¿Qué tienen en cuenta las empresas a la hora de tomar decisiones? ¿Qué criterios tienen más peso? ¿Realmente se plantean las consecuencias y el impacto de sus decisiones sobre sus Grupos de Interés, sobre sus empleados y la Comunidad en la que están establecidos? Conocer los criterios que mueven a una empresa a tomar decisiones importantes es realmente el mejor termómetro para medir la temperatura de su Responsabilidad.
¿En qué piensan las empresas?

Conocer los criterios que mueven a una empresa a tomar decisiones importantes es realmente el mejor termómetro para medir la temperatura de su Responsabilidad.

Como norma general, la deslocalizacion empresarial busca abaratar costes, ya sea mediante el acceso a mano de obra más barata o situarse en otros lugares donde las materias primas sean menos costosas. Lo que está claro es que para tomar la decisión de la deslocalización no priman los criterios sociales, medioambientales y mucho menos éticos. En este caso, los motivos puramente económicos son los que inclinan la balanza porque buscan generar valor para los accionistas, el resto de Grupos de interés no importan para nada. 

Podemos escandalizarnos y rasgarnos las vestiduras los que nos dedicamos a esto de la RSC, pero la realidad, es que la gran mayoría del mundo empresarial sigue dando la razón al Sr. Milton Friedman y actuando conforme a sus máximas; la mayor responsabilidad de una empresa es incrementar sus beneficios. Y esto puede seguir siendo así. Una empresa no tiene que dejar de ganar, puede aumentar sus beneficios siendo responsable y teniendo en cuenta a las personas, a la sociedad y al planeta. Esta es la verdadera revolución que promueve la RSC, que existe otra forma de hacer las cosas.

362 personas en León están ahora mismo pendientes de la decisión de la multinacional danesa Vestas de deslocalizar su producción y abandonar la localidad leonesa de Villadango del Páramo. Esto producirá un impacto sobre el empleo directo e indirecto de unas 2000 familias que no cuentan con muchas más alternativas de empleabilidad en su entorno.

El caso de Vestas, al igual que otros muchos, demuestra que a la hora de tomar una decisión empresarial de estas características sigue pesando mucho más el impacto en la cuenta de resultados que el impacto sobre las personas, y sobre la Comunidad.

Vemos que tampoco importa mucho la ética y el compromiso adquirido con los empleados y con el entorno. Vestas se va después de haber cobrado 12´5 millones de Euros en subvenciones públicas.

En Castilla y León recientemente se dieron los casos de empresas como Lauki y Dulciora que también se fueron en busca de la tierra prometida . En España desde el año 2001 son miles los empleos que se han destruido por el fenómeno de la huída de empresas para “abaratar costes”. Casos como el de Fontaneda en 2002, Samsung, Philips y Hasbro en 2004, y un suma y sigue desde entonces. Por supuesto, este hecho no se reduce a España sino que a nivel global el fenómeno de la deslocalización tiene como consecuencia no sólo la destrucción de empleo, sino también grandes daños medioambientales porque muchas de las empresas se mudan a países que cuentan con políticas medioambientales más laxas y hacen la vista gorda respecto al tratamiento de ciertas sustancias, o a la seguridad de las personas que las manipulan.

Otro de los grandes riesgos es el de la vulnerabilidad de los Derechos Humanos y los derechos de los trabajadores que se producen en muchos de los países a lo que se traslada la producción. Una de las consecuencias de querer abaratar costes es conseguir mano de obra barata, y esto muchas veces se traduce en la cosificación de las personas, que se convierten en meros instrumentos para  sacar adelante la producción, no se tienen en cuenta sus derechos ni su dignidad.

Queda mucho por hacer para consolidar una verdadera Responsabilidad Social Empresarial. Si las decisiones de una empresa se rigen por criterios que sólo buscan aumentar el beneficio, seguimos en el punto de partida. Las empresas no deben servirse sólo a sí mismas.

Una empresa responsable y ética lo es también cuando no sopla el viento a favor, a pesar de que sea eólica. Para ser coherente, hay que regirse por unos principios y valores que busquen algo más que el aumento del beneficio económico, o al menos, no a cualquier precio.

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