Revolución silenciosa...

Hace un año pudimos leer en un artículo de Diario Responsable, en el II Estudio de Marketing Relacional,  que el 88% de las personas exigen a las marcas que se involucren en los temas medio ambientales, pero que sólo un 21% conoce los planes de sostenibilidad de las marcas y por tanto elige con conocimiento.

En nuestro día a día, muchos de nosotros vivimos en modo supervivencia y con mucha velocidad. No encontramos tiempo para reflexionar nuestro modo de consumo, a analizar la gestión que hacen las marcas en las que compramos, nos ponemos en modo automático sin analizar si de verdad necesitamos tanto, qué carencia está calmando ese consumismo, o incluso de dónde viene lo que compramos…

Y esta situación nos lleva a que muchas veces no seamos conscientes del tremendo impacto y el efecto colateral que tiene este comportamiento en nuestro entorno.

La situación es grave, lo sabemos, pero afortunadamente también estamos a empezando a ver una revolución silenciosa que, desde mi punto de vista, nos abre un gran abanico de oportunidades para caminar en otra dirección.  En muchas conversaciones se percibe un cambio de perspectiva en el que se deja de pensar que la responsabilidad es de otros (gobiernos, empresas, el vecino…) y se comienza a transformar, poco a poco, nuestra manera de hacer las cosas, empezamos a mirarnos a nosotros y a nuestra gestión del día a día.

Y de verdad creo que la solución más importante a los grandes problemas medio ambientales a los que nos enfrentamos está en pararnos y dedicar unos segundos a reflexionar desde dónde tomamos las decisiones asumiendo nuestra responsabilidad individual.

Cada día podemos tomar miles de decisiones, en cada minuto, cada movimiento, cada cosa que hacemos implica una toma de decisión.

Y felizmente, esta revolución silenciosa va avanzando, es imparable, y, está generando el cambio que provocará el gran tsunami, el aleteo de la mariposa que hará que de repente nos resulte insoportable seguir viviendo de la manera en que lo hacemos. Vivir la vida tratando de buscar un nuevo grado de consciencia. Parar y reflexionar sobre los impulsos, sobre las decisiones que tomamos, y sobre cómo hacemos las cosas. Introducir hábitos poco a poco en nuestra vida que buscan esa paz con el entorno.

Comprar con conciencia, consumir con conciencia, ¿de verdad lo necesito? ¿o compro por impulso? ¿quizás es una manera de calmar de manera puntual una preocupación que no sé cómo resolver? Cuando consumo, ¿qué compro?, ¿qué miro y en qué me fijo cuando consumo?, ¿realmente estoy pensando en toda la cadena de personas que han hecho que ese producto llegue a mí?, ¿es normal que sea tan barato o quizás hay algo en todo el proceso que no se está gestionando de manera correcta?, y en los materiales, ¿de qué está hecho lo que consumo? ¿realmente estoy siendo responsable con el entorno consumiendo de la manera que hago?

Poco a poco vamos introduciendo preguntas, nos vamos cuestionando las cosas, salimos del modo automático y participamos de manera activa en nuestra vida. Y volvemos a mirar a nuestro entorno desde otro lugar, desde otra perspectiva. Empezamos a mirar más allá y a tomar decisiones desde otro lugar.

Hace muchos años, los grandes filósofos nos enseñaron a hacernos las preguntas correctas, preguntas que siguen siendo útiles y necesarias.

Creo que, afortunadamente, ya somos muchos los que de repente hemos mirado hacia atrás. Hemos puesto en valor la vida sencilla de nuestros antepasados, hemos salido de la noria del consumo loco, y nos empezamos a cuestionar cada decisión que tomamos. Y creo que esa es la única manera que tenemos de hacer las paces con nuestro entorno, vivir con coherencia y devolver el equilibrio entre todas las especies que habitamos el planeta, empezando por nosotros mismos.

Ha comenzado la revolución silenciosa, y es imparable.

Como dice Jorge Wasenberg, “Cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución”

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