La Tercera Guerra Mundial, primera de alcance global, se libra en diferentes campos de batalla contra el COVID-19. El enemigo común no está vencido y la vacuna será el santo grial que determinará quién es el vencedor de la guerra. ¿Cómo surgió este análisis?
Esta guerra la ganan los científicos

Pese a mi interés en esquivar una conversación políticamente incorrecta, un colega me preguntó qué opinaba sobre los datos del COVID-19 en “economías liberales” y en las  “socialistas”.

Soy de aquellas personas que opinan que el crecimiento exponencial del virus en Europa, contradice las cifras que conocemos de los países del Este y de otras economías de occidente que comparten su mismo modelo económico y gestión de la información o desinformación, dependiendo del ángulo que se lo mire. Mi contertulio argumentó que los modelos de extrema izquierda permitieron con rapidez tomar medidas drásticas para frenar el contagio del virus frente a la lentitud y formalismo parlamentario de las democracias. Por mi parte argumenté que no hay modelos perfectos, que son las personas las que tergiversan sus ideales aplicándolos de la forma que mejor conviene en cada momento. Con esto me refiero a que en los modelos “socialistas” también prevalecen, en la toma de decisiones, los intereses económicos. Sí, me refiero al egoísmo del que las corrientes éticas predican antagónico del bien común, un egoísmo sin color, que desdibuja por igual todos los modelos.

Continuamos con el análisis, y nos detuvimos en el caso de Rusia, por citar un ejemplo de cómo en la guerra del el siglo XXI el marketing inclina la balanza en el posicionamiento que tiene cada país en la mente de los ciudadanos globales . Y con esto me refiero a las contribuciones estratégicas de mascarillas y otros insumos médicos que realizó Rusia, pese a las deficiencias de su propia estructura, a Italia; teniendo en su favor un gran despliegue mediático a coste cero. Aquí dos claves geopolíticas, rapidez y visión estratégica con impacto global . Frente a esto, la Unión Europea tiene la gran oportunidad de actuar, cuanto antes, proporcionando el mayor bien al mayor número de ciudadanos miembros, en línea con los ideales que la originaron.

En este punto, nos preguntamos ¿dónde se libra la batalla contra el COVID-19?

Coincidimos que en primera línea, médicos y enfermeras libran una batalla diaria paciente a paciente, cada vida salvada es una victoria. El resultado es fruto de su compromiso y del esfuerzo conjunto del personal de servicio de 112, Fuerzas Armadas, Unidad Militar de Emergencia, Cuerpo Nacional de Policía y Bomberos, Guardia Civil, empresarios, emprendedores (entre otros). Mientras tanto, nosotros estamos disciplinadamente refugiados en nuestros hogares, observando con el aliento contenido la batalla que se libra en clínicas y hospitales.

En paralelo con el primer frente, en los laboratorios, los científicos que investigan la vacuna se juegan la batalla final contra el enemigo.

¿De quién será la bandera de la victoria por encontrar el santo grial?

La búsqueda de la vacuna la lideran Estados Unidos y China seguidos por Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Singapur y España, entre otros. Estos países han destinado un presupuesto específico para la investigación y desarrollo (I+D) de la vacuna canalizados a través de sus entes públicos o de fórmulas mixtas que incluyen colaboración pública y privada.

La importancia que para un país tiene la I+D se mide en función del presupuesto que destinan a esta partida y, a su vez, ésta es una de las métricas que determina su nivel de innovación, así lo recoge anualmente, por ejemplo, el Índice de Innovación de Bloomberg . La innovación entendida como un componente del PIB de las naciones es un catalizador del estado de bienestar y en esta guerra geopolítica es “el arma” que evidenciará cuál es el poder real que tiene cada país.

El COVID-19 ha reconfigurado el mundo y la forma cómo lo entendemos. En este nuevo contexto, el equipo de científicos que obtenga el santo grial, el país que lo haga primero y que sea capaz de construir redes suficientes para abastecer la demanda de la vacuna será el ganador de esta guerra y muy posiblemente quien pondrá las reglas del juego a las que nos someteremos todos en el medio-largo plazo.

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