sus necesidades más básicas.

Este año, la conmemoración llega en un contexto especialmente complejo. Más de 240 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en 2026, según los datos recogidos por la Comisión Europea a partir de Naciones Unidas. La institución europea advierte además de que las necesidades continúan aumentando con rapidez.

Los conflictos en Oriente Próximo, Ucrania y Sudán, junto con las consecuencias de los desastres vinculados al clima, están ejerciendo una presión creciente sobre un sistema internacional que, al mismo tiempo, debe hacer frente a importantes restricciones presupuestarias.

La propia Comisión Europea reconoció el pasado mes de mayo que la financiación humanitaria disponible a escala mundial permite atender a menos de la mitad de las personas que necesitan asistencia. A ello se suma que las crisis son cada vez más numerosas y prolongadas y que la inseguridad dificulta el acceso de las organizaciones a las poblaciones afectadas.

Europa mantiene su apuesta por la ayuda humanitaria

En este escenario, la Unión Europea mantiene la ayuda humanitaria como uno de los pilares de su acción exterior. Según informa la Comisión Europea, la UE presta asistencia a poblaciones afectadas por conflictos y catástrofes naturales desde 1992 y, a lo largo de estas más de tres décadas, sus actuaciones han alcanzado a millones de personas en más de 110 países.

Para 2026, la Comisión fijó inicialmente un presupuesto humanitario de 1.900 millones de euros, en un contexto marcado precisamente por el aumento de las necesidades y la retirada o reducción de fondos por parte de importantes donantes internacionales.

Estos recursos permiten financiar intervenciones destinadas, entre otras cuestiones, a garantizar alimentación y nutrición, alojamiento, atención sanitaria, agua y saneamiento o educación durante situaciones de emergencia.

La capacidad de respuesta europea también se apoya en una red desplegada sobre el terreno. La UE cuenta con más de 400 expertos y oficinas en más de 40 países, desde donde realiza un seguimiento de las crisis y de las operaciones humanitarias financiadas con fondos europeos.

Ante la magnitud de las necesidades y la escasez de recursos, Bruselas ha planteado además cambios en su estrategia para tratar de aumentar la eficacia y el impacto de la asistencia. Entre sus prioridades se encuentran reforzar la protección, mejorar la capacidad de actuación y ampliar la cooperación con otros actores internacionales.

Trabajar para ayudar también se ha vuelto más peligroso

La crisis humanitaria global tiene otra dimensión que preocupa especialmente: el creciente riesgo que afrontan quienes prestan la ayuda. Trabajadores humanitarios de todo el mundo desarrollan su actividad en escenarios de conflicto, desplazamiento y violencia donde pueden convertirse ellos mismos en víctimas de ataques, amenazas, detenciones u otros incidentes de seguridad.

El riesgo no se distribuye de manera uniforme. De acuerdo con la Comisión Europea, el personal nacional representa el 90 % de las personas atacadas, pese a que estos trabajadores locales suelen disponer de menos mecanismos de protección que el personal internacional.

Para responder a esta situación, la UE impulsa Protect Aid Workers, un mecanismo de respuesta rápida dirigido a profesionales humanitarios afectados por incidentes críticos mientras desempeñan su labor. La iniciativa puede proporcionar asistencia económica para afrontar las consecuencias de estos episodios, así como apoyo jurídico ante situaciones como amenazas de arresto o detención.

La protección de estos profesionales se convierte así en una condición indispensable para garantizar la propia continuidad de la ayuda. Sin personas capaces de acceder de forma segura a los territorios afectados, resulta mucho más difícil hacer llegar alimentos, agua, atención médica, refugio o protección a quienes los necesitan.

El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria vuelve a recordar, por tanto, una realidad que trasciende las cifras: detrás de cada emergencia existen comunidades cuya supervivencia depende de que la solidaridad internacional pueda mantenerse. En un momento de necesidades históricas, financiación insuficiente y creciente inseguridad, proteger la acción humanitaria significa también defender el derecho de millones de personas a recibir asistencia cuando más la necesitan.

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