Luchar contra la injusticia social

En nuestra percepción de nuestra específica realidad de clase media, de un país desarrollado, con un estado del bienestar generalizado, a pesar de sus deficiencias y críticas, hablar de JUSTICIA SOCIAL, o mejor dicho de injusticia social, es pensar inmediatamente en algo que le ocurre a otros. La relacionamos con personas de otros países, de otras realidades, de otras comunidades que sufren situaciones de restricción de libertad política o económica. Son los otros los que viven en sociedades donde la brecha entre ricos y pobres es insalvable, donde las injusticias por género, religión o clase social son manifiestas y nos sentimos contrariados, incluso muy contrariados, pero desde una prudencial distancia. No es nuestra realidad, nos duele, pero no es nuestra realidad.

Sin embargo, la Justicia Social es un bien y una necesidad internacional. Hay que defenderla, independientemente del país donde vivas y de la clase a la que pertenezcas. Puede ser que no esté entre nuestras prioridades porque entendemos que ya la tenemos. Pero, aun siendo así, que no lo es, necesitamos defenderla diariamente pues perderla es peligrosamente fácil.

Estamos hablando de temas básicos para el progreso de la humanidad: igualdad de oportunidades, derechos laborales, sociales o económicos, distribución de la riqueza, etc.

La Justicia Social debe ser innata al conjunto de la comunidad internacional, al conjunto de los individuos. En el momento en el que una sola comunidad, un solo país vive situaciones de injusticia social, entonces, vivimos un mundo injusto.

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