
Las consecuencias de la crisis económica, combinadas con factores demográficos o de migración y un descenso de recursos, requieren nuevos modelos de desarrollo que se basen en una mayor democracia, una participación ciudadana más sólida y una mejor gobernanza fundamentada en instituciones más abiertas, receptivas y transparentes. Esto también se aplica al sector de la cultura, donde cada vez más organizaciones implementan sistemas de participación, adquiriendo un papel más importante en las políticas culturales.

En el escenario industrial europeo, España es un agente clave en la producción de automóviles, consolidándose como el segundo país productor de vehículos en Europa y el noveno a escala mundial. Nuestro país cuenta con una capacidad de fabricación anual superior a los 3 millones de unidades, una cifra que incluso se ha llegado a superar en determinados momentos récord, como pudo ser en el año 2017.

La industria experiencial ha emergido como un actor clave en el panorama publicitario actual, con un crecimiento significativo en los últimos años: según el último Anuario de AEVEA (Agencias de Eventos Españolas Asociadas), el 45% de las agencias del sector incrementaron sus ingresos en más de un 10%. Sin embargo, este ascenso no puede desligarse de la responsabilidad ambiental y social que conlleva.

La financiación de la transición hacia una economía neutra en carbono plantea un reto complejo y matizado, plagado de interrogantes sobre el equilibrio que existe entre las estrategias éticas y responsables y la Sostenibilidad. Si la primera, centrada en el respaldo de las partes interesadas en las prácticas empresariales responsables, deja un amplio margen de interpretación, la segunda, marcada por conceptos globales y órdenes internacionales, ofrece menos flexibilidad.

En mi reciente Tribuna sobre el vehículo eléctrico, abordé varias cuestiones que generaron interés y dejaron algunas preguntas sin respuesta. Estas preguntas adicionales son cruciales para entender mejor el panorama actual y futuro de la movilidad eléctrica. Abordaremos temas como la infraestructura de recarga, la contaminación y seguridad de los vehículos eléctricos, la capacidad de la red eléctrica para soportar un aumento en su uso, y la viabilidad de otros combustibles alternativos.

Hace algunos meses, el Ministerio de Cultura creó la primera Dirección General de Derechos Culturales del Gobierno, un organismo encabezado por Jazmín Beirak, que se encargará de abordar el acceso equitativo a la producción y el disfrute de la cultura, así como a la expresión y la diversidad cultural en todo el territorio nacional —según fuentes ministeriales. Esta noticia nos abre la puerta a hablar del acceso a la cultura, un tema muy poco presente en el debate político, pero que resulta ser básico y es uno de los derechos fundamentales que tenemos como ciudadanos, de igual forma que la sanidad, la educación, la seguridad social o la vivienda.

La denominada Agenda 2030, en la que se insertan los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), está lejos de ser una mefistofélica estrategia. De hecho, constituye uno de los mayores triunfos del multilateralismo de los últimos tiempos . Su propuesta representó un signo de unidad entre todos los Estados miembros de la ONU, comprometidos expresamente a colaborar, entre otras cosas, en la erradicación de la pobreza extrema, en la reducción de la desigualdad y en la conservación del medioambiente.

Actualmente nos encontramos en un contexto mundial, en gran parte liderado por Europa que, en materia de sostenibilidad se caracteriza por un enfoque ambicioso hacia la protección del medio ambiente y la mejora de las condiciones sociales. Es por ello por lo que, la Unión Europea ha implementado políticas y regulaciones para abordar una variedad de temas, entre ellos, la mejora de la eficiencia energética.

En un mundo donde la conciencia ambiental y social está en constante evolución, las empresas se encuentran en el epicentro de un cambio significativo hacia prácticas más sostenibles y responsables. A medida que avanzamos hacia el futuro, diversas tendencias están delineando la senda de las empresas comprometidas con la sostenibilidad y los criterios medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG).

Vivimos en un mundo al borde del colapso y el calentamiento global ya ha pisado el acelerador. En la encrucijada actual de los desafíos medioambientales, la responsabilidad de las empresas va más allá de simplemente buscar el lucro financiero. En un mundo marcado por el cambio climático y la urgencia por preservar nuestro planeta, surge una nueva obligación moral para las entidades corporativas: no solo contribuir, sino liderar la acción climática.