
Las emisiones de metano ya no pasan necesariamente desapercibidas. Gracias a la observación por satélite, es posible localizar en tiempo casi real las mayores fugas de este potente gas de efecto invernadero. Sin embargo, según informa el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el principal desafío sigue siendo transformar esa capacidad de detección en actuaciones rápidas que permitan reparar las fugas y reducir las emisiones.
Con ese propósito, el PNUMA y Bloomberg Philanthropies han anunciado nuevas medidas para reforzar la respuesta internacional frente a los llamados "superemisores", grandes fuentes de metano que liberan importantes cantidades de este gas y que, en muchos casos, pueden solucionarse mediante intervenciones sencillas y de bajo coste.
La meta fijada es que, antes de finalizar la década, gobiernos y empresas respondan al menos al 80% de las alertas emitidas por estos sistemas de vigilancia. Actualmente, únicamente diez países alcanzan ese nivel de respuesta, mientras que, a escala mundial, solo el 13% de las alertas genera una investigación y el envío de información al programa de Naciones Unidas.
El metano es responsable de aproximadamente un tercio del calentamiento global registrado en la actualidad. Aunque el dióxido de carbono sigue siendo el principal impulsor del cambio climático a largo plazo, este gas permanece mucho menos tiempo en la atmósfera, por lo que reducir sus emisiones puede traducirse en beneficios climáticos visibles en un plazo relativamente corto.
En este contexto, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, subrayó que ha llegado el momento de priorizar la reducción del metano y aseguró que recortes significativos podrían generar un alivio perceptible de las temperaturas dentro de una generación. Según destacó, el sector de los combustibles fósiles ofrece algunas de las oportunidades más rápidas y económicas para disminuir estas emisiones durante esta década.
Las principales fugas suelen originarse en instalaciones de petróleo y gas, explotaciones de carbón o vertederos. De acuerdo con el PNUMA, muchas de ellas pueden corregirse mediante reparaciones simples e incluso sin coste neto, lo que convierte a este tipo de actuaciones en una de las vías más accesibles para lograr reducciones inmediatas mientras avanzan las transformaciones estructurales de los sistemas energéticos.
Las nuevas actuaciones reforzarán el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano del PNUMA y el Sistema de Alerta y Respuesta sobre el Metano (MARS), una plataforma que utiliza datos obtenidos por satélite para detectar grandes emisiones y notificar a los gobiernos y operadores responsables, solicitándoles que investiguen el origen de la fuga, informen sobre sus conclusiones y adopten medidas correctoras.
Según la información facilitada por el organismo internacional, desde la puesta en marcha del sistema en 2023 se han emitido más de 5.000 alertas en 33 países y se han verificado más de 40 actuaciones en diez de ellos.
Uno de los casos destacados se produjo en Argelia, donde una alerta permitió localizar y reparar una fuga que llevaba décadas activa. El PNUMA señala que la reducción conseguida equivale, en términos de impacto climático a corto plazo, a retirar aproximadamente medio millón de vehículos de las carreteras cada año.
La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, afirmó que la tecnología permite observar la contaminación por metano prácticamente mientras se produce, eliminando una de las principales barreras para actuar. A su juicio, cuando una emisión puede identificarse y se conoce quién tiene capacidad para detenerla, la inacción deja de responder a una falta de información.
Según explica el PNUMA, la iniciativa pretende fortalecer la capacidad técnica de los países para interpretar las alertas satelitales, facilitar que las empresas utilicen esa información y mejorar la transparencia y accesibilidad de los datos disponibles.
El programa también contempla apoyo específico a empresas nacionales del sector del petróleo y el gas, consideradas actores clave en muchos de los países donde se concentran algunas de las mayores fuentes de emisiones. Además, ampliará la colaboración con socios regionales e impulsará el uso de la plataforma digital Eye on Methane, que centraliza información sobre emisiones y facilita su seguimiento, incorporando asimismo datos procedentes de nuevas misiones satelitales y de sectores como el carbón y la gestión de residuos.
Por su parte, Michael Bloomberg, enviado especial de la ONU para la Ambición y las Soluciones Climáticas, señaló, según recoge el PNUMA, que el conocimiento técnico para identificar estas fugas ya existe y que el objetivo ahora es ayudar a los países a transformar esa información en respuestas más rápidas y eficaces. En su opinión, reducir las emisiones de metano sigue siendo una de las acciones más sencillas, rentables y efectivas para hacer frente al cambio climático.
No obstante, el organismo de Naciones Unidas advierte de que disponer de imágenes más precisas y sistemas de monitorización avanzados no garantiza, por sí solo, una reducción de las emisiones. Para cerrar la distancia entre la detección y la acción será necesario reforzar el compromiso político, aumentar la capacidad técnica, movilizar financiación y mejorar la cooperación entre administraciones públicas, empresas y organismos internacionales.