Columna por Soledad Teixidó, Presidenta Ejecutiva de PROhumana
El cansancio y desgano del desorden

Pareciera que… La verdad que no, es un hecho que nuestro país se desordenó, se desorganizó, nos fuimos llenando de rostros rabiosos, tristes, depresivos y titulares que, estoy segura, incrementan la venta de remedios que mejoran el ánimo.

Además, nos acompañan noticias internacionales que muestran dolor, odio, intolerancia, desastres naturales, crisis políticas, empresariales y sociales.

No me cabe duda, que cualquier médico en su sano juicio, nos diría: “Les sugiero alejarse de estos espacios tan cargados de negatividad y con tan pocas esperanzas”. Pero a dónde nos vamos una gran mayoría para tomar distancia. ¿A la Luna o nos encerramos en una cueva? Muy pocos pueden escoger estas opciones.

No sé si ustedes pero al menos a mí me tiene preocupada, este desorden nacional que nos inquieta y, por cierto, que a muchos desesperanza.

Los titulares de los medios de comunicación nacional se inician con frases tales como: Si no se hace nada será muy difícil tener crecimiento este año. Crece preocupación por la economía. Se requiere un pacto social (este titular que es propuesta de un antiguo Senador de la República, al menos a mí, me hace pensar en qué mundo vive este caballero, de nuevo con esta misma idea). Otro titular proclama: Ministro fija desafío, exclamando: Potenciar a los microemprendedores (esto parece el cuento del tío o disco rayado); y esta lista de titulares puede ocupar varias hojas en el mismo tono.

El gobierno promete que hará cualquier gesto para que se haga justicia en referencia a los últimos delitos políticos y empresariales, y que la transparencia será un tema fundamental, pero hace unos días se propone llevar adelante una ley antifiltraciones.

Inconcebible, cuando lo que se busca es terminar con el abuso de poder de diferentes sectores que han mermado nuestra democracia, la confianza pública y la calidad de vida de todos nosotros por sus delitos, y que se han escondido en el control de la información y acceso a ella. Es decir, este gobierno quiere regular y vigilar la transparencia en el sentido de atentar a su práctica, a través de quienes deben ser independientes de cualquier gobierno de turno: nuestros fiscales que se deben al bien común de la sociedad. No me cabe duda que en un país con el nivel de poderes de presión que aquí existe, no es posible construir justicia sin esas “filtraciones” que permiten ir generando un relato plural de los hechos y no de los que tienen el control.

Esto último, que ocurrió hace unos días, no me parece justo, para ninguno de los que han tratado de construir país, mejorar las condiciones de vida de otros chilenos, fortalecer los derechos constitucionales de cada uno, y sobre todo denunciar al que ha cometido delitos en nuestro país por años y de manera reiterativa.

Tengo la impresión que en alguna medida quienes generan la noticia, es decir los que opinan, los que faltan a la ley, o quienes se han mantenido eternamente en sus puestos de poder, acompañados de quienes reportean, escriben y comunican porque tienen el derecho a la palabra, disfrutan describiendo este caos nacional, el que nos hacen irnos sumiendo en un laberinto de desesperanza sin salida.

Me cuestiono constantemente: Por qué las palabras han sido tomadas por unos pocos, que por cierto son esos líderes que hoy tienen al país en un caos político, ético y empresarial, acompañados de unos medios de comunicación que estuvieron dormidos y que se debieron a los intereses de una minoría por largos años. Es un gusto por la opacidad, por la no transparencia, por el control de la información inimaginable, son algunas de las razones de ese desorden actual.

Este desorden atonta, confunde, intimida y por qué no decirlo, también es una estrategia más vieja que el hilo negro que genera desunión, desconfianza y cansancio de vivir.

Las palabras o nuestro lenguaje crean realidad, y esto lo han dicho ya teóricos por décadas. Entonces no logro entender racionalmente por qué el modo de escribir la noticia, de comunicarnos, de dialogar, no cambia en este país. Por qué seguimos aceptando que Senadores, Diputados y políticos que llevan décadas en el poder, y han sido parte de la generación de este caos, sigan construyendo nuestro relato actual.

Me pregunto también, ¿los chilenos queremos más líderes o periodistas conspiradores, que quieren pasar a la historia por descubrir a ese personaje que hizo algo supuestamente incorrecto pero no investigan ni relacionan el sin número de cabos que constituyen lo que se denuncia? Me pregunto reiterativamente por qué aceptamos esto día a día. Ejemplos de lo que digo: el análisis que se ha hecho a la ley del royalty y todos sus distintos momentos, nadie habla del dinero que se ha acumulado y que no ha sido casi en nada utilizado para su objetivo original. O la discusión y delitos vinculados al litio y SQM, nadie investigó sobre la participación en la comisión nacional del Litio de Cristián Quinzio el cual estuvo investigado por su participación en actividades que se vinculan con SQM y donaciones políticas, y que participó en el desarrollo de los estatutos de la empresa del señor Martelli, que fue utilizada para el manejo de donaciones políticas a la nueva mayoría.

Me pregunto por qué los posibles futuros candidatos a presidentes son los mismos nombres de siempre. No puedo creer que no existan más posibilidades que Lagos, Allende, ME-O, Piñera, Ossandón, entre otros. No puede ser que este país sea tan precario políticamente, me niego a aceptar esto.

La sensación que tengo es que este país se quedó instalado en la comodidad del desorden y el caos. En que la calidad profesional es la del mínimo esfuerzo. Pero sobre todo en el miedo, ese temor a perder lo ganado, que es una muestra de un egocentrismo casi infantil, es decir primero yo y a continuación yo, el entorno casi no existe.

A veces reflexiono que tal vez esto nos pasa, porque la mediocridad de nuestros líderes es quizá también la nuestra. Recuerdo hace unos años que un periodista al que admiro profundamente en un seminario de PROhumana, proclamó, “en Chile tenemos los medios que nos merecemos”.

No será que todo esto que vivimos hoy en gran medida es culpa nuestra, es decir de los ciudadanos, que no hemos sido aún más enfáticos en exigir cambios radicales en nuestro país. Tal vez este desorden y algunos aspectos que he descrito anteriormente es lo que obtenemos producto de nuestra propia pereza, desconfianza, egoísmo e incultura socio-política.

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