Si 2020 fue el año de la resiliencia frente a nada menos que una pandemia global, 2021 se ha convertido sin duda en el año de la transformación. En todos los niveles de la sociedad, pero especialmente en lo que concierne a las marcas y empresas con las que nos relacionamos cada día, las que forman parte de nuestros hábitos de consumo cotidianos. 2021 es el año para despertar y mirar hacia delante, y comenzar a acometer los cambios y transformaciones que demanda el futuro más inmediato.
Del campo a la mesa: el poder de las marcas y su aportación a todos los eslabones de la cadena de valor

No es un proyecto que culmine en un año y si algo han dejado claro los consumidores durante los últimos años es que no puede ser un esfuerzo cortoplacista o aislado, sino que la solución pasa por respuestas complejas basadas en una estrategia global. Esto significa, para una marca, replantear cómo es su relación, no solo con el consumidor final, sino con todo el entorno que le rodea. Como compañía, Pascual lleva años apostando por un modelo íntegro que tenga en cuenta esta perspectiva: la cadena de valor.

¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de cadena de valor? Apostar por la cadena de valor no es más que preguntarse qué se puede aportar a la sociedad y al planeta en todos y cada uno de los eslabones de la actividad de una organización. Y esto en el negocio de los lácteos tiene una traslación a la realidad muy concreta, desde el cuidado del bienestar animal, hasta la aportación nutricional del vaso de leche, pasando por la relación con el ganadero y el resto de los proveedores.

Ahora, Leche Pascual acaba de anunciar el lanzamiento de la botella de leche más sostenible del mercado, la primera botella de leche en España fabricada a partir de materiales de origen vegetal. Con la introducción de este nuevo material, bautizado como Biopet, las nuevas botellas de Pascual disminuirán la cantidad de plásticos de origen fósil introducidos en el mercado y reducirán las emisiones de la compañía.

Pero no es ahí donde empieza nuestra cadena de valor. Leche Pascual tiene certificadas todas sus granjas en Bienestar Animal con AENOR, la única certificación en España que puede garantizar los requisitos establecidos en Welfare Quality®, el más alto estándar europeo para las evaluaciones en granja de vacuno lechero. Una vez se obtiene un producto de la máxima calidad gracias al máximo cuidado de las vacas, se somete al triple de controles que exige la ley y se trata y conserva de la manera más eficiente para garantizar todas sus propiedades. Además, para garantizar la sostenibilidad de toda la cadena, Pascual desarrolla un programa de Eficiencia Productiva con sus ganaderos. Este programa permite el desarrollo y evaluación de los cuatro pilares de la compañía: seguridad alimentaria y calidad de producto, impacto ambiental, eficiencia productiva e impacto social. Todo ello con un objetivo muy claro, ayudar al crecimiento del negocio mientras se garantiza un bajo impacto ambiental.

Los resultados son el mejor aval del programa de Eficiencia Productiva, teniendo en cuenta que cada vaca de nuestras explotaciones tiene una alimentación de precisión, un cuidado exhaustivo para evitar enfermedades y una genética mejorada. Con todos estos factores, si una ganadería media en España produce 609 toneladas al año, una de Pascual consigue 1.496 toneladas, un 246% más.

Programas como este explican que el 85% de los ganaderos llevan con Pascual más de 15 años, con una tasa de abandono muy inferior a la media española. Además, Pascual quiere apostar por el relevo generacional en el campo español y dotar de oportunidades a jóvenes ganaderos, atrayendo riqueza y recursos al entorno rural, ayudando así a frenar el fenómeno conocido como la “España Vaciada”. Esto solo se consigue gracias a la apuesta por productos de origen 100% local, que tiene que ir acompañada por un esfuerzo de las Administraciones para dotar de recursos a estas áreas.

En este sentido, otro factor impacta de manera directa en cómo las empresas se relacionan con sus entornos y stakeholders y, desde luego, en la industria láctea no podría ser diferente. La necesidad de apostar por la colaboración público-privada con el objetivo de seguir poniendo en marcha iniciativas que impulsen la cadena de valor láctea, incluyendo aquellas actividades destinadas a potenciar el sector ganadero español, con su consecuente beneficio en las economías locales, sin duda se revela capital. Una responsabilidad conjunta por la que, como sector, debemos continuar trabajando.

Y aunque es verdad que desde Pascual tenemos la ambición de dar cada día lo mejor, no solo por las personas como individuos, sino también por el conjunto de la sociedad; también somos conscientes que todavía nos queda camino por recorrer. Un camino y esperamos recorrer de la mano del resto de actores del sector con el objetivo de seguir construyendo un ambicioso proyecto sostenible en lo humano, social, medioambiental y económico, que cuide tanto al productor como al consumidor final.

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