diarioresponsable.com | El evento del mes en Lima es la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático: COP20. Lo primero que llama la atención en las actividades públicas organizadas por el gobierno peruano y la ONU es la escasez de asistentes. En algún pabellón hay más voluntarios y hombres de seguridad que visitantes. En cualquier caso, el entusiasmo de algunos voluntarios es loable. Uno de ellos -estudiante de ingeniería ambiental- expresa su desilusión por no tener acceso a los salones donde se discuten los acuerdos, porque se realiza a puertas cerradas en “El Pentagonito” (Cuartel General del Ejército). Pero aclara el joven que igualmente le entusiasma participar en el congreso. 

En un punto del recorrido hay una feria donde nativos selváticos awajún y asháninka venden ornamentos. Viki, una joven awajún que ofrece telas coloridas, me confiesa que no ha vendido mucho; pero espera que conforme pasen los días valga la pena su presencia; que ella en realidad vive en Lima y no en las comunidades de sus ancestros. Me entrega su tarjeta donde figura su email y su web. En otro pabellón, con stands comerciales, encuentro una cafetería con precios muy caros. La vendedora explica que el alquiler del espacio es alto, y su jefe ha dicho que deben recuperar la inversión. Por suerte, al lado hay otro stand donde invitan deliciosas meriendas veganas. 

Finalmente atiendo unas charlas que tratan sobre desarrollo rural y energía renovable. Los ponentes son variados y aportan visiones diferentes; lo que agradezco porque evita el discurso monocorde. Un representante peruano del Ministerio de Energía y Minas explica las políticas gubernamentales sobre los asuntos del día. Su ponencia se centra exclusivamente en la electricidad. Se expresa con sentencias: “Llevamos electricidad porque es llevar el desarrollo”. También repite varias veces que los “proyectos tienen que ser rentables para ser financiados”. Imagino a J. P. Morgan diciendo cosas parecidas a inicios del siglo XX. 

En la mesa redonda participan ONG y entidades académicas. Destacan los pequeños proyectos que usan energía solar. Por ejemplo: plantas lecheras que pasteurizan con paneles solares en Arequipa; café orgánico que se tuesta con hornos solares en Cusco. También resulta interesante la ponencia del ingeniero Miguel Hadzich, profesor de la Universidad Católica (PUCP), que muestra los proyectos que impulsa con sus estudiantes. Es sincero y pragmático: “A veces vemos hornos solares muy bonitos que quedan muy bien en la foto, pero que duran un mes”. Le preocupa que existan proyectos basados en energías renovables de probada efectividad, pero sin el suficiente apoyo para consolidarse. 

No tengo una posición maniquea sobre la COP20. Coincido con algunas periodistas y políticos que afirman que la COP20 resulta algo contradictoria en la actual coyuntura peruana (cuando el gobierno está rebajando las leyes de protección medioambiental). Pero, al mismo tiempo, considero que cualquier esfuerzo para concienciar sobre la gravedad de los problemas ambientales y la implicación de los ciudadanos: sirve. Creo además que hay varios frentes para abordar el tema medioambiental: técnico, legal, político, económico, ético y social. Concentrarse en uno solo de ellos sería como cargar toda la responsabilidad de los problemas únicamente a algunas organizaciones y gobiernos, descuidando el gran impacto que tenemos todos -con nuestros usos, costumbres y consumos- en las soluciones.

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