Existen muchas teorías sobre lo que una empresa debe hacer para ser transparente, pero en la práctica y dentro de lo normativo , la visión y experiencia que estas empresas, medios de comunicación y las organizaciones pro-transparencia tienen sobre el verdadero ejercicio de la transparencia compone un tema más complejo, así lo desvela un estudio que da las claves para entender estos 3 panoramas cruciales.
Transparencia corporativa: modo de empleo

La transparencia está hoy en día muy presente en el debate público. En el ámbito corporativo, las grandes empresas españolas tienen entre sus principales retos el de incorporar una auténtica cultura de la transparencia en sus procesos y en su relación con sus públicos. Un reto que puede transformarse en una oportunidad si se aborda con convicción, convirtiendo una exigencia en un antídoto contra la indiferenciación y en un potente generador de credibilidad.  Esta es una de las conclusiones que se desprenden del avance de resultados del Informe sobre la Transparencia Corporativa en España, realizado por la Fundación Alternativas en colaboración con la consultora de Comunicación, Reputación y Asuntos Públicos Kreab.

Para la realización del estudio se han llevado a cabo 25 entrevistas a tres actores clave en este proceso de aprender a ser transparentes: las empresas, los periodistas que trasladan a la sociedad información sobre ellas y las organizaciones de la sociedad civil que abogan por una transparencia cada vez más fuerte.

Las compañías entrevistadas coinciden en que más allá de la credibilidad que genera, un comportamiento transparente produce, además de la minimización de riesgos, otros impactos positivos entre los distintos grupos de interés que pueden aportar beneficios significativos. Eso sí, estas consecuencias podrán apreciarse a medio y largo plazo, cuando la tendencia se haya convertido en un hábito y se haya integrado en la cultura corporativa, nunca antes.

Otras de las conclusiones del informe tienen que ver con la manera en la que las empresas españolas perciben la transparencia: no la ven como una moda pasajera, sino como un nuevo paradigma que ha llegado para quedarse y una derivada práctica del sentido ético de las organizaciones y su compromiso con el entorno. Se trata de “proporcionar información veraz, relevante, comprensible, útil y accesible”. En otras palabras, las compañías no pueden limitarse a saturar con datos, sino que el verdadero ejercicio de transparencia está en facilitar la información que cada público espera y necesita, de forma accesible y ordenada. En ese mismo sentido, se considera que las memorias e informes corporativos no son el instrumento ideal para lograr este objetivo, sino que se deben adaptar las herramientas a los distintos públicos, y se deben primar, en la medida de lo posible, los canales de comunicación directa.  

Una de las principales barreras a las que se enfrenta la transparencia para abrirse paso en nuestro país es la falta de una cultura empresarial y de una sociedad civil más exigente. Quizá uno de los puntos débiles del concepto de transparencia que prima entre los empresarios españoles, comparado con la gestión adelantada de otros países y la literatura académica sobre la materia, es que todavía la conciben como un ejercicio hacia afuera, obviando a los públicos internos, como pueden ser los empleados. De acuerdo a las conclusiones del informe, los interlocutores más importantes con los que se debe ser transparente son, hoy por hoy, “clientes, inversores y sociedad general”. 

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