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La acción climática empieza en la cadena de suministro

La lucha contra el cambio climático exige pasar de los compromisos a las decisiones concretas, y las empresas de todos los sectores deben abordarlas lo antes posible, por regulación y por conciencia medioambiental. El reto, por supuesto, es reducir el impacto ambiental sin comprometer la eficiencia ni la competitividad. Y, en este camino, no pueden olvidar un factor fundamental: la cadena de suministro.

Desde diferentes perspectivas se advierte y se solicita que la acción climática de las empresas no se limite a sustituir fuentes de energía, renovar flotas o compensar emisiones, sino que contemple muy especialmente cómo se transportan, utilizan y recuperan los recursos que hacen posible su actividad económica. Es decir, cada elemento de una cadena de valor es una oportunidad para avanzar hacia un modelo productivo más eficiente y circular.

El transporte, sin duda, forma parte de estos últimos. Según los últimos datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, este representa aproximadamente el 31 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea. Además, sus emisiones han mostrado una evolución más resistente a la baja que las de otros sectores. Es, por tanto, fundamental, combinar la innovación tecnológica con una mejor organización de los procesos logísticos para avanzar en la mejora de esa eficiencia.

Transformar el modelo de negocio hacia la REUTILIZACIÓN

Los embalajes y los elementos utilizados para transportar mercancías ofrecen un amplio margen de mejora. Los palés, las bandejas y los intercaladores plásticos que protegen los productos durante su traslado suelen considerarse componentes auxiliares del transporte. Sin embargo, su diseño, durabilidad y gestión ampliando la vida útil de los mismos influyen directamente en el consumo de materiales, la frecuencia de reposición, el aprovechamiento de la carga, la calidad del producto transportado y la generación de residuos.

El plástico ilustra bien la importancia de este cambio de perspectiva. Su impacto ambiental no puede evaluarse únicamente por su naturaleza, sino por el uso que se hace de él y por su comportamiento durante todo el ciclo de vida. Cuando se aplica el ecodiseño, se prolonga su vida útil, se garantiza su reutilización y se contempla su reciclaje al final de esta, puede ofrecer ventajas frente a alternativas que requieren una reposición más frecuente. Esto no significa que exista un material universalmente mejor, pero sí que es más eficiente en este caso y para estos usos.

Esto, que ya han implementado muchas empresas, puede todavía optimizarse pasando de un modelo de uso y sustitución a sistemas basados en la reutilización o pooling, mediante el que un operador especializado gestiona la distribución, recogida, limpieza y redistribución de elementos retornables, lo que permite compartir un mismo recurso entre diferentes empresas y mantenerlo en circulación durante múltiples ciclos. Igual a eficiencia operativa, a reducción de costes y de residuos.

Medir, colaborar y anticiparse, las prioridades de la próxima década

Otro gran reto para las empresas es convertir la sostenibilidad en resultados verificables. El análisis del ciclo de vida debe ganar peso en la toma de decisiones empresariales, porque permite evaluar el impacto ambiental de un producto o sistema desde la obtención de sus materias primas hasta el final de su vida útil. A esta perspectiva debe sumarse el cálculo de la huella de carbono, junto con indicadores de consumo de agua, generación de residuos y eficiencia de los recursos. Medir es imprescindible para establecer prioridades, fijar objetivos realistas y demostrar avances.

La regulación europea contribuye a acelerar esta transformación. El Reglamento sobre envases y residuos de envases (PPWR), aplicable con carácter general desde el 12 de agosto de 2026, refuerza el impulso hacia envases más sostenibles, reutilizables y reciclables. Ya no se trata sólo de adaptarse a nuevas obligaciones, sino de anticiparse e identificar oportunidades para rediseñar procesos y ganar eficiencia.

Finalmente debemos tener claro que ninguna compañía puede abordar este desafío de forma aislada. La descarbonización logística requiere colaboración entre fabricantes, proveedores de servicios, transportistas, distribuidores y clientes.

Los próximos años exigirán entender que la acción climática va a venir acompañada de una búsqueda constante de la eficiencia y de ahorros de costes, obligandonos a una transformación estructural del modelo productivo; y en este marco los Modelo de Pooling para elementos de transportes REUTILIZABLES van a suponer una gran oportunidad.

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