También podríamos formular esta pregunta de otra manera: ¿Quién sostiene un mundo sostenible? Y no hablaré ahora de un Ser Todopoderoso capaz de regirlo todo -aunque también me sienta tentada a hacerlo-, sino de una reflexión acerca de cuáles deben ser los verdaderos pilares necesarios para hacer posible la sostenibilidad.
¿Qué sostiene un mundo sostenible?

Cuando hablamos de pilares de la sostenibilidad en el ámbito empresarial siempre nos viene a la mente la triple cuenta de resultados: económica, social y medioambiental. Sin embargo, más que tres pilares, se trata de tres ámbitos, tres dimensiones o aspectos cruciales que debemos tener en cuenta a fin de comprender mejor el concepto de sostenibilidad. Pero la comprensión de lo que abarca el término no nos da respuesta a la pregunta… ¿Qué sostiene, verdaderamente, la sostenibilidad?

Con el permiso de aquellos filósofos más sesudos que recurren a sistemas de pensamiento muy complejos para explicar la realidad, y también de determinados perfiles de líderes empresariales que no tienen tiempo ni energías para ir mucho más allá del cumplimiento de objetivos a corto plazo (y eso sí… todo bien acotado a lo que concierne a sus responsabilidades), me permito compartir algunas ideas sobre el tema.

Primero me atrevo a ofrecer una respuesta trivial para luego proponer otra, un poco más disparatada, pero que puede resultar interesante para abrir nuevas vías de solución, por aquello que decía Albert Einstein de que “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”.

Una respuesta rápida y categórica podría ser: Los recursos sostienen la sostenibilidad. Una cuenta simple que sume los recursos que generamos (+), los recursos que conservamos (=) y los que tratamos de destruir a la menor velocidad posible (-) … debería resultar, matemáticamente, en un mundo sostenible. Por tanto, toda la reflexión consiste en equilibrar esta ecuación para asegurar la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus necesidades.

¿Será esta la respuesta? Me parece que no. Creo que el problema es más profundo y que la respuesta no se limita a un maravilloso y ‘bien informado’ cálculo matemático. Entre otros motivos, porque lamentablemente se nos dan francamente mal las predicciones futuras de todo tipo: recursos, necesidades, población, capacidad del medioambiente de equilibrar sus propios sistemas, capacidad del ser humano de cambiar su comportamiento, desarrollo tecnológico, etc.

Con ello no quiero decir que el empeño por generar, conservar y no destruir recursos sea inútil. ¡En absoluto! Sino que la respuesta va un poco más allá. Creo que la respuesta va en la línea del porqué de las cosas y de su bondad (una pregunta ética) que pretende entender qué es lo que influye verdaderamente en la realidad, qué produce los cambios, qué motiva a las personas a tomar decisiones acertadas, si es que somos capaces de hacer algo todavía por la sostenibilidad.

Os invito a pensar en cuestiones sencillas sobre cosas que valen la pena en la vida: ¿Qué es lo que hace sostenible una relación de pareja?, ¿qué hace sostenible una amistad?, ¿un plan de trabajo conjunto?, ¿un compromiso?, ¿una mirada?, ¿un esfuerzo?, ¿una idea?... ¿Hay algo en común, presente en todas las respuestas? Si lo detectas… ¡A por ello!

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