En algunos ámbitos empresariales más que en otros, se suele aludir a la existencia de entornos de cumplimiento inquebrantable, en los que se destacan procedimientos de debida diligencia, políticas internas detalladas, e incluso certificaciones que avalan la conformidad regulatoria. Pero ¿qué tanto de ese “cumplimiento ejemplar” responde realmente a un compromiso sincero con la ética, y qué tanto obedece a otras necesidades?