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Estamos en un momento crucial. Contamos con el conocimiento técnico, el marco legal y la urgencia climática suficiente para transformar nuestros modelos de vida y producción. Pero el verdadero salto cualitativo solo ocurrirá si somos capaces de activar alianzas diversas, comprometidas y generosas. La transición ecológica no puede hacerse de espaldas a la realidad social. No se trata solo de reducir impactos, sino de regenerar vínculos: con la naturaleza, con los demás y con nosotros mismos.

Desde Fundación Juan XXIII, a través de la división Soluciones Verdes, llevamos años trabajando con esta convicción. En un mundo saturado de plástico, de residuos y de desigualdades, apostamos por pensar desde los sistemas vivos, donde todo está conectado. Nuestra propuesta combina ciencia aplicada, economía circular, inclusión social y transformación urbana, generando soluciones concretas que impactan de forma real y medible.

Regenerar mientras se genera empleo

Un ejemplo de esta visión integrada son nuestras cuadrillas inclusivas, que han ejecutado más de 40 proyectos de naturación urbana en los últimos años. Desde cubiertas verdes que mejoran la eficiencia energética de los edificios hasta jardines terapéuticos que regeneran entornos escolares o sanitarios, estas intervenciones no solo reverdecen el espacio urbano: crean empleo verde para personas en situación de vulnerabilidad psicosocial.

En solo cinco años, esta línea de trabajo ha generado más de 70 empleos directos, con perfiles técnicos, operarios especializados y personal de mantenimiento. Detrás de cada intervención hay una historia de resiliencia, formación, diseño y compromiso con el bien común.

Pero no se trata solo de ejecutar proyectos sostenibles. Se trata de demostrar que es posible construir una economía regenerativa que incluya a todos. De profesionalizar el empleo verde. De formar con rigor. Y de narrar, también, que la sostenibilidad puede ser bella, útil y digna.

Espacios para repensar los sectores

Nuestra labor no se limita a ejecutar obras. También diseñamos metodologías y espacios de innovación social que invitan a pensar en colectivo. Uno de ellos es el Laboratorio de SBN del CIEC (Centro de Innovación en Economía Circular) del Ayuntamiento de Madrid, dinamizado por Fundación Juan XXIII. Desde este espacio hemos facilitado procesos con empresas del sector retail para repensar sus modelos desde la circularidad y la inclusión.

En estas sesiones, las propias compañías han explorado soluciones como la venta a granel, la reutilización de envases o la logística inversa no solo como mecanismos para reducir el uso de plásticos, sino como palancas para generar empleo local y activar el compromiso con el entorno.

Este tipo de dinámicas muestran el valor de nuestro rol como catalizadores del cambio sistémico. Las soluciones están. La innovación existe. Pero es necesario crear las condiciones para que florezcan: facilitar el diálogo, compartir aprendizajes, conectar sectores, remover inercias. Esa es nuestra aportación diferencial.

Crear cultura circular desde lo vivencial

La transformación que necesitamos no es solo técnica. Es también cultural, emocional y educativa. Por eso pusimos en marcha el Inclusive Circular Lab, un laboratorio de cultura regenerativa donde ciudadanía, empresas y administraciones pueden experimentar con nuevas formas de producir, consumir y convivir.

Aquí se promueve el ecodiseño, la reducción de plásticos, la revalorización del residuo orgánico y el uso de biomateriales, en un entorno vivencial, accesible y profundamente pedagógico. Porque creemos que la educación transformadora no solo transmite conocimientos: genera conciencia, activa el compromiso y multiplica el impacto.

Educar desde el ejemplo es una herramienta de justicia social. Y es también una forma de hacer llegar la ciencia más avanzada —desde los biomateriales a la agricultura regenerativa— a quienes tradicionalmente han estado excluidos de estos debates.

Una esperanza documentada

Sabemos que no es fácil. Que hay inercias, bloqueos estructurales, desinformación y urgencias cortoplacistas. Pero también sabemos —porque lo vivimos— que el cambio es posible. Lo vemos cada vez que una persona encuentra empleo en una cuadrilla verde. Lo sentimos cuando una empresa cambia su manera de operar tras un proceso colectivo. Y lo medimos cuando un jardín terapéutico mejora el bienestar emocional de una comunidad escolar.

La esperanza no es ingenuidad. Es estrategia, ciencia, decisión. La clave está en saber mirar el territorio, activar el conocimiento riguroso y construir redes humanas capaces de sostener esa transición.

La contaminación por plásticos es solo una de las muchas heridas del modelo actual. Pero también es una puerta de entrada. Un símbolo que nos obliga a preguntarnos qué tipo de futuro queremos construir. Y con quién.

Desde Fundación Juan XXIII apostamos por un futuro en el que valga la alegría, no solo el esfuerzo. Y, sobre todo, que no deje a nadie atrás.

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Opinión#medioambiente2025

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