
Si pienso en transición ecológica, entonces, como experta en sostenibilidad, mi cerebro me lleva directamente al actual contexto empresarial en el que lo ambiental no transita en solitario, sino que transita de la mano de lo social y de la ética en los negocios. Las siglas de lo ambiental (E, medio ambiente en inglés, enviroment), lo social (S) y la gobernanza (G) tienen sentido en comunión, es decir, como ESG (Ambiental, Social y Gobernanza). Bajo este paraguas, las compañías españolas y europeas aceleran sus planes de descarbonización, empujadas por una regulación climática cada vez más exigente y una movilización de fondos verdes sin precedentes. ¿Puede haber transición ecológica sin igualdad de género? Mi respuesta corta es no. Sin las mujeres, la transición ecológica será incompleta o, simplemente, no será. Porque no creo que sea posible alcanzar los objetivos climáticos y de descarbonización dejando atrás a la mitad de la población.
La transición ecológica no es solo un cambio tecnológico; es una transformación social y económica profunda. A medida que los sectores contaminantes decrecen y surgen los llamados "empleos verdes", el riesgo de replicar las desigualdades estructurales es alto. Históricamente, los sectores de la energía, la construcción y la tecnología —ejes de la descarbonización— han estado masculinizados. Si no se aplican políticas de género proactivas, la nueva economía verde podría nacer con una brecha salarial y de participación ya integrada de serie.
El acceso a la financiación sostenible también presenta retos. Aunque los fondos verdes fluyen, las estructuras de decisión en los grandes fondos de inversión y consejos de administración siguen mostrando una escasa presencia femenina. La gobernanza (la "G" de ESG) debe ser la herramienta para garantizar que la "E" (Ambiental) no opaque la "S" (Social). Eso sí, por convencimiento, la presencia femenina en la alta dirección debe ser algo más que una cuota, debe ser una gran labor de las áreas de selección de personal que identifican y visibilizan el talento femenino.
Para entender el papel de la mujer en esta transformación, es fundamental mirar al tejido emprendedor. El último Informe GEM España (Global Entrepreneurship Monitor) arroja luz sobre una realidad esperanzadora pero compleja. El informe destaca que la brecha de género en la intención de emprender se ha estrechado, y que las mujeres españolas están liderando proyectos con un alto impacto social y sostenible.
Sin embargo, el GEM también advierte que las mujeres emprendedoras suelen gestionar empresas de menor tamaño y enfrentan mayores dificultades para acceder a financiación externa. En el contexto de la transición ecológica, esto es crítico: muchas de las soluciones innovadoras en economía circular, gestión de residuos y servicios de proximidad están siendo impulsadas por mujeres. Si estas emprendedoras no cuentan con el respaldo de los fondos de recuperación y la inversión ESG, perderemos una parte vital de la innovación necesaria para frenar el cambio climático.
Sin igualdad no hay sostenibilidad. La ciencia y la economía coinciden, las empresas con mayor diversidad en sus cuadros directivos tienden a obtener mejores resultados en métricas ambientales y sociales. Las mujeres, a menudo, aportan una visión de gestión de riesgos a largo plazo y una mayor sensibilidad hacia el impacto en las comunidades, factores esenciales para la resiliencia climática.
La transición ecológica debe ser, por definición, una transición justa. No se trata solo de instalar paneles solares o digitalizar procesos, sino de democratizar el acceso a la energía, erradicar la pobreza energética (que afecta desproporcionadamente a los hogares monoparentales) y asegurar que las mujeres ocupen puestos de decisión en la gobernanza climática.
Conclusión, en mi opinión, ¿Puede haber transición ecológica sin igualdad? Rotundamente, no. Una economía descarbonizada que mantenga techos de cristal y brechas salariales no sería una economía avanzada, sino una versión eficiente de un modelo agotado. Este 8M, el reto para las empresas y reguladores es entender que la igualdad de género no es un añadido a la Agenda 2030 para el desarrollo, sino el motor que garantiza que la transición sea verdaderamente sostenible, equitativa y duradera. El informe GEM nos dice que el talento femenino está ahí, listo para emprender en verde; ahora corresponde al sistema financiero y empresarial estar a la altura.