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Vivimos en un mundo al borde del colapso y el calentamiento global ya ha pisado el acelerador. En la encrucijada actual de los desafíos medioambientales, la responsabilidad de las empresas va más allá de simplemente buscar el lucro financiero. En un mundo marcado por el cambio climático y la urgencia por preservar nuestro planeta, surge una nueva obligación moral para las entidades corporativas: no solo contribuir, sino liderar la acción climática.
Liderar la acción climática: la nueva obligación moral de las empresas

A pesar de las advertencias de los científicos sobre el cambio climático, las emisiones totales de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera no han disminuido; al contrario. Y es que, según revela el último informe anual del Global Carbon Project, presentado en el marco de la COP28, estas emisiones alcanzaron un nuevo récord en 2023 con 40.900 millones de toneladas. Conclusión: el desafío climático al que nos enfrentamos todos es más urgente que nunca.

Como sociedad, ciudadanos del mundo y empresas responsables, no es momento de andarnos con medias tintas. Debemos reconocer la gravedad de la situación y repensar nuestra forma de actuar. La crisis climática ya no puede ser ignorada ni considerada como algo secundario; representa una amenaza para nuestra sociedad y las generaciones futuras.

Y, desde la empresa, tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Sabemos que es nuestra obligación moral salvaguardar todo aquello en lo que creemos a través de un compromiso activo y, además, es necesario abordar esta problemática y liderar este cambio desde las entidades corporativas.

Dentro de este nuevo paradigma empresarial, medir el éxito no puede limitarse únicamente a indicadores económicos. También debemos considerar el impacto social y medioambiental de nuestras acciones. La protección del planeta y la justicia social deben estar en el centro de nuestras estrategias, al mismo nivel que los beneficios financieros.

En este sentido, ya son varias las herramientas y organizaciones dedicadas a cuantificar con rigor el desempeño medioambiental de las empresas. Un ejemplo claro es CDP, una organización mundial sin ánimo de lucro que  gestiona un sistema global de divulgación medioambiental para empresas, ciudades, estados y regiones. Fundada en el año 2000, CDP fue pionera en el uso de los mercados de capitales y la contratación corporativa para motivar a las empresas a divulgar sus impactos ambientales y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, salvaguardar los recursos hídricos y proteger los bosques. Y solo un reducido número de entidades, entre las que se encuentra el laboratorio farmacéutico Ferrer, han conseguido situarse en la "Lista A" que elabora esta misma entidad internacional.

Estar en la lista “A” de CDP es un logro significativo y una forma de estimular la competitividad de las empresas a la hora de actuar por un futuro más sostenible. De hecho, totalmente alineada con el Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera relacionada con el Clima (Task Force on Climate-related Financial Disclosures, TCFD), CDP es una organización que posee la mayor base de datos medioambientales del mundo, y las puntuaciones de CDP se utilizan ampliamente para impulsar las decisiones de inversión y contratación hacia una economía con cero emisiones de carbono, sostenible y resiliente.

Pero CDP no es la única vía en un momento en el que las empresas deberían tener la responsabilidad y el poder de ser agentes activos en la lucha contra el cambio climático. Desde el ámbito empresarial, podemos aportar emprendimiento, iniciativa y una visión de futuro para contrarrestar la pasividad, el silencio y el desánimo frente a la crisis climática. En esta línea, la comunidad B Corp, de la que Ferrer forma parte desde 2022, impulsa un movimiento global de personas que utilizan la fuerza de las empresas para resolver los problemas sociales y ambientales del siglo XXI.

Porque las empresas tenemos la oportunidad de impulsar un cambio de tendencia y de ganarnos el interés, la confianza y la implicación de autoridades, medios de comunicación y consumidores en nuestra contribución social y medioambiental. Y deberíamos sentirnos obligadas a liderar esta transición hacia un mundo más sostenible, asegurando que la Tierra siga siendo un lugar habitable para las próximas generaciones.

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