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Las consideraciones sobre el lenguaje inclusivo o sobre lo que es políticamente correcto nos pueden llevar, en el límite, a conductas de enmienda que pueden rayar lo absurdo. Debemos actuar con mesura hacia lo que pueda ser adecuado de corregir, con respecto también por lo que forma parte del legado cultural de la historia, tal como se ha producido. En todo caso, el esfuerzo debería ponerse en el cambio de valores y la mejora de la sensibilidad, quizá incluso valiéndose de estas proyecciones que nos llegan de siglos atrás.

 

Josep María Canyelles

 

josep María CanyellesLas consideraciones sobre el lenguaje inclusivo o sobre lo que es políticamente correcto nos pueden llevar, en el límite, a conductas de enmienda que pueden rayar lo absurdo. Debemos actuar con mesura hacia lo que pueda ser adecuado de corregir, con respecto también por lo que forma parte del legado cultural de la historia, tal como se ha producido. En todo caso, el esfuerzo debería ponerse en el cambio de valores y la mejora de la sensibilidad, quizá incluso valiéndose de estas proyecciones que nos llegan de siglos atrás.

 


 

Sobre el lenguaje inclusivo se pueden hacer muchos debates y puede llegar a dar mucho de sí. Y si se quiere ser consecuente con una idea purista en extremo nos podemos encontrar en un callejón sin salida, o al menos que nos acabe aportando más quebraderos de cabeza de los que ya teníamos.

 


Por lenguaje inclusivo no sólo entendemos el que pretende ser más respetuoso con los géneros sino con otros valores sociales como la diversidad étnica y la tolerancia. Es por ello que podemos reflexionar sobre el hecho de llamarse Matamoros, un apellido tan cargado de historia como de valores belicosos sobre los cuales los actuales portadores no tienen porqué tener ninguna complicidad ni responsabilidad.

 


En primer lugar hay que decir que es cierto que hablar de apellidos es llevar el debate al extremo ya que, mientras que en el lenguaje que articulamos  somos los usuarios los que podemos hacer un uso u otro, en los apellidos que arrastramos no disponemos de tal libertad. Pero en cambio, si realmente se cree que llevar este apellido en los tiempos actuales supone la enseña de una ofensa activa, es cierto que existen los mecanismos legales para modificarlo. Así, simplemente se debería valorar si supone una ofensa.

 


Hay que decir que buena parte de los apellidos que llevamos tienen su origen en la época medieval, y suelen corresponder a oficios, topónimos, gentilicios, elementos geográficos y naturales y algunos que tienen un carácter relacionado con hechos históricos. La existencia de un apellido como Matamoros no hace más que mostrar que la relación entre cristianos y musulmanes no fue entonces especialmente confraternal.

 


En todo caso, previendo que hoy día esta sensibilidad estaría presente en la red, no hemos quedado decepcionados de lo que se debate e incluso hay quien se permite la lógica bromita:

 


Me imaginaba, no sé, que va un señor apellidado Matamoros en un avión, y de repente algún integrante de AlQaeda secuestra el aparato. Lo toma de rehén y le pregunta "¡Cómo te llamas!". ¿Qué hace el tío? "Pérez, me llamo Pérez". Porque como le digas la verdad, si ya tenías pocas probabilidades, luego menos aún


Pero bueno, esa situación es algo complicada, afortunadamente. Más probable sería que el señor Matamoros terminara enamorándose de una musulmana. ¿Qué hacemos con el hijo? En la escuela "Hola, soy Ibrahim Matamoros, ¿tú cómo te llamas?". No, definitivamente no queda bien.


Y bromas aparte, también encontramos excentricidades como el caso de personas que han cambiado el apellido. Por ejemplo, Eric Bush, un británico de 72 años, estaba tan indignado con la guerra, que su medida de protesta fue la de cambiar su apellido por Buisson (la traducción francesa), porque decía sentirse avergonzado de tener el apellido del presidente estadounidense George W. Bush. Y me comentan que en Alemania ya no quedan casi Hitlers, aunque desconozco el alcance real.

