
En un contexto internacional marcado por retrocesos en derechos y un aumento de las violencias basadas en género, la Organización Mundial de la Salud —junto a otras agencias de Naciones Unidas— ha publicado la evaluación global más completa realizada hasta ahora sobre la violencia contra las mujeres, según informa la propia OMS. El documento analiza datos de 168 países entre 2000 y 2023 y concluye que la prevalencia de estas agresiones no ha disminuido de forma significativa en dos décadas.
Las cifras son contundentes: al menos 840 millones de mujeres en todo el mundo han sufrido violencia física o sexual alguna vez en su vida. En los últimos 12 meses, 316 millones de mujeres mayores de 15 años padecieron abusos por parte de su pareja. Estos ataques incluyen desde coacciones sexuales hasta golpes, amenazas y agresiones con armas.
La violencia comienza a edades muy tempranas y se perpetúa durante toda la vida. El informe subraya que 12,5 millones de adolescentes de entre 15 y 19 años —el 16% en solo un año— sufrieron violencia ejercida por una pareja íntima. Este dato evidencia la necesidad urgente de políticas de prevención dirigidas a la juventud y de una educación afectiva que promueva relaciones igualitarias.
En América Latina, el 22,8% de las mujeres ha sido víctima de malos tratos por parte de sus parejas, por debajo de la media global del 25,8%, pero con realidades especialmente alarmantes. Países como Bolivia (52,8%), Costa Rica (34,2%), Argentina (33,8%) y Colombia (29,8%) presentan cifras superiores al promedio mundial. Además, América Central registra la mayor tasa del planeta de violencia contra mujeres fuera del ámbito de la pareja, alcanzando un 23,3%.
La OMS califica esta situación como una “emergencia de salud pública mundial”, pero denuncia que la financiación destinada a combatirla es “dramáticamente insuficiente”: menos del 0,2% de la ayuda oficial al desarrollo se dirige a programas de prevención y atención de la violencia contra las mujeres. Un porcentaje ínfimo si se compara con la magnitud de la crisis. El informe reclama a los gobiernos que tomen medidas más firmes y coordinadas. Entre sus recomendaciones se incluyen:
La violencia contra las mujeres no es inevitable: es el resultado de estructuras de desigualdad que se pueden transformar. La OMS insiste en que solo con un compromiso político real, financiación sostenida y un enfoque de derechos humanos será posible avanzar hacia una vida libre de violencias para todas las mujeres y niñas.