En la región de América Latina y el Caribe existen diferentes desafíos que precisan de la consecución de la Agenda 2030, de manera colaborativa y con la búsqueda de cambios permanentes que garanticen la sostenibilidad del desarrollo. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) forman parte, cada vez en mayor medida, de la comunicación de gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil. Pero, en el marco de este “momentum” de atención, ¿qué tanto se están integrando en las políticas y planes nacionales de las distintas administraciones públicas? ¿en las estrategias empresariales y los modelos de negocio? ¿en las iniciativas y alianzas de las organizaciones?
En América Latina y el Caribe, el escenario muestra una serie de desafíos para los que es clave la consecución de la Agenda 2030 y, por tanto, el esfuerzo de todos. Bajo el epígrafe de “tensiones”, fueron abordados en el Primer Foro monográfico de la CEPAL al respecto, celebrado a finales de abril en Ciudad de México y que, con carácter anual, se irá sucediendo en el futuro (ver cuadro). La desigualdad es el factor clave en la región, multivariable, y la solución pasa por la integración de políticas país a nivel regional, así como de las estrategias sectoriales.
Desafíos regionales para los que es clave la Agenda 2030:
Fuente: Adaptado de las comunicaciones oficiales de la CEPAL en el Marco del primer Foro de los Países de América Latina y el caribe sobre Desarrollo Sostenible.
En un entorno de debate político, creo importante señalar la necesidad de que los gobiernos y otras administraciones públicas se acerquen a las empresas, para el establecimiento de un diálogo que ya tienen más experimentado con las organizaciones de la sociedad civil. De las prioridades 2030 destacadas por la CEPAL, las compañías son especialmente relevantes para la resolución del “rezago tecnológico” y el desarrollo de economías ambientalmente amigables, a través de la innovación. Del mismo modo, es clave su rol en la generación de empleo e inclusión, con foco en que la región compita a nivel internacional dejando atrás la sobreexplotación de los recursos naturales y la dinámica de salarios bajos y perfiles poco cualificados.
De las conclusiones del primer Foro quiero hacer énfasis en la necesidad de la colaboración intersectorial, a nivel de las instituciones de Naciones Unidas, entre quienes se encargan de las diferentes temáticas: medio ambiente, mujer, infancia, desarrollo rural. etc. Ello es extrapolable también a las empresas, habituadas a la colaboración gremial por sectores, existiendo una enorme oportunidad de integrar acciones conjuntas que aborden diferentes variables, por ejemplo educación e infraestructura, con cada empresa centrada en su línea de actividad.
Asimismo, del mismo modo que se pide a los gobiernos integrar los ODS en los planes nacionales de desarrollo, es importante hacer un llamado a que las empresas hagan los propio con sus estrategias corporativas y modelos de negocio, más allá de sus estrategias de sostenibilidad, lo que no obstante puede ser el primer paso. La contribución de las empresas a la Agenda 2030 debe centrarse en el diseño e implementación de soluciones económicamente sostenibles, basadas en la provisión de productos y servicios, generadas mediante el ejercicio de la innovación considerando la contribución social, económica y ambiental.
Invito a que nos hagamos la siguiente reflexión: luego de un año y medio de puesta en marcha de esta hoja de ruta común, ¿dónde se encuentran las empresas? Ha sido un período centrado en la difusión del contenido de la Agenda 2030, en la creación de conocimiento y sensibilización al interior de las compañías y llega el momento de la acción. Los ODS no son un punto de partida, las empresas vienen contribuyendo a las temáticas incluidas. Pero en este punto, es importante evitar la ingeniería para atinarle a los 17 Objetivos, para tener algo que contar respecto de cada uno. Es importante que las empresas se centren en aquellos vinculados a sus actividades, a su sector, a manera de que se complementen los esfuerzos y se enfatice el valor agregado que puede aportar cada compañía. Del mismo modo que desde Naciones Unidas se llama a los gobiernos, empresas y ODS a hacer lo que mejor sabe cada uno, en el caso de las empresas la innovación (ver figura), cada compañía debe hacer lo propio, es decir, enfocarse en su diferencial.
Luego de estos desafíos señalados, si algo ha quedado especialmente patente estos días, es que los ODS suponen un lenguaje común que contribuye al entendimiento y motivan la colaboración para un futuro común y compartido, también desde la vertiente de América Latina y el Caribe.