Cuando el riesgo impropio puede desincentivar la actividad empresarial

La actividad empresarial es una iniciativa de capital de riesgo cuya conducción se ejerce con un alto contenido de conveniencia en la toma de decisiones. Relaciones de costo beneficio, son el pan nuestro de cada día en el mundo de las empresas.

En tal sentido, ¿hasta dónde deben llegar las responsabilidades de una empresa contratante?

Esta es una discusión que lleva mucho tiempo y aún no encuentra una definición legitimada. Una respuesta idealista nos llevaría a pensar que una empresa contratante debe asumir la responsabilidad de sus impactos sin importar dónde se estos se produzcan.

Ahora bien, la realidad es que los negocios no pueden absorber cualquier costo que se les quiera cargar y toda actividad empresaria requiere que el alcance de sus responsabilidades, y por ende de sus contingencias, sea limitada.

No es casual que en la mayoría de países existan figuras jurídicas para la constitución de sociedades comerciales que explícitamente se definen como “Sociedades de Responsabilidad Limitada”. Dicha limitación opera en base a su capital social y a la naturaleza de los contratos que suscribe con terceros.

Recientes casos de violaciones graves de derechos y de deterioro del ambiente provocadas por iniciativas empresariales, y bajo la tendencia del enfoque precautorio, están generando fuertes presiones de distintos públicos y de la sociedad, para que las empresas ejerzan “la carga dinámica de la prueba”, bajo la cual todo daño o perjuicio no debe ser necesariamente probado por el supuesto damnificado sino por la parte que acredite mayores recursos para aportarla.

Con esto, en la práctica se genera la necesidad de que las empresas comiencen a diseñar estrategias para asegurar sus riesgos en forma adecuada pero también muchas empresas están optando por desactivar iniciativas si o cuando estas implican un riesgo cuya gestión les resulta sumamente costoso o cuando no pueden garantizar un resultado satisfactorio de dicha gestión.

En síntesis, si una iniciativa es riesgosa, tal vez lo mejor sea no hacerla.

Definir el alcance de las responsabilidades de la actividad empresaria resulta esencial no sólo para hacer las previsiones necesarias como condición para buenos negocios sino también para no desincentivar iniciativas voluntarias con las que las empresas están desarrollando capital social. 

Por Fernando Esteban Passarelli

Consultor Profesional. Docente Universitario. Coordinador de Valor, RSE + Competitividad

fpassarelli@amia.org.ar

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