Resistir y persistir
Raúl Contreras

Son muchos los esfuerzos, los éxitos y los fracasos pero no hemos de descansar en el propósito del cambio sistémico.La realidad es la que es, no la que queremos, pero las personas que hemos tomado posición por el cambio somos inasequibles al desaliento.Años de trabajo, de tantas y tantas personas, para darle la vuelta a este modelo, y aún tan lejos.

No desistimos, muy al contrario cada vez tenemos más claro que o se cambia o muere. Quizá nuestro deseo es conseguir cambiarlo antes de su fin autobuscado para evitar el sufrimiento de la vida que ha de llevar en su caída.

Crisis del modelo financiero, reconocida desde el análisis y desde la cruda realidad. Las personas paradas demasiado tiempo, nómadas de las migajas que el gran capital deja caer en los caminos para que no le falte a quien explotar. Personas que renuncian al trabajo esclavo por remuneraciones insultantes y prefieren mal vivir que mal morir. Agotamiento de los minerales del planeta que nos confunden en el deseo de que todo vuelva a ser lo que no será. Un coche eléctrico que genera más impacto ambiental en el ciclo completo de su vida que un viejo diésel. Un empeño necesario en la reducción del CO2 que oculta la necesidad de un decrecimiento, más allá de descarbonizar el planeta, que también. La tierra y el agua en jaque entre la especulación y el mal trato. Y el aire, que parece no sufrir aún la especulación, aunque sí el mal trato, se esconde a nuestras miradas en un intento de escapar.

La pandemia que nos metió en un estado de shock que predispone a las personas a tragar con lo que sea para salir de la misma. Mas la realidad nos ha mostrado dónde está lo importante, lo necesario. Dónde poner la mirada y el esfuerzo para cuidar la vida, pues sin ella no nos queda nada.

Sin embargo nada cambia. Nos vacunamos en algunos países, nosotras vamos por la tercera vacuna, mientras la mayor parte de la población es abandonada en su pandemia y luego pretendemos cerrar puertas y ventanas para que nadie nos contamine.

Las necesidades reales que el mercado nunca ha querido reconocer se muestran con claridad y podemos encerrar a los economistas en sus casas, sin que pase nada, pero doblamos las horas de todas aquellas personas que se dedican a cuidarnos desde la limpieza o el suministro.

Cuánta muestra de la obsolescencia del mercado. Cuánta evidencia del agotamiento de un modelo que nació ya en la mentira de no ser ni liberal ni nuevo, sino una herencia del patriarcado vertical egoísta y completamente intervenido para el beneficio de unos pocos. Y así nos va, incrementándose las desigualdades, las bolsas de pobreza extrema, la precariedad, el envenenamiento de la tierra y las aguas, la dominación del gran capital sobre las economías locales, y a la vez reduciéndose la riqueza común, la biodiversidad, la soberanía alimentaria y la económica entre otras.

Pero como decía, no abandonamos, no cejamos en la lucha porque tenemos claro que la vida es el centro y la mayoría de las personas estamos por ella. Mantenemos el pulso y seguimos construyendo alternativas. Seguimos defendiendo la integridad de palabras como impacto o resiliencia que, castigadas por el vaciado de contenido, acuden a la UCI del hospital de las palabras. Perseguimos la transformación mucho más allá de ese “hay que cambiarlo todo para que nada cambie”. Creamos herramientas que nos posibiliten conocer la verdadera transformación y nos ayuden a gestionar nuestros esfuerzos para ser eficaces y eficientes en el cambio. Seguimos agrupándonos y construyendo colectivamente, aunque en ocasiones quisiéramos que esas redes fueran menos endogámicas y más generosas, especialmente con todas aquellas personas más castigadas por esta injusta realidad, y con la madre Tierra.

Estamos trabajando con apoyos y sin ellos, porque sabemos lo que nos jugamos y así lo hemos decidido. Nosotras sí, estamos transformando desde nuestra propia vida hacia la común y lo haremos con todas las personas. Contamos con las generaciones venideras (que en verdad son las actuales) y aquellas que nos dieron la vida y siguen aquí aunque no se les invite ni a unas ni a otras a la hora de decidir lo que hacer, incluso en su nombre. Trabajamos por cambiar un modelo que no sirve a la vida, aunque escuchamos voces egoístas que reclaman la atención para mantener lo que aquí nos ha traído y que tienen poder para quedarse con los recursos que llevan nombre de transformación y resiliencia. Recursos que se siguen distribuyendo como siempre y bloqueando la propuesta de quien no tiene un capital para dar soporte a la validez de una idea crecida desde la calle, la realidad y el conocimiento cierto de las causas.

Aprender haciendo. Controlar el riesgo pero arriesgarse. Medir para conocer y reconocer, y utilizar esa medición para fortalecer la innovación y el cambio sistémico. Construir compartiendo un propósito que nace de una observación limpia de la realidad en la calle, en el campo, en el pueblo, en el barrio marginal, en el llamado tercer mundo y de todas las realidades que conforman lo que somos como sociedad y que tantas veces se nos invita a no mirar.

Ser Resiliencia, Transformación, Alternativa y Propuesta, y actuar en consecuencia.

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