 


Empresas y organizaciones 'afectadas'

 


Pero vamos más allá de las personas para ver que este mismo hecho también puede afectar a las empresas, de manera que nos adentramos en la RSE.



Un apellido tal también puede ser  -y de hecho lo es- el nombre de una organización. Además  -buena ironía para el ejemplo- se trata de un ente vinculado a unas fuerzas del Ejército:



La Corporación Matamoros es una entidad privada sin ánimo de lucro que desde 1986 apoya a los soldados, infantes de marina y policías heridos en combate, a las viudas y huérfanos de los caídos y familiares de uniformados secuestrados o desaparecidos. Como entidad que trabaja apoyando a los miembros de las Fuerzas Militares de Colombia y de la Policía Nacional, pertenece al G. S. E. D; Grupo Social y Empresarial del Ministerio de la Defensa Nacional.



No hay que decir que la razón del nombre no tiene otra motivación que el reconocimiento a un militar que tenía este apellido, el general Gustavo Matamoros D'Costa.

Y ahora vamos a la Responsabilidad Social de la Administración Pública, donde encontramos casos en que ya se ha producido el debate respecto al nomenclátor de la ciudad:

 




En la ciudad española de Granada se ha cubierto con pintura el nombre de un callejón que tiene por nombre este apellido.



Por su parte, en el municipio de Laredo (Estados Unidos) también se abrió en 2008 un conflicto por el nombre de una calle:

 


La Calle Matamoros de Laredo (EE. UU.) es objeto de controversia. Kamel Shrek, un maestro de matemáticas en Martin High School y activista de la comunidad, solicitó al Cabildo de la Ciudad agregar Mariano, ó la primera inicial del héroe de la guerra, al nombre de la calle para aclarar que no se debe a la palabra que se utiliza en España desde hace siglos conminando a matar a Musulmanes sino que Matamoros Street tiene como objetivo honrar al sacerdote mexicano que luchó por la independencia del país de España.


Tomas Izaguirre, propietario de Laredo Pharmacy, ubicada en el edificio histórico sobre Matamoros Street, dijo que el nuevo nombre pudiera costar tiempo y dinero el obtener nuevas licencias con M. Matamoros en ellas, y él tendría que cambiar el valor de etiquetas ya impresas para un año para sus productos.  “Simplemente es parte de nuestra cultura, parte de nuestra historia”.

De solución más difícil sería el caso de un municipio que lleve esta expresión en su nombre. Y como no podía ser de otra manera, resulta que Matamoros existe y es el nombre de un municipio de más de medio millón de habitantes del Golfo de Méjico.

 


Tratándose de un lugar turístico e industrial, ¿las personas árabes se sentirán atraídas a ir a pasar sus vacaciones? ¿El mundo árabe querrá mantener relaciones comerciales normales?

 


El hecho de que a una población, por cambios demográficos, lleguen colectivos de otras etnias, culturas y religiones puede hacer replantear incluso actividades tradicionales. En Vilanova i la Geltrú (Catalunya) eliminaron la figura del Moro Manani porque consideraron que la historia era políticamente incorrecta:

 


El Moro Manani, es una careta de cartón que representa un rostro masculino con un turbante y barba que lanza caramelos por la boca. Este año el Ayuntamiento ha decidido retirarse para no herir la sensibilidad de los musulmanes que viven en la villa. Según fuentes del consistorio, "no era oportuno continuar con el cuento del Moro Manani. Cada vez hay más inmigrantes, y es necesario tener en cuenta esta nueva realidad social".


El origen del Moro Manani, que llega a la población en un Barco y la asalta porque no le gusta la Navidad y se come las comidas preparados para esta celebración, fue obra del Ayuntamiento y del grupo de títeres El cuento s 'termina cuando habitantes de la ciudad, enfadados, logran atraparlo y le obligan a volver la comida que se ha tragado, que él devuelve vomitando caramelos.


