Pero es cierto que se nos había olvidado. Después de 11 años de crecimiento del empleo como nunca en España y nadie en Europa (23% de desempleo en el año 1993, 7,8% en el 2007) pasamos, para variar, a los extremos.
La caída de la producción industrial en un 20% (según datos de ayer) y la probable tasa de desempleo del 19% a finales de este año (por ahora tres millones y medio) vaticinan tiempos muy duros.
La culpa es de muchos y de mucho y tal vez sea el momento de asumir realmente que los debates sobre la RSE no son sólo de este mundo (el de la RSE): deben guardar más coherencia que nunca con un contexto difícil.
En gran medida lo más importante será distinguir el grano de la paja, lo que sirve y lo que sobra. Prácticamente todas las empresas, incluso las más resistentes a la recesión, están imperativamente recortando gastos. Y muchas de las diversas iniciativas de RSE, guste o no guste, se están viendo y se verán afectadas. El valor estratégico de la RSE no tiene por qué disminuir, todo depende de cómo se enfoque. Mi percepción es que todo, memorias o reportes, diálogo, comunicación con grupos de interés, gestión, visibilidad, está siendo intensamente analizado y escudriñado internamente en función de lo que aportan a la empresa y organización, aunque sea en el medio y largo plazo. Así, por ejemplo, puede ocurrir que las memorias mejoren en claridad y orientación a sus consumidores, esto es, a sus lectores internos y externos. Continuarán sirviendo además como instrumento para abrir puertas, dentro y fuera de casa, pero tal vez reflejarán mejor los resultados.
Del mismo modo, la gestión en sí de la RSE, seguirá siendo diferente, pero intentará converger con otras unidades del negocio en el modo de valorar su eficiencia. Y permanecerá e incluso se intensificará la necesaria visibilidad de las actividades de RSE, pero será también más audaz (o menos ingenua) y cauta. Más allá de eso, las recetas, más o menos, mágicas, ya están inventadas. Sólo falta que alguien las use, si quiere. Aquí van algunas ideas:
1. Conocer qué hacen otros. La perspectiva tiene que ser amplia, ni monocorde ni centrada en lo "nuestro". Ir por libre, o sin mirar hacia los lados, tiene los días muy pero que muy contados…
2. Conocer qué es lo que funciona: reproducir lo que no ha servido, es suicida. Adherirse a todo lo que venga de fuera, sin valorar si realmente ha servido, es muy nuestro, pero no es avanzar.
3. Conocer dónde estamos: nuestra realidad es muy imperfecta, más que la de otros países que nos dieron la idea. Es también muy nuestro comprar el mejor coche para la peor carretera. Lo realmente perfecto es lo que mejor se adapta.
4. Ser audaces: saltar al vacío no es conveniente. Esto, como tantas otras cosas, va de pequeños-grandes pasos. Innovar es un arte que consiste en saltar una vez explorado el terreno.
5. Regular no es nuevo, es lo más fácil, pero es vano, improductivo y genera confusiones y miedos. Se supone que la RSE va orientada a quien crea, al menos un poco, que le va a valer para algo; si se asume como trámite exigido, pierde su utilidad. Tiene que ver con cultura, actitudes y demanda, no con reglamentaciones.
6. Valorar y resaltar los logros. La crítica sistemática es destructiva, resta y no suma. Poner palitos en las ruedas y animar a correr es muy pero que muy contradictorio. En cualquier caso, la crisis seguramente muestre la necesidad de que la RS se asuma por todos, no sólo por las empresas. Tendrá probablemente más que ver con hacer bien o mejor lo que tenemos que hacer, no con hacerlo más costoso.
Y, eso si, habrá que saber mostrarlo de mejor manera. Nada más y nada menos...