Si tratan a las personas como animales en vez de como a seres humanos y a los animales como individuos, estarán buscando sonrisas en lugares perdidos. Hay muchas cosas en esta existencia que no comprendo, la verdad. No comprendo el orgullo, no comprendo el ego, no comprendo la soberbia, no comprendo la envidia, no comprendo la auto compasión, no comprendo las modas y no comprendo la mala educación. Pero sé que soy amor y siempre he sabido que lo era, lo cual es maravilloso y a la vez una dura cruz que cargar sobre la espalda.
Sonrisas que buscan lugares perdidos

El amor es la sonrisa de alma. Tatúenselo. No hay mayor resistencia, antídoto y fortaleza que el amor. El amor hacia uno mismo y hacia otros. Para mí, siempre ha sido sencillo y espero que para ustedes lo sea.  Que crean en ello como la piedra sobre la que edificar sus futuras vidas y que decidan si quieren tener una meta: medible, específica, tangible y aceptable.  O si, en cambio, prefieren seguir auto compadeciéndose, repitiéndote lo desdichados que son y echando en falta lo que no tienen, en vez de valorar lo que si poseen.

Creer es querer. Y querer es poder. Me explico: cuando uno AMA, lo hace sin reservas, y esto puede resultar contradictorio. Porque llega un momento en que se vacía y no puede más, se queda sin sangre en sus venas. Y ustedes dirán, ¿por qué AMAR en un mundo que enfatiza lo contrario: la envidia, la deslealtad, la infidelidad, la competitividad y la inmediatez? Sencillo. La vida es demasiado corta para no sentir, para no acariciar, para no besar, para no amar, para no soñar, para no reír, para no bailar, para no comunicar, para no dar, para no entregar. Demasiado corta. Así que es hora de empezar a acariciar, a besar, a amar, a soñar, a bailar, a reír, a comunicar y a entregar. Decidir qué clase de vida quieren depende de ustedes. VÍVANLA, tengan la valentía de hacerlo. Nadie vendrá a hacerlo por ninguno de nosotros.

Y recuerden: estamos destinados a ayudar al otro, pero solo un ruego: contemos a las personas a las que conseguimos cambiar el rumbo de sus vidas, no a las que se quedan por el camino. Así, nos convertiremos en brújulas para los demás. Cuando uno inicia una senda hacia una cima, asume que el lugar al que desea llegar está más lejos o más cerca, pero hasta que no empieza a caminar no lo sabe con certeza. Lo mismo sucede en las relaciones empresariales. Cuando uno crea una empresa, es imposible que vea, de primeras, el resultado final. Se convierte en un puzle sin resolver. No tiene todas las piezas y, las que tiene, no sabe colocarlas. Lo mismo sucede con el rumbo en la vida, te hace encontrar piezas que hay que ir juntando para, tarde o temprano, hacerlas encajar. Y si sienten que las piezas no engastan, reflexionen, piensen, mediten y prueben nuevamente hasta que encuentren la solución a ese rompecabezas.

Las empresas las forman las personas. Cualquiera como consejero delegado, presidente, director general o empleado de una compañía necesita agarrarse, sujetarse, aferrarse en aquellos que compartan un proyecto corporativo similar. En eso consiste ser líder dentro de una multinacional, compañía o pequeña empresa: esculpir seres humanos, más realistas, más honestos, más generosos, más exigentes consigo mismos, más conectados con el mundo, más auto críticos, más empáticos. El dinero no da la felicidad, pero es el resultado del trabajo bien hecho, y eso sí puede llevar a la felicidad. Estos son los pilares en los cuales renacen, reconstruyen y evolucionan las sociedades empresariales. El líder es el compás que guía a los demás, alguien que ya ha recorrido ese viaje. Alguien que recuerda sus interminables paseos cargando sobre su cabeza el peso de su vida, de su subsistencia, de su dignidad y de su integridad; perdiendo trozos de su cuerpo y de su corazón en una travesía con un destino incierto al que arribar. En definitiva, el que busca sonrisas en lugares perdidos.

Lamentablemente, las miras de los individuos son tan cortas para no ser feliz, para no querer, para no reír, para no creer o para no soñar, que tenemos un déficit de líderes en este planeta llamado Tierra. Ya no quedan seres extraordinarios que iluminen con su destello nuestro universo. Así que, si ustedes quieren ser los adalides de su propia historia, convirtiéndose en los protagonistas, sonrían. Que nada ni nadie borre la sonrisa que se dibuja en sus rostros.

 Y si la vida es injusta, da igual: respóndanle con una sonrisa.

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