¿Mi empresa? Sostenible, claro

¿Será que de tanto usar y escuchar la palabra sostenibilidad acabaremos por desgastarla?

Si algo tenemos claro es que la Sostenibilidad [en el sector textil] está viviendo su momento de gloria. En el último año se ha colocado en el trending topic de toda conversación sobre el futuro del sector. “Sostenible o morir”. Y nos encanta.

Estamos ante una transformación sin precedentes, pero con tanto alboroto corremos el riesgo de desaprovechar esta oportunidad como debemos: toca ponerse manos a la obra y toca hacerlo bien. Hablar de sostenibilidad en el sector textil implica mucho más que compromisos de cambio o revisión de procesos productivos. Nos enfrentamos a la [urgente] necesidad de RE-pensar-definir-construir toda la cadena de valor. Un cambio que debe poner el foco en todas las decisiones e impactos desde la fase de diseño, en los materiales que se eligen, en los [nuevos] modelos de negocio, en la trazabilidad y transparencia, en las relaciones con los proveedores y con los empleados, en las inversiones y en la gobernanza.

Esta etapa de reflexión nos empuja a RE-pensar el ecosistema textil en su conjunto apoyándonos en la definición de un modelo sostenible que integre simultáneamente los conceptos de eficiencia y circularidad. Porque hacerlo por separado nos alejaría del objetivo final que no es otro que cerrar el círculo. Y es que no podemos olvidar que la apuesta de la UE por pasar a un modelo de economía circular es contundente y nos lo está dejando claro con el desarrollo regulatorio que está poniendo en marcha. Por ahora ha conseguido poner el foco en el residuo textil, obligando a las empresas a responsabilizarse de él. Una toma de conciencia sobre la importancia de interiorizar el residuo en su estrategia. Porque integrar el residuo en el modelo de negocio es indispensable para formalizar y capitalizar el cambio hacia una economía circular. Una oportunidad para acelerar la transformación, pero también para rentabilizarla y asegurar un modelo sostenible en el tiempo.

Ha llegado el momento de poner en marcha esta transformación y para ello las empresas deben de llevar a cabo una reflexión honesta y profunda de su situación actual y de su objetivo a futuro. Una revisión en la que su ambición, compromiso, recursos y estrategia se pongan sobre la mesa para establecer un punto de partida REAL y evaluar la capacidad objetiva de cambio. SER sostenible requiere de empatía y colaboración, y en esto el sector va a tener que arrimar el hombro para encontrar un rumbo que sirva de guía para todos, trabajando de manera diferente para consensuar soluciones colectivas a problemáticas compartidas.

Dicho esto, no debemos perder el foco y olvidar que el consumidor, como en todo sistema de oferta y demanda, tiene el verdadero poder para amplificar y acelerar el cambio. Por eso es imprescindible que esta transformación incluya la Re-definición y construcción de una nueva relación marca-cliente-producto-consumo. Entendiendo que este cambio pasa por producir y consumir menos [y mejor], cada empresa va a tener que responder a la pregunta ¿cómo seguir creciendo vendiendo menos? Una nueva posibilidad de Re-formular su oferta, con productos que favorezcan un uso prolongado y recurrente acompañado de multitud de servicios. En definitiva, una oportunidad más para crear una nueva relación más allá del proceso de compra que acompañe a los consumidores a lo largo del ciclo de vida del producto. Un sinfín de ideas sobre las que poder innovar y seguir creciendo.

Por eso, es hora de creer en el cambio y favorecer una reflexión que nos permita avanzar sin dejar a nadie atrás. No dejemos que la sostenibilidad se convierta en el cajón de sastre de la moda. Porque el sector lo necesita, hagámoslo posible y hagámoslo bien.

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