Se consideró que el hecho de que los niños pegaran a un ‘moro’ se podía malinterpretar por los inmigrantes que en los últimos años se habían instalado en la ciudad y decidieron cambiar la historia para no herir la sensibilidad de los recién llegados. Por ello, ahora, los niños de Vilanova el día 24 de diciembre golpean a un catalán con barretina que caga caramelos, aunque no todo el mundo estuvo a favor.



Y aún podemos hablar de algunas palabras propias de la lengua que, a juicio de algunas personas, podrían incorporar elementos presuntamente ofensivos. En catalán encontramos por ejemplo el blat de moro (maíz). Aunque decirlo así no implique ninguna agresividad, el simple hecho de usar la palabra moro ya puede ser considerado ofensivo.



Concluyendo



No tiene sentido plantear enmiendas al pasado lejano, ya que de hecho ya no se puede desprender ninguna relación viva: la historia ha quedado fosilizada en una palabra, en un apellido, y no debe ser entendida como más que eso. Ni quien la usa o forma parte de su identidad debe preocuparse ni aquellos que podrían sentirse ofendidos tienen ninguna razón moral para sentirse así.



Esto tampoco debería hacernos críticos con quienes puedan eventualmente decidir actuar con este sentido de enmienda. Y una forma de proceder podría ser la alteración del orden de los apellidos  -cosa que es posible legalmente en el estado español- haciendo que el primer apellido (el que tiene más uso y se transmite a la descendencia) sea el materno. O incluso, recuperar uno de los apellidos maternos perdidos del padre o de la madre. A la larga podría suponer la desaparición del apellido pero, de hecho, no es ninguna rareza el  que haya apellidos que a lo largo del tiempo desaparezcan.




En cuanto al nombre de la ciudad o de una organización, siempre se puede pensar en desarrollar algún tipo de mensaje, valores sociales, acciones especiales que tengan que ver con el sentido histórico de la palabra y la voluntad de reconciliación y respeto.



La corrección del pasado debe hacerse presente en los elementos que todavía escarban en nuestro presente. Es obvio que hay que retirar las iconografías propias de las dictaduras del siglo pasado. Y parece sensato corregir algunas expresiones lingüísticas que hemos heredado y que tienen una carga despectiva o de superioridad, como las que aún hoy se oyen en referencia a otras etnias como los gitanos, etc. Pero estas no tienen nada que ver con las que han sido fijadas o fosilizadas en un apellido, topónimo o en el nombre de un cereal.



Leemos en un blog una visión sensata sobre este mismo tema por parte de un historiador, Ignasi Martí:



Con la diversidad cultural que vivimos a veces para evitar herir sensibilidades no se trata el tema con suficiente valentía. Entender nuestro pasado de forma rigurosa pero desacomplejada es el mejor favor que podemos hacer para alejarnos de las intolerancias de otras épocas. Lejos de lo que pueda parecer, la pervivencia de apellidos como Matamoros nos aporta un interesantísimo testimonio de nuestra historia, hay que recordar que no podemos elegir, es la que tenemos.


 

Podemos atender algunas sensibilidades pero hay que tener en cuenta que las legítimas consideraciones sobre el lenguaje inclusivo o sobre lo que es políticamente correcto nos pueden llevar, en el límite, a conductas de subsanación que pueden rayar lo absurdo. 


Debemos actuar con mesura hacia lo que pueda ser adecuado de corregir, con respecto también por lo que forma parte del legado cultural de la historia, tal como se ha producido. En todo caso, el esfuerzo debería ponerse en el cambio de valores y la mejora de la sensibilidad, precisamente valiéndose de estas proyecciones que nos llegan de siglos atrás.


 

Josep Maria Canyelles

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