Todos somos diferentes y, lo mejor, todos tenemos la capacidad de defender y poner en valor nuestra autenticidad. ¡Menos mal!, pues es justamente eso lo que hace que nuestra existencia sea tan entretenida. ¿Cómo sería este mundo si todos fuéramos iguales? No quiero ni imaginármelo, prefiero apostar por algo tan valioso como la diversidad
“La sociedad se ha subido al tren de la inclusión y no hay quien se atreva a echar el freno”

Creo que es importante que, como sociedad, celebremos la diferencia y luchemos, cada uno, por nuestros propios sueños y por aquellas cosas que de verdad nos hacen felices. Que nos demos la oportunidad de observarnos y de observar al de al lado para comprobar lo que somos por dentro: diferentes, pero igual de válidos. 

Al final, todo espacio, ya sea una empresa o la sociedad como tal, necesita de competencias diversas que solo personas diferentes pueden aportar para, hacer de ello, un lugar más competitivo y enriquecedor. Por ello, debemos seguir demandando oportunidades y reivindicar que las personas con discapacidad también podemos optar a puestos dentro del mercado laboral, incluso de liderazgo y responsabilidad.

En muchos aspectos, la sociedad ha avanzado a pasos agigantados. También, aunque más despacio, en materia de inclusión. Hemos presenciado una evolución social en la percepción de la discapacidad gracias a la proliferación de las entidades sociales que nos dan voz y, por ende, a una mayor visibilidad.

Vivimos en una sociedad más sensibilizada y concienciada en diversidad e inclusión y, cada vez, somos más los que valoramos a las personas por sus capacidades, por muy diferentes que sean. La sociedad se ha subido al tren de la inclusión y no hay quien se atreva a echar el freno. Sin embargo, aún tenemos que coger velocidad para alcanzar la normalización que, tristemente, sigue estando muy lejos. 

Las personas con síndrome de Down, y con discapacidad intelectual en general, seguimos siendo los grandes desconocidos en muchas esferas sociales. Si hay algo perjudicial en esta sociedad son las etiquetas que nos ponemos  y que actúan como grandes lastres, escondiendo el talento real de las personas.  El resultado es que los demás no apuestan por acercarse a nosotros, por conocernos de verdad, a veces sencillamente por puro desconocimiento. Justamente, conocimiento es lo que más necesitamos para romper con los estereotipos que nos siguen persiguiendo y colocando piedras en nuestro camino; un camino lleno de barreras que romper: sobreprotección, discriminación laboral, bullying y un sinfín de prejuicios. 

Mi camino no fue fácil, sobre todo porque parece que las personas con discapacidad intelectual tenemos que “estar demostrando” todo el tiempo, algo que a una persona sin discapacidad no se le exige… y eso agota a cualquiera. En mi caso, hace ya dos décadas llegué a convertirme en el primer diplomado europeo con síndrome de Down, pero por el camino muchas fueron las barreras que tuve que derribar. 

Habitualmente mi trabajo es derribar estas barreras en las empresas pero hoy, gracias a la Fundación Adecco, he impulsado una guía ilustrada donde quiero acompañar también a las personas con discapacidad intelectual, a cada una de las trescientas mil que buscan empleo en España. Sin olvidar que el empleo no es un fin en sí mismo, sino el medio para llegar a la plena inclusión.  

El objetivo de esta guía es ser la linterna que ilumine a las personas con discapacidad en su búsqueda de empleo y promover nuestra presencia en las empresas. Una presencia muy necesaria si queremos alcanzar una sociedad inclusiva, a la altura de las circunstancias y sostenible en el tiempo. La presencia de la discapacidad intelectual en el ámbito profesional es prácticamente invisible y creo firmemente que son mucha las competencias que tenemos que aportar. Si logramos una empresa inclusiva, haremos del mundo laboral un lugar más rico que transformará a la sociedad y al país entero. 

Si algo me define es ser una persona optimista y creo, sin duda, que vamos por el buen camino. Avanzamos hacia una inclusión con garantías, en la que la discapacidad se percibirá como un valor humano que enriquece, en lugar de representar un obstáculo.

¿Estaré aquí para ver el final del camino? Ojalá. Mientras, seguiré luchando por que concurran esos cambios sociales, ideológicos y morales que darán paso a la sociedad inclusiva en mayúsculas, a esa que respeta la diferencia y se enorgullece de ella.

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