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Hemos pasado de una situación en la que los avances eran el resultado de encaramarse al impulso de una ola pro-RSE que se antojaba imparable, y que parecía llevar en volandas a quién decidía subirse a ella; a una situación en la que la RSE perfilará más sus contornos y profundizará más en los detalles, pero en la que la voluntad y el esfuerzo de querer hacerlo será el elemento capital. www.josepmlozano.cat
De la tabla de surf al kayak (o sobre el estado de la RSE)

 

 

En las últimas semanas ha dado la casualidad de que me han invitado a participar en dos mesas redondas y a escribir un artículo con el mismo tema: situación actual de la RSE, y perspectivas en un futuro inmediato. Quizá sea porque uno a estas alturas del año uno ya está para el arrastre y sus fantasías sólo apuntan a las vacaciones, pero al enfrentarme a esta reiterada cuestión me surgió la imagen que encabeza estas líneas. Imagen activada por una experiencia reiterada en los últimos años: cuando uno se acerca a cualquier rincón de la Costa Brava, puede estar seguro que en su campo visual aparecerá un horizonte lamentablemente ocupado por yates, que enmarcan la presencia de unos cuantos voluntariosos esforzados intentando mantener el equilibrio sobre una tabla de surf, y de grupitos de enérgicos remeros bordeando la costa. Pues bien mi balance actual de la RSE es que hemos pasado del surf al kayak (de los yates, mejor nos olvidamos). Es decir, hemos pasado de una situación en la que los avances eran el resultado de encaramarse al impulso de una ola pro-RSE que se antojaba imparable, y que parecía llevar en volandas a quién decidía subirse a ella; a una situación en la que la RSE perfilará más sus contornos y profundizará más en los detalles, pero en la que la voluntad y el esfuerzo de querer hacerlo será el elemento capital. Mi balance del estado actual de la RSE (que es lo que he aportado en estas intervenciones) se concentre por razones de claridad comunicativa en 10 puntos, que compartiré en sucesivas entradas en el blog.

 

 

1. No cabe duda que lo habitual será referirse a la crisis económica como causante de este cambio. Esto es, a la vez, cierto y un espejismo. Es cierto, porque la crisis conllevará recortes, y la confusión entre RSE y acción social o filantropía se desvanecerá de golpe, porque habrá que reducir gastos como sea y donde sea. Pero es verdad también que para quienes durante estos años la RSE ha sido un proceso de aprendizaje en el que han avanzado sustancialmente en la integración en su modelo organizativo, se tratará simplemente de una adecuación a la nueva realidad (no siempre fácil, como en tantas otras áreas de la empresa), pero en absoluto de cuestionar a la RSE. Sin embargo, creo que atribuir los cambios que ocurrirán en la galaxia RSE a la crisis es fundamentalmente un espejismo. Porque estoy convencido de que, con crisis o sin ella, la RSE estaba entrando en una fase que semejaba una meseta, frente la fantasía de un crecimiento exponencial imparable. Como prácticamente partíamos de cero, estos últimos años han sido años exuberantes para la RSE. Pero no era razonable esperar una adscripción masiva, progresiva y sin matices por parte del mundo empresarial, al contrario. Con crisis o sin ella, ya tocaba que llegara el momento de la consolidación de la RSE. Y consolidación significa también delimitación, en el sentido de que no todas las empresas –legítimamente- querrán asumirla e incorporarla a su agenda. Insisto: con crisis o sin ella el momento era –y es- de ralentización, estabilización y profundización. Y ahora toca remar, porque las olas del fervor pro-RSE han perdido fuerza y vigor. Atribuir este cambio fundamentalmente a la crisis lo considero un error de diagnóstico que puede llevar al club de la RSE a cometer errores de apreciación en el nuevo escenario.

 

 

2. Hemos ganado en clarificación conceptual… por la vía negativa. Es decir está suficientemente extendido un cierto acuerdo sobre lo que no es RSE, o sobre lo que no debe confundirse con la RSE. No es acción social o filantropía (aunque no la excluyen). Y hemos asumido que sobre la RSE no cabe esperar una definición, en el sentido estricto y fuerte de la palabra. La RSE se configura como un marco de referencia, que delimita las fronteras más allá de las cuales ya no cabe hablar de RSE, pero dentro del marco de referencia son posibles opciones, prácticas y planteamientos no coincidentes entre sí. Los conflictos en torno a la RSE no lo son por las definiciones, sino por las interpretaciones, lo que conlleva que muchas valoraciones cruzadas sobre lo que cabe aceptar o no como RSE no remiten únicamente a lo que ocurre en el mundo empresarial, sino también a la clave de lectura que asume quien habla de él. Pues bien, no considero esta situación una anomalía, sino la normalidad a la que algunos todavía se han de acostumbrar. Y, por consiguiente, creo que hay que renunciar a la vana esperanza de que los conflictos de interpretaciones sobre la RSE los pueda resolver, a efectos prácticos, una definición.

 

 

3. En parte como consecuencia de lo anterior (pero sólo en parte) la RSE se ha instalado en el ámbito de lo políticamente correcto. Posturas críticas o, simplemente, de rechazo a la RSE hay muchas, algunas de ellas sólidas y bien fundamentadas. Cierto que hay retórica anti-RSE deleznable, pero también hay apologías de la RSE que causan vergüenza ajena. Probablemente, la superación de lo políticamente correcto no pasará por el simple voluntarismo, sino por el abandono de los discursos generalistas sobre la RSE, y el paso a enfoques y debates más específicos, que se planteen diferenciadamente para cada sector, territorio, tipo de empresa y stakeholder.

 

 

4. No disociar la RSE de la batalla de las ideas. El arranque del informe sobre RSE de The Economist de 2005 lo dejaba bien claro: el movimiento de la RSE se juega (también) en la batalla de las ideas. No estamos hablando de una ideología, pero sería poco serio esconder que no estamos hablando únicamente de políticas, estrategias y prácticas empresariales. Estamos hablando de todo ello porque se está dirimiendo también una batalla en el terreno de las ideas. No una batalla contra o sobre la empresa, como a menudo se ha querido dar a entender. Pero sí una batalla entre diversas maneras de entender lo que es una empresa, lo que la justifica y legitima, y sobre como entender su contribución a la sociedad. Ahora que toca remar, podrá ser más patente la necesidad de no ocultar la batalla de las ideas latente en el desarrollo de la RSE, algo que quedaba oculto para muchos cuando todo parecía tan sencillo como surfear sobre el oleaje pro-RSE que parecía impulsar sin esfuerzo su avance.

 

 

(Y dejo los puntos restantes pendientes para una próxima entrada).

 

 

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