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En nuestra era digital, los datos son el activo más importante de las empresas modernas. Pero no todos los datos son igual de valiosos: tras su creación, muchos de ellos permanecen en la sombra, sin apenas tocarse.
Hacia un futuro más ecológico

Estos datos tienen un impacto en nuestro medio ambiente mayor de lo que podría pensarse, pero por suerte, hay una forma de reducir este impacto y hacer que el almacenamiento de datos sea más respetuoso con el medio ambiente.

Hoy en día, se calcula que alrededor del 70% de los datos que creamos no se vuelven a utilizar. No hay más que pensar en todos los correos electrónicos, registros de servidores, chats de clientes y otros datos que cada empresa recopila y nunca utiliza, y a esto lo llamamos desperdicio de datos. Son estos datos los que ocupan espacio en los Centro de Proceso de Datos de todo el mundo, consumiendo cantidades desmesuradas de electricidad en relación con su valor. Se calcula que hoy en día en uno de los mejores escenarios, que las TIC consumirán el 8% de la demanda mundial de electricidad para 2030, en comparación con el 2% en 2020. El almacenamiento de datos, como porcentaje de consumo energético de los CPDs, continuara creciendo desde el actual 15 % y podría llegar a alcanzar el 38% del consumo total del CPD, contribuyendo a la huella de carbono, es decir, a nuestro impacto en el medio ambiente. Todos esos datos menos útiles no tienen por qué reposar en costosas soluciones de almacenamiento que consumen mucha energía.

Una idea brillante: clasificación de datos

Aquí es donde entra en juego una idea realmente brillante. Podemos clasificar nuestros datos por categorías, en función de su importancia o utilidad. Este proceso se llama clasificación de datos, que proporciona metadatos que nos ayudan a identificar y diferenciar rápidamente los datos superimportantes de los que pueden almacenarse de forma más inteligente y ecológica.

Una vez que hemos clasificado los datos, es hora de encontrar su mejor ubicación, en función de su utilidad. Los datos calientes muy utilizados pueden permanecer en una solución de almacenamiento del centro de datos; sin embargo, un proceso automatizado de clasificación por niveles puede eliminar o trasladar los datos a los que se accede con poca frecuencia, como correos electrónicos y archivos de registro antiguos, a un lugar que consuma menos energía.

Una opción atractiva desde el punto de vista medioambiental para clasificar por niveles los datos de menor valor son las nubes públicas, como las de AWS, Google Cloud y Microsoft Azure. Utilizar la nube como destino para la clasificación por niveles y el almacenamiento de datos es inteligente por varias razones. Por ejemplo, suele ser más sostenible: los centros de datos de las nubes públicas se construyen a escala para ser más eficientes, y muchos utilizan fuentes de energía renovables o bajas en carbono. Además, la nube puede ser menos costosa: la asignación de datos secundarios por niveles al almacenamiento de objetos es una forma excelente de gastar menos en almacenamiento, manteniendo la fiabilidad y la seguridad. Y en tercer lugar, la nube puede hacer que las inversiones en almacenamiento primario rindan más, ya que trasladar a la nube los datos que rara vez se utilizan, libera espacio y energía para los datos que usamos con frecuencia.

La clasificación de datos y la jerarquización en la nube prometen una reducción significativa de la huella de carbono y del coste del almacenamiento de datos, pero, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros? Hay que empezar por socializar estas ideas entre los responsables de las operaciones ecológicas de la organización, animarles a añadir estas funciones a la lista de criterios para evaluar a los proveedores de tecnología de almacenamiento de datos.

El socio tecnológico adecuado ayudará a clasificar los datos de menor valor y a modelar el ahorro de CO2 que se puede obtener, trasladándolos a una infraestructura menos intensiva en carbono. También automatizará el traslado de los datos a esas ubicaciones para obtener ese ahorro y medir la mejora continua de la huella de carbono global en el almacenamiento de datos.

En definitiva, podemos mejorar la sostenibilidad de nuestras prácticas de almacenamiento de datos abordando el problema de los residuos de datos y su huella energética y de carbono asociada. Corriendo la voz y actuando para clasificar y almacenar nuestros datos de forma inteligente, damos pasos concretos hacia un futuro más ecológico.

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