Puertas que se abren para las mujeres “intocables” en la India
Alianza por la Solidaridad

En el segundo país más poblado del mundo, India, viven en pleno siglo XXI millones de mujeres de un grupo social que se conocen popularmente como ‘las intocables’ que como dalit, grupo al que pertenecen, ya nacen en condiciones de discriminación y pobreza extrema. Si, además, residen en una de las zonas más pobres de la India, como lo es la región de Bundelkhand, en el Estado de Uttar Pradesh, con unos 100 millones de habitantes, sus ya mermadas posibilidades de salir adelante se encuentran con un muro que resulta difícil de superar. Las dalit de Bundelkhand, sin embargo, lo logran, gracias a su capacidad de resiliencia, su afán de trabajo y el  ‘empujón solidario’ que les llega a través de iniciativas de desarrollo que les abren puertas al futuro.

Una de ellas es la que ha puesto en marcha allí la ONG española Alianza por la Solidaridad-ActionAid con apoyo de la Fundación La Caixa: proyectos que las convierten en dueñas de sus vidas con diferentes modelos de pequeños negocios de carácter agrícola y ganadero, adaptados a un entorno de clima extremo y cambiante. “Se han creado casi 2.000 unidades productivas encabezadas por mujeres, quienes se han organizado formalmente para producir, gestionar y comercializar, pero no ha sido fácil dadas las circunstancias de discriminación histórica hacia las mujeres dalit”, señala Blanca Mingo, coordinadora de proyectos internacionales en Alianza.

Las iniciativas están muy relacionadas con lo que supuso en Bundelkhand, como en otras zonas rurales indias, la pandemia del COVID-19. Históricamente, el sistema de castas en el país –pese a la igualdad que señala la Constitución, se mantiene vivo- ha condenado tradicionalmente a los dalit a la pobreza y en el caso de las mujeres a la doble discriminación que propicia un patriarcado que continúa muy asentado: desde siempre, a ellas se las ha excluido de la propiedad de las pequeñas tierras familiares, limitado su acceso a la esfera pública y controlado sus ingresos por parte de los varones.

Cuando llegó la pandemia, muchas familias de la región que habían migrado a las ciudades en años anteriores -para realizar trabajos mal pagados e inestables-, regresaron a sus aldeas huyendo del virus y sus consecuencias, pero se encontraron con que no era fácil reiniciar la vida en una zona donde el cambio climático ya hace estragos: en Uttar Pradesh las sequías desde el 2003 cada vez son más largas e intensas. Además, en los casos en que disponen de parcelas familiares, éstas son muy pequeñas (menos de dos hectáreas) y no lograban salir adelante.  Vivir con menos de 600 euros al año es una odisea.

El proyecto puesto en marcha en 2020 por Alianza y ActionAid India se enmarca dentro del programa de la Fundación La Caixa Work4Progress, que también funciona en Perú y Mozambique y que trata de impulsar el empleo de mujeres y jóvenes desde la innovación social. Con el apoyo de especialistas, se ha formado y asesorado a mujeres dalit de Bundelkhand en la obtención de semillas locales, en la  elaboración de compost,  en la comercialización de sus productos y la  gestión económica. Y todo esto se ha acompañado de técnicas para mejorar su autoestima y su capacidad de negociar en mercados y otros espacios masculinizados, en los que no tenían presencia.  Con el proyecto, se les ha provisto de lo básico para establecer sus  negocios, y se les ofrecen herramientas digitales, como la  plataforma on line Agri Center, que les permite acceder a asesoramiento técnico a través de un teléfono móvil.

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Para llevarlo a cabo, se han diseñado conjuntamente con las mujeres participantes diversos tipos de negocios, según sus circunstancias y necesidades. Algunas han optado por la cría de cabras, un animal que se adapta bien a las altas temperaturas (cercanas a los 50ºC en verano en la zona) y a la escasez de comida; otras prefieren la avicultura, en un país donde los huevos son fundamentales para la dieta proteica; las hay que se han iniciado en la producción de semillas resistentes al cambio climático (de las naturales, sin patentes) o en la producción de compost orgánico o que se están volcando en lo que se ha llamado “jardín nutricional”, un huerto de productos variados para la alimentación familiar. Todas ellas se han organizado en la Basant Women Farmer Producer Company para facilitar su comercialización y el transporte de productos.

