La corrupción y la falta de ética han tenido mucho que ver con las últimas crisis económicas y empresariales. El mundo de los negocios ha sido, tradicionalmente, una esfera separada de la ética y de los valores, y, por tanto, los profesionales, también. Como afirma Adela Cortina, “no nacemos ciudadanos”, ser sujeto de ciudadanía no supone saber ejercerla, por eso hay que educar en la ciudadanía. Esto mismo ocurre con la responsabilidad y la ética en los profesionales.
La formación ética de los profesionales, decisiva para cambiar las empresas

La ausencia de ética en la economía ha provocado resultados devastadores en la sociedad. Los valores económicos en la sociedad posmoderna, han sustituido a los valores humanos. Como afirma Sandel, profesor de filosofía en Harvard, hemos pasado de una “economía de mercado” a una “sociedad de mercado” en la que todo está en venta.

Esta mercantilización de la sociedad tiene que ver con la teoría de la economía “libre de valores” que se ha predicado en las aulas de Universidades y Escuelas de Negocio de todo el mundo. “Los conocimientos impartidos en los centros universitarios de económicas y empresariales parecen tener un importante impacto negativo en la ética de sus estudiantes” (Olcese, 2019).

Tal y como expone Bernardo Kliskberg (2012), la sociedad se ha preguntado: “¿cómo actuaron tan aéticamente ejecutivos graduados en los mejores MBA?”. La errónea toma de decisiones se debe, en gran medida, a la falta de formación ética de los directores y los gerentes.

Esta formación ética de los profesionales debería ser la primera medida que se tuviera en cuenta en la gestión estratégica de los riesgos de una empresa. La formación en criterios éticos dentro de las empresas, y de los futuros profesionales, en las Universidades y Escuelas de Negocio, debería formar parte de todos los planes de estudio. Como afirma Muhammad Yunus, “En las aulas se forman las mentalidades”. Y estas mentalidades son o serán responsables de la toma de decisiones en las empresas, que, sin duda, tendrán un gran impacto en la sociedad. Por esta razón es fundamental el “enfoque” de la formación que tiene que ver con una correcta jerarquía de valores, y con una concepción antropológica.

Son muchos los autores que señalan que el problema de nuestro modelo económico es el concepto que tiene del ser humano, como un ser egoísta orientado a la satisfacción de sus propios deseos, pensando en el beneficio propio por encima del bien común. Y es que hay que dejar atrás la perspectiva del ser humano como homo oeconomicus, es decir, la visión de la economía y de los negocios separados de la ética. Y, abordar la perspectiva del ser humano como homo humanus, “la persona real” de la que habla Yunus, un ser multidimensional, moral, capaz de pensar y decidir teniendo en cuenta otros criterios más allá de sus impulsos egoístas.

Este homo oeconomicus, sería el individuo que, en la empresa, estaría preocupado de la maximización del beneficio económico de los accionistas. Resultan esperanzadores los últimos movimientos e iniciativas que parecen ir dejando obsoleto este paradigma, como ha sido, la “sonada” declaración sobre el propósito empresarial del pasado mes de agosto, “Statement on the Purpose of a Corporation”, [1] una declaración que viene a reafirmar lo que desde hace años defienden los teóricos de la responsabilidad social: el papel de las empresas en la sociedad va mucho más allá del mero beneficio económico y, sobre todo, más allá de la generación de beneficio sólo para los accionistas.

La declaración supone el reconocimiento de la función social de la empresa, de un propósito que contempla al homo humanus, superando el reduccionismo del homo oeconomicus. Esta declaración suma una iniciativa más en la construcción de un nuevo paradigma económico y empresarial, el de la empresa humanista, centrada en las personas.

El propósito no sólo de la empresa, sino de la vida humana, va mucho más allá de lo económico, tiene que ver con la construcción de un mundo más justo, más sostenible y más humano, y es importante que este sea el punto de partida de la formación y la educación:

“El propósito de la vida humana en este planeta no es la mera supervivencia, sino la vida en él con gracia, belleza y felicidad. Podemos crear una civilización que no se base en la codicia, sino en todo el repertorio de valores humanos. Pongámonos en marcha”. (Yunus, 2017)

 

[1] https://opportunity.businessroundtable.org/ourcommitment/

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