Hace seis años, Bankia decidió que el impulso de la educación debía ser uno de los pilares sobre los que cimentar su acción social y hace tres, ese apoyo se plasmó en la constitución de Fundación Bankia por la Formación Dual, entidad destinada de modo exclusivo a la promoción del impulso de la FP.
Más formación para una mayor cohesión social

El futuro ya está aquí. Avanzamos hacia una nueva sociedad en la que muchos interrogantes quedan por despejarse, pero en la que muchos otros han sido ya resueltos sin que apenas nos hayamos dado cuenta.

La industria 4.0 es hoy la sociedad 4.0. Una sociedad en la que la tecnología influye en cada uno de los pasos que damos a lo largo del día, desde la preparación del café al Uber que nos acerca al centro de la ciudad. Sin que nos demos cuenta, el avance continúa. Y en breve conviviremos con aplicaciones que nos digan qué tenemos en la nevera y cuándo se aproxima su fecha de caducidad, o si esa pieza de fruta que vamos a comer cumple con los criterios nutricionales recomendados.

Y sin que nos demos cuenta la formación universitaria está echándose a un lado para dejar paso a la Formación Profesional, cuya formación está más ligada a esas nuevas necesidades del mercado.

Hace seis años, Bankia decidió que el impulso de la educación debía ser uno de los pilares sobre los que cimentar su acción social y hace tres, ese apoyo se plasmó en la constitución de Fundación Bankia por la Formación Dual, entidad destinada de modo exclusivo a la promoción del impulso de la FP.

Esa apuesta por la educación vino de la convicción de que sólo a través de más formación se puede lograr una sociedad más cohesionada y reducir las desigualdades. Y ese impulso de la FP partió de la constatación de que esa formación ayuda a la empleabilidad de los alumnos y mejora la competitividad de las empresas.

Con aquella decisión, Bankia respondía a una de las grandes brechas de nuestra sociedad, la que separa a los titulados del mercado laboral, la que separa la teoría de la práctica, o la formación académica de la necesidad laboral. En definitiva, apostábamos por acercar centros y empresas, conscientes de que la formación ha de responder hoy a una parte teórica pero también a una práctica que sólo se adquiere aplicando lo aprendido. Hoy importa más qué sabes hacer que lo que tu título dice que sabes hacer.

Ese nuevo enfoque está cada vez más extendido. El que fuera vicepresidente de Google Laszlo Bock decía en el New York Times que las notas habían dejado de ser un indicador válido; que Google había dejado ya de pedirlas a la hora de contratar; y que el porcentaje de gente fichada sin ningún tipo de formación universitaria había ido creciendo hasta representar el 14% de todo su equipo. Todavía era 2013.

Hoy probablemente ese porcentaje sea mayor por una de las razones que exponía el propio Laszlo: "tras dos años en Google, tu capacidad para desenvolverte no tiene nada que ver con la que tenías cuando estabas en la escuela (...) Cuando estás en la universidad sabes que el profesor busca una respuesta específica. Puedes averiguarla, pero es mucho más interesante resolver problemas".

La resolución de problemas requiere de técnicos capaces de afrontarlos y los técnicos provienen en su mayoría de la FP. Según CEDEFOPmás de la mitad de los nuevos trabajos que se creen hasta 2030 serán para profesionales de FP.

Hablamos de profesiones relacionadas con informática y comunicaciones, con industrias que aceleran para mejorar sus procesos, de mecatrónica, electricidad o renovables, y de profesiones que hace sólo unos años apenas podían entrar en nuestras cabezas, como piloto de drones o experto en ciberseguridad.

Los prejuicios heredados del pasado no responden a las realidades del presente, y la formación lucha por seguir el ritmo acelerado que imponen las nuevas necesidades. Es ahí donde la formación profesional se hace fuerte.

La capacidad de amoldarse al mercado es infinitamente mayor en la FP; sus tasas de empleabilidad alcanzan el 100% en algunos ciclos, y muchos estudiantes universitarios acuden a reciclarse en ciclos formativos al darse cuenta de que los 4 años universitarios no les han dado un aprendizaje práctico ni una oportunidad laboral.

El prestigio que confería tener estudios universitarios ha quedado diluido en una sociedad sobretitulada que apuesta más por el pragmatismo. Y ese pragmatismo encuentra en la FP a su mejor aliado, como prueban los datos. Según el Servicio Público de Empleo Estatalmás del 15% de los contratos firmados en 2017 fueron para titulados en FP, los que fueron para universitarios no llegaron al 10%.

Nuestra sociedad es un reloj de arena en la que la necesidad de trabajadores de grado medio sigue sin cubrirse. Más de la mitad de las empresas tienen problemas para encontrar perfiles técnicos adecuados.

En la Fundación Bankia hemos hecho nuestra apuesta por acercar centros educativos y empresas a través de un apoyo al impulso de la FP. Las oportunidades están ahí. Sólo hace falta superar los prejuicios del pasado y pensar como un profesional del siglo XXI.

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