Volver a la pachamama

En algún momento, la Humanidad perdió ese vínculo invisible, pero real, que nos une con la Naturaleza, con la Madre Tierra. Sin embargo, la pandemia nos ha dejado patente que no es posible separar lo social de lo medioambiental: las personas, del entorno. Ambos son la doble cara de una misma moneda.

Varios pueblos originarios del sur de América Latina rinden homenaje, veneran, a la Pachamama: una divinidad procedente de la cultura inca, adoptada después por indios quechua, aimara o mapuches, y que representa al planeta. A la Tierra que habitamos. La gran belleza de la “Pachamama” es que ella define un todo: la tierra, el tiempo y el universo. Es mucho más que la naturaleza: representa el ciclo de la vida. Y su hambre, continuo, si no se sacia, genera (según las leyendas indias), su ira, provocando enfermedades…

Más allá de esta creencia, la Pachamama nos viene a recordar que hubo un tiempo en donde hombres y mujeres manteníamos un vínculo especial con el entorno. ¿Cuándo perdimos esta conexión? ¿Cuándo empezamos a darle la espalda a la Naturaleza, al ciclo de nuestra vida?

El coronavirus nos puso, abruptamente, frente a esta realidad. Nos hizo conscientes de que la crisis sanitaria está relacionada, aunque hay quien aún no lo ve, con los problemas ambientales que hoy padecemos. Con nuestra desconexión con la Naturaleza. Son dos caras de una misma moneda: la protección de la naturaleza tiene un impacto en la sociedad y en la salud. Y al mismo tiempo, la salud de las personas y del planeta tiene un impacto en las empresas. El mundo corporativo también ha “despertado” a los grandes riesgos sistémicos y exponenciales que provocan el cambio climático y el impacto ambiental.

Por eso, este Día Internacional del Medio Ambiente, que servirá como lanzamiento formal del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), es doblemente importante: nos recuerda que estamos ante una última oportunidad. Y si bien no podemos volver atrás - ya no es tiempo de ello-, sí podemos regenerar: somos, como dice Naciones Unidas, la generación que puede “hacer las paces” con la Naturaleza: reimaginar, recuperar y restaurar.

A nivel europeo tenemos también un gran instrumento para hacerlo: el Pacto Verde Europeo, la hoja de ruta que tenemos en la Unión Europea para transformar los retos climáticos y medioambientales en oportunidades a todos los niveles, trabajando hacia una transición justa que no deje a nadie atrás. Supone impulsar un uso eficiente de los recursos con una economía circular y limpia; y una restauración de la biodiversidad, con reducciones visibles de contaminación y un avance hacia una Europa climáticamente neutra en 2050.

Los fondos Next Generation serán el mecanismo para poder pensar y “actuar” hacia esa transición justa: estarán distribuidos en Mecanismos para la Recuperación y la Resiliencia (MRR) para impulsar la regeneración económica a través de la sostenibilidad y la digitalización; y en el Fondo de Transición Justa, programa de Desarrollo rural, Invest EU y ResEU, además de un nuevo programa Horizon Europa.

Sin duda, estamos en un momento de poder mirar a la próxima década como una gran oportunidad para la restauración, a todos los niveles. O como dice el ensayista, Paul Kingsnorth, para aprender a querer de nuevo, a la Naturaleza. A nuestra Pachamama. A nosotros mismos.

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