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La transición ecológica también se escribe en femenino

En efemérides como el Día de la Mujer Trabajadora es necesario tomarse unos minutos para reflexionar sobre la evolución de la igualdad de género, su estado, sus trabas y su evolución hacia el futuro. En materia de sostenibilidad, una de las preguntas es si es posible una transición efectiva sin incorporar la igualdad de género y si esta podría ser efectiva.

En primer lugar,  hay que tener en cuenta que la transición ecológica va más allá del impacto ambiental. Esta debe integrar y no olvidar su dimensión social y la parte de Gobernanza. Estos dos son pilares que no deben caer en el olvido, sobre todo, en fechas como esta en las que queremos potenciar el talento femenino.

Somos testigos de cómo el impulso a la igualdad de género va ganando cada vez más peso dentro de las estrategias empresariales. Esto es una respuesta a las ventajas que ofrece a las organizaciones y empresas contar con equipos directivos diversos y polivalentes, que están comprobando cómo contar con una pluralidad de perspectivas en sus equipos contribuye a disponer de un análisis más completo y equilibrado. 

Sin embargo, muchos de los sectores que están vinculados a la transición ecológica como son los energéticos,  de transportes, tecnológicos o, incluso el nuestro, la logística, han tenido históricamente mayor presencia masculina. Vamos dando pasos en positivo, y aumentando la presencia femenina en estas áreas, porque cada vez somos más conscientes de que para afrontar la transición ecológica necesitamos contar con el mayor talento, indistintamente de su género, y si limitamos la participación de las mujeres en estos ámbitos contribuimos a reducir la capacidad de innovación, análisis y de respuesta ante los desafíos que conlleva esta transformación.

Dentro de este proceso de metamorfosis nos encontramos el reto de que estos cambios en los modelos económicos y empresariales no generen nuevas brechas, sino todo lo contrario: ser capaces de eliminarlas. Para ello, debemos impulsar la presencia del talento femenino dentro de las competencias digitales y sostenibles, tecnológicas o en el acceso a posiciones de responsabilidad dentro de áreas emergentes y los nuevos sectores.

En este sentido, las empresas juegan un papel esencial. Las compañías tienen que incorporar objetivos claros en materia de diversidad, promover planes de igualdad efectivos y vincular la sostenibilidad ambiental con el progreso social, porque no solo es necesario medir la huella de carbono o establecer objetivos de reducción de residuos, sino que es fundamental analizar e incrementar nuestros indicadores de igualdad.

Es cierto que el reto climático es urgente. Pero la transición ecológica no consiste solo en reducir emisiones, sino que redefine cómo producimos, consumimos y nos organizamos como sociedad. Y esto solamente será posible si se sustenta en la igualdad de oportunidades. Porque la igualdad no es únicamente una cuestión de justicia social; es un factor de competitividad y resiliencia que construirá una transformación sólida y duradera.

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Opinión#8M2026

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