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Tras dos días intensos de debate y reflexión con compañeros y compañeras apasionados por la RSE y una visita relámpago al Parlamento Europeo para conocer las tendencias europeistas en la materia me parece urgente y necesario replantearnos cuestiones determinantes para el futuro de la sostenibilidad de nuestro país y de Europa en su conjunto.

La Comisión Europea ha sido el norte de la cultura de la responsabilidad social en nuestro País. Llegábamos tarde, y aunque organizaciones como la Fundación ETNOR o la rama española de la European Business Ethics (EBEN) llevaban trabajando en la implantación de una cultura ética en las empresas y organizaciones españolas algunos años, el Libro Verde de la Responsabilidad Social de la Comisión Europea en 2001 supuso el arranque de una cultura que 14 años después está al menos a la altura del resto de países europeos.

Hemos vivido una década de impulso europeo, que ha servido de referente a muchas compañías para involucrarse en la gestión responsable. Las posteriores comunicaciones publicadas tras el Libro Verde, la exigencia de transparencia de la última directiva, el Pacto Mundial de Naciones Unidas, movilizaron a las empresas españolas, sobre todo a las grandes, a interesarse en mayor o menor medida por estas cuestiones.

Sin embargo, nos encontramos con una situación hoy bastante distinta. La visita a Bruselas no viene si no más que a confirmar las sospechas que los últimos movimientos, o mejor dicho, los no movimientos desde las administraciones europeas y española intuíamos: la RSE no es una prioridad de las agendas públicas europeas.

Ya lo destacaba Ramón Jáuregui, uno de los mayores impulsores de la RSE en España y anfitrión de nuestra visita a Bruselas, hace algunas semanas en un artículo para Diario Responsable, “no está en la agenda”, decía Jáuregui.

El momento de la sociedad civil

Europa fue el impulso, pero la máquina está en marcha, y son las personas, los profesionales de la RSE que con tanta pasión y vocación llevan años trabajando, los que en el futuro tendrán que movilizar a sus líderes empresariales y a la sociedad civil a mantenerla en marcha, incluso, porque no, a acelerarla.

Es el momento de la sociedad civil, y las empresas, los empresarios, también son sociedad civil.Pero la sociedad civil tiene siempre un problema de base: la dificultad de organizarse. Son asociaciones como ÉTNOR, como DIRSE, como Forética, iniciativas como el RSEncuentro, las que tienen la posibilidad de ostentar ese liderazgo compartido, de hacer ese “Lobby responsable” que con tanta urgencia se nos pide desde Bruselas.

La RSE está adormecida, pero los profesionales de la RSE más despiertos que nunca. Santiago Álvarez de Mon dijo en el I Encuentro de socios DIRSE que el DIRSE “tiene ante todo que personarse”. Es nuestro momento ¿seremos capaces de personarnos como se nos espera?

@carmenmarti_

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