Hay que ir más allá de emisiones cero netas

“Tenemos que restaurar lo destruido”

Hace diez años se hablaba del cambio climático, pero la contaminación, pérdida biodiversidad o contaminación por plásticos no se percibían como problemas.  No había un consenso respecto a fertilizantes o pesticidas, aire acondicionado ni energía nuclear, como si no pertenecieran a una estrategia de inversión ambiental.  De biodiversidad solo se habla desde hace unos años y de contaminación por plástico solo desde el documental de la BBC Blue Planet de daños a los océanos.  Pero siempre han sido problemas.

El caso es que centrarse en una sola dimensión ambiental, implica el riesgo de problemas en otras dimensiones. Así que creamos una metodología de inversión basada en los Límites Planetarios, desarrollado por el Centro de Resiliencia de Estocolmo. Es un marco científico que presenta una visión holística de los problemas ambientales, pues reconoce nueve límites que de ser violados ponen en peligro las condiciones fundamentales para la prosperidad humana. Ya se ha superado en cambio climático y pérdida de biodiversidad.  

De manera que, basándonos en esta metodología, llevamos años calculando la huella ambiental en cada una de las más de cien industrias de la economía global.  Se está volviendo más convencional y parte del lenguaje común.  De hecho la taxonomía europea que se está implementando la utiliza, pues, además de adaptación y mitigación del cambio climático, contempla cuatro dimensiones que se corresponden con límites planetarios. Tiene el doble enfoque de "hacer el bien" o mejorar la situación en al menos una de las dimensiones y "no hacer daño", es decir mantenerse dentro del resto de límites planetarios.

Al respecto la tendencia hacia emisiones cero netas es un paso en la dirección correcta, pero lamentablemente aún no cambia la trayectoria a largo plazo. Tenemos una economía degenerativa para el medio ambiente, donde todo lo que hacemos destruye en parte el planeta. Las grandes marcas que se vuelven ecológicas esencialmente apuntan a hacerlo un poco mejor, pero en general siguen siendo degenerativas.

Tenemos que ir más allá, pues cada vez está más claro que tenemos que restaurar lo destruido.  Por ejemplo, tenemos que devolver carbono a la tierra mediante agricultura regenerativa o plantando árboles; con nuevas tecnologías.  Sobre todo, necesitamos una organización estructural que avance hacia una economía regenerativa, circular, basada en los sistemas de la naturaleza, que se regeneran perpetuamente. Como accionistas podemos facilitar que las empresas se embarquen en ese camino, pues, para que sobrevivir, proporcionar crecimiento superior, ser innovadoras y disponer del talento más brillante, tienen que adoptar esta nueva estructura.

Además, una proporción mucho mayor de la población se siente preocupada al respecto, lo que se ha acelerado con la crisis Covid.  Nos ha recordado que ha habido una destrucción masiva de habitas naturales, lo que facilita la transmisión de enfermedades de animales a humanos. La generación más joven parece tener estos problemas asumidos y para la mayoría de personas hoy en día es ya una obviedad.

Pero hace una década la inversión sostenible era de nicho, debido a la idea predominante de que imponer consideraciones éticas daría lugar a menores rentabilidades, pued limitaría el universo de inversión.  Ese debate ya no se da.  El historial de nuestras estrategias ambientales habla por sí mismo en este sentido.

Además, el compromiso se veía entonces negativo, pues se temía que pudiera tensar las relaciones con las empresas.  Pero hoy día las empresas acuden a nosotros en busca de asesoramiento, pues se han dado cuenta de que el capital fluye hacia las de mejores calificaciones ASG.   Ya ocurrió en el fondo de Madera, Pictet Timber, cuanto tuvimos conversaciones con las empresas sobre mejores prácticas silvícolas y mantenimiento de un buen nivel de biodiversidad.  Las presionamos para que se adhiriesen a estándares de gestión forestal sostenible, pues su valor está determinado en gran parte por la sostenibilidad de sus activos forestales.

El caso es que para que una empresa sea considerada no basta con que sea responsable. Debe ofrecer una solución en eficiencia de recursos naturales, calidad ambiental y control de la contaminación. Unas 400 empresas globalmente tienen impacto positivo en al menos uno de los nueve "límites planetarios" por el ciclo de vida del producto o servicio. En concreto estimamos que las industrias de productos y servicios ambientales es de 2,5 billones de dólares.  Además incluye compañías relacionadas con simulación, software e ingeniería, con modelos de negocio de suscripción y elevados flujos de caja, menos cíclicas que otras tecnológicas.

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