En un país que hizo la Revolución Verde en los años 60 y 70 del pasado siglo a base de pesticidas y fertilizantes químicos, la vuelta a esta agricultura tradicional, pero con mejoras, es un importante paso adelante. “La tecnología para usar la semilla base K1317 con abono orgánico funciona muy bien en el campo; no solo ha mejorado la calidad de la semilla, sino que también ha aumentado nuestra producción a bajo costo”, asegura Meena Rajak, una de las participantes del programa. Meena reconoce que le costó tiempo convencer a su marido de que le dejara un pedazo de su escasa tierra para cultivos orgánicos, pero al final le demostró que la producción era mayor y de más calidad. “Y además he guardado semillas de calidad para la Basant Women FPO y para nuestra próxima temporada”, señala.

Uno de los proyectos más innovadores es el de multicapas” o cultivos “machan”, que consiste en plantar diferentes especies hortícolas en un mismo espacio, aprovechando el crecimiento vertical. En la primera capa se siembran especies subterráneas (patatas, cebollas, remolacha…), en la segunda plantas bajas (como tomates, berenjenas, chile…) y en la última, las trepadoras (calabazas, pepinos…), de forma que se incrementa la producción cuando la parcela es de pequeñas dimensiones. Ram Devi, de la aldea Dawani, no daba crédito, según los testimonios recogidos por Alianza-Action Aid, cuando vio cómo crecían el bambú y las diferentes hortalizas en su huerto.

“Crear la organización de mujeres fue un reto importante–recuerda Mingo- porque, según la ley, en su órgano rector deben figurar únicamente personas propietarias de tierras y muchas de las mujeres seleccionadas por ellas mismas, no lo eran, así que hubo que repetir la elección, pero ahora ya está en marcha y funcionando. Y ya estamos planificando una segunda fase de este proyecto para consolidar y replicar los modelos puestos en marcha porque vemos que realmente se están logrando resultados. Las familias de estas 40 aldeas de Bundelkhand están sacando adelante un medio de vida local, sin necesidad de salir a la ciudad. Esto revierte en ellas mismas y en el desarrollo de toda la zona”.

Lograr crear un inventario digital para facilitar las ventas de los productos de estas cerca de 2.000 familias y que mantengan esas puertas abiertas a un empleo estable, con ayuda de la tecnología, será un nuevo paso importante. De hecho, en esta tarea estarán colaborando durante unos meses tres voluntarias del programa Cooperante Caixa.

Y es que la incertidumbre generada por el cambio climático sigue en el horizonte de un inmenso país que, con casi 1.400 millones de habitantes, es responsable de un bajo 6,5% de las emisiones contaminantes globales. Pese a que el carbón sigue teniendo un uso importante, su aportación al calentamiento sigue siendo mucho menor que en otras partes del mundo: si cada residente en España tiene en su cuenta anual 5,8 toneladas anuales de CO2, en la India la media es de 1,8 toneladas. En donde vive Meena, insignificante. Por el contrario, los impactos en sequías e inundaciones tienen consecuencias dramáticas.

De hecho, Surya Prakash Sethi, el negociador del país en la Convención del Cambio Climático, señalaba hace unos días que “la adaptación al cambio climático debería ser una prioridad en mi país, por delante de la mitigación que se le exige”, es decir del recorte de emisiones. “El proyecto que estamos llevando a cabo al norte de la India va precisamente en esa línea de adaptación, con el foco puesto en la población más vulnerable y discriminada:  mujeres rurales dalit que demuestran tener una gran capacidad y motivación para generar ingresos de forma sostenible y luchar por su bienestar, el de sus familias y el de la comunidad”, concluye Mingo.

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