Hace algunos años envié columnas de opinión a Diario Responsable. En ese momento me consideraba un emprendedor exitoso que pretendía llevar a sus empresas en el camino de la Responsabilidad Social Empresaria y la sostenibilidad. Siempre escuche que las pequeñas empresas son las más sensibles a las crisis, siempre vemos cosas en las noticias y pensamos que estamos lejos de que nos suceda hasta que un día me tocó cerrar dos empresas al unísono. Hoy trabajo desde el Estado y descubro que, no solo es grande el desconocimiento de la RSE dentro de equipos técnicos, sino que es muy grande aún la desconfianza hacia las empresas.
Desafíos de articular la gestión pública con la privada

En esos años, con una empresa de tecnología y una constructora heredada, me interesaba la Cultura como una de las dimensiones que exploré en Materia de RSE. Siempre sostuve que esa guía cultural que se distribuía en modo gratuito todos los meses ayudaba a mi empresa a generar un vínculo de calidad con la comunidad que era muy superador a cualquier programa de fidelización de clientes o tarjetas de puntos a base de premios.

De a poco me veía involucrado en cuestiones que tenían que ver más con la de un Gestor Cultural, me involucraba desde mi empresa aportando conocimientos de gestión proponiendo junto a otros negocios y empresas propuestas Culturales. Siempre me costó desde la actividad privada articular acciones con el estado, en este caso Secretaría de Cultura Provincial de Jujuy, Argentina.

Actualmente, me encuentro trabajando en el sistema educativo, soy parte del estado e intento buscar empresas que quieran trabajar en la dimensión de la educación.

Recuerdo un encuentro con el filósofo colombiano que nos explicaba que desde las empresas y la sociedad civil (fundaciones) se puede hacer todo lo que no está prohibido. Por eso, estos dos actores despliegan su creatividad. Desde los estados solo se puede hacer lo que está legislado, regulado, validado por alguna resolución o decreto interno.

He aquí la gran dificultad para encontrar este punto de encuentro entre empresas y estados. No solo es grande el desconocimiento de la RSE dentro de equipos técnicos de Educación, sino que es muy grande aún la desconfianza hacia las empresas. La realidad, el sistema educativo, está basado en la desconfianza, hasta que el alumno no lo demuestra, se considera que no sabe y no estudió. Está vigente aun la pregunta de examen con una “trampa”. Por supuesto se mira de reojo a la empresa que se acerca a las instituciones educativas y se hace difícil abrir el diálogo.

Hay de todo en la viña del Señor. Están las empresas que se acercan a vender un paquete turístico para los egresados con técnicas de venta muy agresivas. Observaba una empresa de tecnología que se instala a la hora de salida de un colegio privado de altos recursos con promotoras esculturales que sortean productos, sin interesarles el punto cuatro de los Objetivos del Desarrollo Sostenible.

Recibimos a diario, ofertas de soluciones tecnológicas a los desafíos que la educación presenta hoy.

En nuestro ministerio, logramos articular luego de mucho esfuerzo con una empresa de telefonía que da capacitación a docentes sobre Aplicaciones móviles de uso escolar, Con una segunda empresa que hace talleres entre docentes y alumnos que utiliza la técnica de Design Thinking, para detectar problemas de la vida real, proponer “soluciones del futuro” utilizando aprendizaje basado en proyectos, orientando por supuesto las soluciones a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este último caso la desconfianza del sistema es que la empresa arrebate alguna idea para desarrollar un producto que maximice aún más su ganancia.

Mientras pienso en lo difícil que resulta llevar una propuesta internamente, los acuerdos necesarios que implican la creación de expedientes que luego hay que mover. Entré al Diario Responsable, introduje Educación en el buscador y encontré más de 70 artículos.

 Me sorprendo a mí mismo, del otro lado del mostrador, mirando con prejuicio las fotos de “empresarios por la educación”, recordando algunas empresas locales que interpretan que la Responsabilidad Empresaria es encontrar una escuela pobre donde depositar sus residuos electrónicos.

A pesar de mis prejuicios y de conocer lo difícil de emprender una acción que implica burocracia, fantaseaba hoy con alguna empresa de tecnología de punta que se anime a sentarse con un equipo pedagógico y pensar una propuesta donde alumnos puedan encontrar datos científicos aplicando conceptos de Big Data que sirvan para la toma de decisiones de los directivos escolares. Si será posible que una empresa que trabaje con su huella de carbono pudiese acompañar un proyecto donde alumnos calculen y compensen la huella de carbono generada por sus propias escuelas. Si gerentes de empresas pudiesen transferir experiencia en gestión a cooperadoras escolares, dedicando parte de su tiempo.
Pienso si sería posible abrirnos como Ministerio, en Argentina,  a estos diálogos con empresas sin miedos a los intereses económicos de las empresas.

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