diarioresponsable.com El año 2025 Latinoamérica y los países del Sur generarán el 55% del PIB mundial, según las últimas proyecciones del Banco Mundial. Hoy las regiones sureñas ya concentran el 40% de la producción mundial. Este giro histórico implica cambios que ya se han dado, y otros que están siendo postergados. Para analizar el reto se reunieron esta semana en Lima -  convocados por el Banco Mundial- renombrados economistas provenientes de países sudamericanos que han sido elogiados por su desempeño en la última década: Uruguay, Chile y Perú. 

Significativamente el mismo día que estos expertos hacían un ejercicio teórico sobre la economía pujante de sus países, la capital peruana amanecía con dos noticias conflictivas. La primera: una invasión de cientos de “okupas” a una zona arqueológica del Ministerio de Cultura; y la otra una protesta de trabajadores mineros que iniciaban una huelga por mejores condiciones salariales frente al Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. Más que casualidades: causalidades.

Los contrastes y las inequidades sociales han sido una seña constante de los países sudamericanos desde hace centurias; y sigue siendo el principal lastre del desarrollo económico y social, aunque ciertos analistas se empeñen en mirar a otro lado, o se enreden en cifras macro económicas. La incontestable realidad se impone frente a visiones parciales o interesadas. Pero incluso en el terreno de los números se evidencia esta situación: usando el coeficiente de Gini, o el Índice de Desarrollo Humano (IDH), Latinoamérica queda mal parada, desnivelada.  

A principios de este año la FAO informó que todavía 37 millones de latinoamericanos y caribeños pasan hambre. Por supuesto que esta cifra tiene sus matices y sus grandes diferencias de un país y otro; pero es un reto ineludible que los gobiernos y los líderes empresariales deben asumir, porque antes o después terminará erosionando el equilibrio social. Las grandes capitales latinoamericanas están mejorando su infraestructura y modernizando sus servicios; pero conviven aun con peligrosos niveles de delincuencia e inseguridad. Las zonas rurales siguen postergadas, y en algunas de ellas el narcotráfico se ha enraizado e infiltrado órganos políticos. 

Un tema crucial analizado por los expertos del evento en Lima fue el tipo de industria y comercio de la región, que también ha sido abordado anteriormente por Stiglitz o Krugman: la exportación primaria de materias primas. Este referente del crecimiento además de volver vulnerable al país, tiene escaso efecto dinamizador en los negocios intermedios y el reparto de la riqueza.  “Las prioridades de las políticas económicas en la región han evolucionado respondiendo a los cambios globales. Estos cambios han exacerbado ciertas dificultades de larga data en la región, como su dependencia de las materias primas minerales y agrícolas” concluye el informe del Banco Mundial (América Latina y el ascenso del Sur), presentado esta semana como base para la reflexión.

José Pablo Arellano, economista y ex ministro de Educación de Chile que participó en el mencionado evento, informó que Chile está tratando de atraer atención en otros sectores diferentes a la minería y de reinvertir más porcentaje de su PIB. “China invierte cerca al 50% de su PIB, en América Latina el porcentaje es menos de la mitad” reflexionó. Por su parte Mario Bergara, presidente del Banco Central de Uruguay, informó que su país actualmente tiene pleno empleo y casi nula indigencia gracias a medidas planificadas. “Ante malas políticas las cosas no funcionan, tengamos o no recursos naturales”. Al mismo tiempo reconoció que los países que más se han desarrollado son los que tienen menores índices de informalidad y pobreza. Su apuesta a futuro para su país: “capital humano, capital humano, capital humano”. 

Es indudable que América Latina ha progresado económicamente en la última década. Los signos exteriores de riqueza son evidentes, especialmente en las grandes ciudades donde las brechas de pobreza se han reducido; pero estos logros no han sido suficientes, ni han ido de la mano con el nivel alcanzado por sus élites. La región no ha logrado aún la gratuidad ni la calidad necesaria en dos temas centrales para las mayorías: salud y educación. La redistribución de los ingresos sigue siendo el talón de Aquiles y el abono para la inseguridad ciudadana y la corrupción política. Finalmente: compatibilizar los objetivos de la clase empresarial y la ciudadanía sigue siendo una  tarea pendiente y absolutamente impostergable.

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