Además de generar desasosiego social y entorpecer la implantación de avances tecnológicos, hace que personas con intereses comunes respecto a un tema concreto (en este caso, asegurar el puesto de trabajo) se unen para hacer fuerza sin tener en cuenta en ningún momento a otros grupos sociales que tienen en principio los mismos derechos que ellos
La ética postergada

Los taxistas están exaltados por la competencia creciente que les hacen los VTC, y están protagonizando numerosas manifestaciones en las grandes ciudades, que es precisamente donde resulta más evidente esa competencia.

Independientemente del grado de civismo de algunos protagonistas (ya se sabe que en todos los colectivos hay algunos energúmenos, aunque no debería ser eso algo normal), es de resaltar que estos profesionales se desgañitan exigiendo desterrar los VTC del mismo modo en que periódicamente nos rebelamos ante cada avance social que pone en peligro los puestos de trabajo existentes hasta el momento. Tenemos numerosos ejemplos, uno de ellos muy brillante ofrecido por Marc Vidal: Sobre taxis y coches de caballos.

En esta época de desarrollo tecnológico acelerado aparecen frecuentemente avances diversos que nos provocan temor. José Luis Cordeiro sostiene que en 2030 la inteligencia artificial superará a la humana, por ejemplo, y todos estos avances tienen algo en común: el cambio es cada vez más rápido, hasta el punto de que tememos seriamente ser capaces de amoldarnos a las nuevas realidades.

Como dice Hans Rosling, pensar de manera crítica siempre es difícil, pero es casi imposible cuando tenemos miedo; cuando nuestras mentes están ocupadas por el miedo no hay espacio para los hechos.

Las autoridades no ayudan precisamente a que los ciudadanos miremos el futuro con optimismo; antes bien, se preocupan casi en exclusiva de lo inmediato en un contexto macroeconómico que se rige por el corto plazo y su influencia en los resultados electorales, sin dedicar apenas una mirada distraída a ese futuro que se avecina y necesita que todos nos preparemos. Dos ejemplos:

  1. El empleo solo crece en el sector público en el cuarto trimestre. En el sector privado hay una leve caída, según la valoración de datos EPA del IV trimestre 2018 realizada por Randstad. Algo estamos haciendo mal (a pesar de los datos positivos en general): tenemos aproximadamente 3 personas en edad laboral por cada persona de 65 años o más, y las incluidas en el primer grupo ocupan por lo general puestos de trabajo poco profesionalizados / poco remunerados / poco estables. Con esos inconvenientes, ¿cómo van a poder mantener al gran colectivo de personas incluidas en el segundo grupo? Y las perspectivas no son tranquilizadoras, de 9 millones de personas mayores de 65 años ahora pasaremos a 12 millones en 2033. ¿A qué ritmo tendríamos que crear nuevos puestos de trabajo? ¿Qué perfil tendrían que tener esos puestos para asegurar que la población pueda mantener un nivel de vida decente?
  2. España aceptó el compromiso con la UE de llegar en 2020 al 2% del PIB en I+D, pero estamos en el 1,23% y muy difícilmente podremos alcanzar la cifra aceptada. Si no incrementamos los esfuerzos en este campo cada vez estaremos más descolgados de nuestro entorno y más a merced de las imposiciones que nos hagan los mercados más avanzados.

De modo que tenemos una ecuación de

empleo precario + pocas posibilidades a corto/medio plazo de que las instituciones públicas mejoren la situación = grupos exaltados exigiendo sus derechos

Y aún nos falta otro componente en la ecuación: una ética postergada que nos empuja a luchar por nuestros intereses personales a cualquier precio. Es decir, personas con intereses comunes respecto a un tema concreto (en este caso, asegurar el puesto de trabajo) se unen para hacer fuerza sin tener en cuenta en ningún momento a otros grupos sociales que tienen en principio los mismos derechos que ellos. Hace tiempo que se ha olvidado la célebre frase de Sartre mi libertad termina donde empieza la de los demás.

Parece que hemos enterrado la idea de que la sociedad es lo que son las personas que la componen: personas comprometidas hacen una sociedad comprometida, personas egoístas hacen una sociedad egoísta. No podemos esperar que mamá Administración nos solvente la vida sin poner por nuestra parte todos los esfuerzos a nuestro alcance.

La naturaleza lo tiene claro: las abejas, hormigas y otros animales sociales trabajan en pro del bienestar común, y de esta forma todo el grupo está seguro y a salvo. Incluso en momentos difíciles las pérdidas que sufren son mínimas y en ningún caso ponen en peligro la vida de la colectividad.

Los animales humanos nos movemos en un entorno más cambiante debido a los avances tecnológicos, pero tenemos, además, la suerte de poder contar con recursos más sofisticados, como la ética. Las personas éticas tienen bien dibujado - y actualizan cuando es menester - el marco de referencia en el que pueden moverse para satisfacer sus necesidades sin perjudicar las del vecino, de forma que la agrupación de personas con valores genera una nueva realidad social más amable con la población en general. Y todo ello favorece que disminuya el grado de temor que tenemos ante lo desconocido, porque nos sentimos arropados y en el buen camino para hacer bien las cosas.

La empresas, como parte del sistema social, también se aplican esta fórmula: las empresas éticas generan productos y servicios éticos respetando a las personas, la naturaleza y el entorno en general. Obviamente, las empresas están formadas por personas, organizadas generalmente alrededor de unas pocas que tienen roles de liderazgo. De forma que una empresa con un buen marco ético y que se cuida de que sus líderes muestren comportamientos éticos está contribuyendo a construir una sociedad más ética y, por ende, más acogedora para todos.

Así que cada uno de nosotros podemos hacer algo concreto para mejorar la situación desde dos enfoques simultáneos: por un lado, esforzándonos en actualizar nuestro marco ético personal; por otro, favoreciendo con nuestro dinero (nuestras compras) el éxito de empresas éticas que también mejoran la situación de los ciudadanos promoviendo más y mejor empleo.

Personas éticas + empresas éticas = sociedad ética

¿Nos ponemos manos a la obra? Parece ser que, al menos de momento, es una excelente fórmula para afrontar los avances tecnológicos sin tantos traumas personales y sociales.

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