Esto acabará peor que el final de ‘Juego de Tronos’, la famosa serie”, comenta mi taxista porteño refiriéndose a la situación política de la Argentina.
Logro criollo

No extraña su desazón, ni podría definirse mejor la situación del país: hace una semana la otrora todopoderosa Cristina Fernandez de Kirchner, presidenta de la Nación durante dos mandatos consecutivos y ahora senadora de la oposición, procesada en numerosas causas penales por malversación, corrupción y vaya usted a saber cuantos delitos más, anunció que se presentaría a las elecciones del próximo octubre como vicepresidenta en tándem con Alberto Fernandez, quien fuera su jefe de gabinete y, más tarde, su más furibundo crítico, que oficiaría como eventual presidente si ganaran los comicios y desalojaran de la Casa Rosada al actual mandatario Mauricio Macri. Lo singular, por inaudito, es que fue Cristina quien hizo el anuncio y eligió a Fernandez como candidato a la presidencia, y aguantó unos dias más tarde, sin inmutarse, la lectura de las acusaciones por las que se le procesa en una de las muchas causas que tiene pendientes. La fotografía en tribunales, sentada en el banquillo de los acusados, dio la vuelta al mundo...

Sin que se atisbe que puede pasar hasta que en las próximas semanas (una eternidad en política) deban concretarse las alianzas electorales y cerrarse las candidaturas, la verdad es que, con su anuncio, CFK ha “sunamizado” el panorama político argentino: Macri se presentará esperanzado a la reelección, los radicales siguen deliberando y los peronistas -según Borges, siempre incorregibles- han decidido ponerse en marcha y apostar por Alternativa Federal, integrando a todos los que son (Scioli, Schiaretti, el eterno Massa...) e incluso a los que no quieren serlo, como el exministro Lavagna, un verso suelto que puede acabar, eso dicen, engullido por el espejo en el que se mira. Queda tiempo y ya veremos que pasa porque, en resumen, como escribe el columnista Carlos M. Reymundo, “...el escenario político quedó patas arriba. Ella canta y los demás bailan a su alrededor”.

Después de visitar, una vez mas, Argentina, y de recorrer el pais conferenciado en diferentes universidades y foros, uno tiene la impresión de que los argentinos, que padecen lo que los sociólogos llaman “habituación negativa”, mientras llegan tiempos mejores se han acostumbrado a vivir y a conllevarse con inflación, déficits, mal funcionamiento de los servicios públicos, desempleo o empleo precario, dólar que sube/baja, y a estar pendientes del precio del maíz o la soja, soportando corrupción y desigualdad e, incluso, estando dispuestos a alegrarse con superávits comerciales y una intensa vida cultural que nunca se agota. En Buenos Aires, La Plata, Córdoba y Tucumán, y en los foros donde he podido reflexionar sobre Ética de los Negocios, ODS, la IV Revolución Industrial y el Liderazgo, he podido constatar, ver y sentir que los ciudadanos comprometidos de a pie (profesionales, universitarios, empresarios o empleados) se afanan por su tierra, se preocupan por el medio ambiente, trabajan por hacer un pais mejor y que ofrezca mas oportunidades; más justo y menos desigual, más responsable y más libre y, aunque les ocupe la discusión política, los políticos le importan mas bien poco porque, como en casi todo el mundo, desconfían de ellos y esperan tiempos mejores, que llegaran...

Mientras, se recuerda en toda la República el 25 de mayo, día feriado que conmemora la Revolución de mayo de 1810, una gesta patria que concluyó con la destitución del virrey español y la creación de la Primera Junta de Gobierno que -eterna contradicción argentina- juro fidelidad y lealtad al Rey. Para celebrarlo, portando escarapelas blancas y azules, los amigos y la familia se reúnen y almuerzan locro criollo, un contundente y rico guiso de maíz, alubias, panceta, chorizo, especias y mil cosas más que, dicen, alcanza su plenitud si se cocina con paciencia y con cariño. Que aproveche.

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