La Comisión Europea ha presentado este miércoles 14 de septiembre una propuesta tendiente a promover, hasta fines de marzo del 2023, una reducción del consumo de electricidad promedio de los países del bloque regional en un 10% y que esa disminución sea de al menos de un 5% en las horas punta; es decir, en los momentos del día en los que la demanda de electricidad se incrementa sustancialmente. El objetivo de esta medida es procurar reducir tanto como sea posible la utilización de centrales de ciclo combinado que funcionan a gas natural como carburante y así evitar el uso de sus reservas para destinarlas a la generación eléctrica.
Ante la propuesta de medidas de la Comisión Europea en el ámbito energético

Dado que la gran parte de la demanda en horas punta corresponde al consumo eléctrico en los hogares, se intentaría presionar al sector residencial, a través de campañas mediáticas de promoción del ahorro energético o cambios tarifarios, para que adopten hábitos de un menor consumo de electricidad, particularmente en horas punta o, en su defecto, modificar los patrones de producción y, por lo tanto, de consumo de electricidad, de los sectores productivos electro – intensivos a lo menos durante esas horas. Lo cierto es que el sector industrial ya ha venido realizando una contribución, tal vez involuntaria, a las metas consideradas en virtud de los significativos aumentos de los precios de la energía que se han registrado.

Además de esa medida, se propone establecer una limitación de los ingresos extraordinarios de las compañías eléctricas fijando un tope de 180 Euros/MWh para la generación renovable, nuclear y a carbón mineral (lignito). A la vez, se propone establecer un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de compañías que explotan y comercializan combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón y el sector de las refinerías) en virtud de que sus ganancias se han incrementado debido a los elevados precios que registran los mercados. Se presenta a este impuesto como una “contribución solidaria” dado el contexto y sería del 33%.

Finalmente, la Comisión Europea propuso el establecimiento de esquemas de garantías estatales para que los operadores del mercado de futuros posean una cobertura tal que contribuya a mejorar la liquidez en los mercados financieros de la energía y reducir los riesgos ante la vertiginosa volatilidad de los precios imperante. Esto ha quedado reflejado en el valor del Dutch TTF Natural Gas que da cuenta de los precios futuros del gas natural y se utiliza como referencia en la región. Este viene registrando valores muy elevados con una volatilidad vertiginosa a medida que las noticias y novedades se suceden. Por ejemplo, en junio el valor de este indicador se encontraba en torno a los 80 Euros/MWh, mientras que a finales de agosto llegó a alcanzar los 340 Euros/MWh.

El objetivo del anuncio sería que los países del bloque entablen la negociación de este tipo de medidas con los grupos de interés para que, después, se logre formalizar una suerte de acuerdo regional en la próxima reunión extraordinaria de ministros de Energía, que ha sido convocada para el viernes 30 de septiembre en Bruselas.

Dado el modelo marginalista de fijación de precios de la electricidad, imperante en Europa, las fuentes y tecnologías de generación que poseen costos mucho más bajos que los que hoy tienen las centrales a gas natural, reciben un gran excedente en el actual contexto de enorme subida de los precios del gas natural. El modelo marginalista se basa en la premisa de que el precio de la electricidad lo determina la última central en entrar en funcionamiento para abastecer la demanda horaria del sistema. Si en un momento determinado todas las centrales de generación que poseen bajos costos se encuentran funcionando, y dada una gran demanda momentánea de electricidad, es necesario que entre en funcionamiento una central que posee costos altos, el precio subastado sería alto y, por lo tanto, las centrales menos costosas se benefician sustancialmente de ese alto precio. El modelo marginalista favorece la competitividad entre las centrales promoviendo que las empresas inviertan en fuentes y tecnologías más eficientes y menos costosas para asegurarse la posibilidad de suministrar energía al sistema tanto tiempo como sea posible.

Sin embargo, en un contexto como el actual, en el que los precios se disparan por la situación de relativa escasez y subida de precios del gas natural que ha provocado el conflicto geopolítico de Ucrania, resulta más que razonable establecer cambios, aunque sea temporarios, en la regulación y funcionamiento de los sistemas energéticos.

Los mercados son un mecanismo de asignación de recursos sumamente eficiente en contextos de normalidad, es decir, cuando hay una diversidad de operadores compitiendo y los precios configuran una buena señal para la toma de decisiones tanto por parte de la oferta como de la demanda. Sin embargo, cuando tiene lugar una situación de escasez importante o cuando los precios se han alterado significativamente por un choque externo, como lo es un conflicto bélico en las puertas de Europa, los mecanismos de ajuste automáticos se despistan, por así decirlo. Por ello, librar el accionar del sistema al libre funcionamiento del mercado no resulta conveniente y, por lo tanto, se hace necesario establecer algún tipo de mediación o intervención para equilibrar la presencia de excedentes o perjuicios que la situación extraordinaria genera.

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