diarioresponsable.com Según se desprende de los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) hecha pública hace unos días, el gasto real de los hogares españoles ha caído entre 2010 y 2013 un 10,4%.

Según la interpretación realizada por Angel Laborda en El Pais el 22 de junio, “en la variación real acumulada de los doce grandes grupos de gasto entre 2007 y 2013.

Tres de ellos (comunicaciones, enseñanza y vivienda) registran tasas positivas y el resto negativas, destacando las caídas del 39% en transporte (aquí se incluyen los automóviles), del 35% en mobiliario y del 32% en hoteles, cafés y restaurantes. La alimentación disminuye un 10%, algo menos que el total, un 16.6%”

El empobrecimiento de los hogares españoles sigue a ritmo creciente y parece que no se benefician de los pequeños resultados positivos a nivel macroeconómico.

En este marco, y de cara a un futuro hay algunos temas que conviene resaltar para salir de esta crisis de forma diferente a como entramos en ella y de paso, consumir de una forma más racional y responsable, pero esa no es una responsabilidad en primera instancia del consumidor, ¿de quién es la responsabilidad primaria? Vamos a hablar de la Obsolescencia Programada y de la Obsolescencia Percibida ¿Qué se entiende por esos conceptos? Se denomina Obsolescencia Programada a la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio , de modo tal que tras un periodo de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible. Obsolescencia Percibida tiene mucho que ver con productos que son percibidos como no útiles en cortos periodos de tiempo por los ciudadanos, debido a los adelantos que se producen en los campos tecnológicos.

Es responsabilidad conjunta del sector empresarial, de las administraciones públicas y de los consumidores avanzar en un nuevo modelo económico. En este marco el Consejo Económico y Social Europeo (CESE) ha realizado en Madrid una jornada el día 25 de junio de la que se ha derivado la Declaración de Madrid, voy a transcribir tres de los puntos contemplados en la misma:

-El modelo económico dominante producción-consumo suele ser demasiado defectuoso. En período de crisis, se contenta demasiado con regular las repercusiones negativas en lugar de promover un desarrollo europeo competitivo al servicio del bienestar económico y social.

-La lucha contra la obsolescencia programada, por el equilibrio que confiere a los aspectos económicos, sociales y medioambientales, al colocar al empresario como prestador de servicios y situar la sostenibilidad en el centro de su acción, debe ser uno de los elementos ejemplares de una Europa innovadora.

-La Unión Europea debe situarse a la vanguardia de la innovación hacia nuevos modelos que faciliten una transición económica competitiva sobre bases sostenibles. Puede hacerlo inscribiendo el consumo sostenible como un derecho de los consumidores en su legislación. Por otra parte, al desarrollar los usos del producto, en lugar de sus propiedades y aumentar su período de vida, se ahorran muchos desechos (residuos). Una acción dinámica, innovadora y a la altura de nuevos retos debe animar a la Unión Europea a volver a poner la economía al servicio de una confianza recuperada de los empresarios y de los consumidores europeos.

Se abre por tanto el debate, sin obsolescencia programada y/o percibida los consumidores podríamos ahorrar un dinero necesario para compensar, quizás, esa caída en alimentación y en otros sectores de nuestra demanda familiar de productos y servicios, se consumiría de una forma más racional, se eliminarían residuos que ya no puede soportar nuestro planeta y se volvería a recuperar la confianza en las empresas europeas. Es un desafío interesante el que el CESE (Consejo Económico y Social Europeo) traslada a la sociedad europea con su Dictamen de iniciativa. El consenso producido en la elaboración del mismo entre los representantes del sector empresarial, del sector sindical y del sector de la sociedad civil, hace que miremos con optimismo el que algo similar, pudiera acontecer en España, no es fácil, pero espero que sea posible, avanzando en la búsqueda de consensos, todos tenemos mucho que ganar.

María Rodríguez

Socióloga – Experta en Consumo Responsable y RSE

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