La realidad actual, dejando todos los inventos, las comodidades, simplezas y artilugios asumidos, es que tenemos una superpoblación de casi 8.000 millones de individuos, con diferencias sociales y económicas enormes, con riesgos geopolíticos crecientes, con dificultades para conseguir una  producción de alimentos suficientes, y una gran dificultad para asumir realidades acuciantes como son el cambio climático, la desaparición de especies, la contaminación de mares, ríos, espacio interestelar y ,sobre todo, desconcierto en la búsqueda de caminos adecuados, que nos den seguridad, para afianzar la nueva realidad.
Caminando hacia una nueva realidad

Hagamos una reflexión histórica. Tomemos como referencia las civilizaciones dominantes en los últimos milenios, la Grecia de los grandes pensadores, el Imperio Romano con sus aportaciones activas en política y poder como consecuencia de  la colonización de Europa y del mar Mediterráneo, pero  incluso civilizaciones anteriores, la Persa, o la época de los grandes emperadores en Egipto. De esta introducción, a grandes rasgos, podremos concluir que el ser humano ha evolucionado moderadamente en lo elemental.

La evolución moderada de la especie humana significa que sus instintos, visiones, preocupaciones, y capacidades adaptadas al momento que le ha tocado vivir son similares. Otra cosa bien distinta son los logros científicos e inventos desarrollados en esta época, como son la rueda, la imprenta, la luz, la penicilina, el cine, la digitalización con la comunicación instantánea y sus consecuencias, etc. etc.

La realidad actual, dejando todos los inventos, las comodidades, simplezas y artilugios asumidos, es que tenemos una superpoblación de casi 8.000 millones de individuos, con diferencias sociales y económicas enormes, con riesgos geopolíticos crecientes, con dificultades para conseguir una  producción de alimentos suficientes, y una gran dificultad para asumir realidades acuciantes como son el cambio climático, la desaparición de especies, la contaminación de mares, ríos, espacio interestelar y ,sobre todo, desconcierto en la búsqueda de caminos adecuados, que nos den seguridad, para afianzar la nueva realidad.

El mundo camina hacia una globalización absoluta, aunque estemos viviendo reacciones contrarias, con proteccionismos absurdos, populismos desnortados, y guerras innecesarias. Esto nos llevará, sin lugar a dudas, a una aceptación de ideas, acciones y normativas universales, aunque sin perder las costumbres y la originalidad étnica de cada individuo, apreciando criterios dominantes para conseguir el ciudadano sin raza, sin nacionalidad, sin distinción de sexo, y  todos con adicciones variopintas hedonismo, individualismo, drogadicciones, ludopatías, y culto al dinero.

Si las tendencias expuestas fueran verdaderas, por la gravedad de la situación, estaremos todos obligados a asumir nuestra responsabilidad para evitar tormentas destructivas, eso sí, diferenciando que no todos tenemos el mismo nivel de responsabilidad. La responsabilidad de la clase dominante, los gobernantes, los directivos empresariales, los magnates, los creadores de opinión, los profesores, los representantes de organizaciones civiles, religiosas, ONGS, etc. han de tener un grado ético muy superior al resto de ciudadanos para que sean referencia y ejemplo.  

En la actualidad podríamos asegurar que esta condición necesaria, anteriormente expuesta, pocas veces se cumple, y es ahí precisamente donde todos los ciudadanos debemos hacer un gran esfuerzo para corregir esta situación. Es imprescindible apartar los intereses económicos individuales e imponernos otros intereses de alto alcance como son la justicia, el esfuerzo, la reflexión, la educación, la formación, y sobre todo, el respeto de todos hacia todos, especialmente el respeto de aquellos que se consideran superiores. De esta manera conseguiríamos, en gran medida, reducir la corrupción y centrarnos en ese camino adecuado de la nueva realidad.

De esta época citada, tan amplia, de la historia podríamos tomar múltiples referencias, pero siendo, como soy, un gran admirador de Aristóteles, sería clarificador tomar las enseñanzas del Liceo, donde se entendía la filosofía bajo tres líneas básicas, Lógica (entendida como arte dialéctica), Física (conjunto de saberes de cosas naturales) y Ética (repertorio de normas de vida).  Resaltando lo que el sabio Aristóteles manifestaba: “la enfermedad propia del alma es la demencia, con dos acepciones, la locura y la ignorancia”, es precisamente la ignorancia una enfermedad ampliamente extendida en la actualidad a pesar de los inventos y medios que tenemos a nuestro alcance.

Muchos ejemplos con referencias similares podríamos añadir de este periodo citado, pero permítanme que no me extienda demasiado y resuma diciendo, que en la actualidad, lo que necesitamos es una ética personal bien definida, y así, desarrollar eficazmente el sujeto moral del tercer milenio (d.C), un sujeto moral, que exprese la verdad sin disimulo, sin reserva, y pensando siempre en los otros.

Me da la sensación que la mayoría de las personas que lean estas líneas pensaran que esto no es más que pura utopía, puede ser cierto, las ideas y su implementación siempre encuentran detractores y dificultades. Eso no significa que sea imposible, siempre dependerá de lo que hagamos el conjunto de los ciudadanos con nuestras ideas, acciones, asociaciones y, sobre todo, siendo conscientes del poder que proporcionan nuestras directrices a través del consumo y el voto.

Si este objetivo es estimulante, y creo que lo es y mucho, para cambiar nuestras actitudes y hábitos, es preciso tener claro que necesitamos admitir personalmente algo muy básico, como describo a continuación,(ser, hacer y tener), no en sentido contrario, como apreciamos en tantas ocasiones.

1.- SER.- nuestra educación, formación y pensamiento es lo primero, de forma individualizada a través de la familia, sin dejarnos manipular, pues la manipulación siempre va dirigida hacia el otro.

2.- HACER.- No podemos esperar que nos caigan las cosas de cielo, o por azar, debemos esforzarnos en la dirección adecuada, y buscar puntos en común, con personas e instituciones para conseguir peso e influencia.

3.- TENER.-  Es la recompensa del trabajo bien hecho, la recolección del esfuerzo y el conocimiento.

Sencillo, muy sencillo, pero con una gran tarea por delante. Merece la pena toda la dedicación, para conseguir generaciones futuras comprometidas con la sostenibilidad como primer objetivo, y preocupados por dejar un mundo habitable a nuestros hijos.

Decía nuestro gran escritor Miguel de Cervantes Saavedra cuando escribió el que puede ser considerado uno de los libros de referencia de la literatura mundial, D. Quijote de la Mancha, “erase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para  quien lo fuere a buscar”

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